Moneda
El uso de emplear como moneda de cambio un cierto peso de metal, se remonta en el sistema primitivo del trueque, hacia el III milenio a.C.. Hacia 1.500 a.C., el talento de oro, del que se habla en la Ilíada, equivalía al valor de un buey. La palabra "moneda" viene del latín moneta, "la que avisa", referida a Juno, cuyos gansos avisaron del ataque de los galos a Roma, al lado de cuyo templo en el Capitolio se encontraba la primera ceca romana. Según Heródoto, la primera moneda, acuñada en Lidia, fue de electron y se acuñó en el primer tercio del siglo VIII a.C.. Siguieron las ciudades griegas de Asia Menor y después Egina, Corinto y Atenas, entre los siglos VII-VI a.C.. El patrón monetario varía en la antigüedad según las ciudades. En origen, los patrones monetarios fueron definidos por los patrones ponderales: además, los nombres de las unidades monetarias, la dracma, por ejemplo, son nombres de peso. Las unidades de base no eran las mismas en todas partes: en Egina era el estáter, en Atenas la dracma. Los primeros patrones monetarios fueron el patrón lido-milesio con un estátero de electrón de 14,2 gr y el patrón foceo con un estátero de 16,4 gr. El patrón eginético es el patrón más antiguo en la Grecia misma: su estátero de plata es de 12 gr; fue adoptado por Atenas, Corinto y Sicilia. Estos dos patrones son los más importantes: se ha podido hablar de una guerra de patrones en el siglo V a.C., y cuando Atenas prohibió a las ciudades de su liga acuñar moneda y les ordenó servirse de su monedaje, sólo obtuvo resultados mediocres. Pero las monedas áticas no por ello dejaban de ser muy apreciadas y cuando Alejandro creó en 331 a.C. una especie de moneda de imperio, adoptó el patrón eubicoático. Sus sucesores le imitaron, en general. Ptolomeo, sin embargo, adoptó a partir del 305 el patrón fenicio y acuñó tetradracmas de 13,5 gr. Desde 190, los reyes de Pérgamo dejaron de acuñar tetradracmas de patrón ático para emitir cistóforos de 12,65 gramos: Eumenes II adoptó así un patrón original (aunque el cistóforo tenga un peso cercano al de la tridracma ática) que corresponde a la instauración de una economía monetaria cerrada. Las monedas de mayor valor emitidas en Grecia fueron las decadracmas, pero raras fueron las ciudades que las emitieron: la mayor pieza corriente es la tetradracma. La dracma se divide en 6 óbolos de plata: las piezas más pequeña son de bronce (calcos). Por encima de esos valores los griegos usaban unidades de cuenta que no correspondían jamás a piezas efectivamente acuñadas; esas unidades de cuenta, tomadas de los sistemas ponderales, son la mina ática, que valía 100 dracmas, la mina eginética valía 35 estáteres y el talento, que valía 60 minas, es decir, 6.000 dracmas. Más que el electrum lidio, es la plata lo que sirvió para la acuñación de las monedas en las ciudades griegas. El oro es de un empleo mucho menos frecuente, salvo en el Imperio persa, y su acuñación corresponde de ordinario a circunstancias excepcionales ("acuñación de apuro"). De todas maneras, en el siglo IV, algunas ciudades (Cirene, Lampsaco, Panticapea) y Filipo de Macedonia tuvieron acuñaciones regulares de oro. El bronce no sirvió más que para las monedas divisionarias de poco valor y tenía una circulación esencialmente local. La plata, al contrario, era utilizada también para transacciones exteriores, y ciertas acuñaciones (Egina en la época arcaica, Atenas en la época clásica) han servido verdaderamente de medios de cambio internacionales. Los sistemas monetarios, muy variados, reposaban sobre el peso de las principales monedas de plata. La moneda romana más antigua fue el bronce en lingotes (aes rude), después vino el bronce marcado (aes signatum), pieza que pesaba, en teoría, una libra romana, pero en la práctica su peso fue disminuyendo. La moneda más corriente era el sestercio, pieza de plata equivalente a dos ases y medio. Pero la moneda conoció numerosas variaciones de valor. En tiempo de César, el sestercio, por ejemplo, equivale a cuatro ases de la época. El dinero, pieza de plata, valía diez ases, es decir, cuatro sestercios. Las primeras monedas fueron acuñadas el año 269 a.C. Las piezas romanas, acuñadas en la Ciudadela, cerca del templo de Juno Moneta o Avisadora tenían al comienzo la efigie de divinidades; después los magistrados monetarios tomaron la costumbre de variar las efigies, según sus preferencias o sus devociones particulares. En Egipto, el sistema de truque coexistió con el patrón monetario desde el Imperio Antiguo. Aunque no había una auténtica moneda, el sistema monetario egipcio contaba ya con piezas metálicas, de oro, plata o cobre. Éstas recibían diferentes nombres y tenían distinto valor, según la cantidad de metal del que estaban hechas. Durante el Imperio Antiguo, al equivalencia se establecía a partir de lingotes o por medio de una "moneda" de cómputo, llamada "shat", de 7,5 gramos de oro, que tuvo poca aceptación a nivel popular. Se evaluaba el valor de un producto en shats y luego se pagaba en oro o, más frecuentemente, en otros productos cuyo valor en shats se conocía. La situación cambió a partir de la Dinastía XVIII, cuando se difundió el uso del "deben", 91 gramos de metal, dividido en diez "kedet" y en dos shaty. La coexistencia de las dos formas de intercambio ("moneda" y trueque) se mantuvo equilibrada hasta el Período Persa, cuando el rey Darío I hizo acuñar monedas de oro. En el Período Ptolemaico, la generalización del uso de la moneda provocó una crisis en el antiguo sistema de intercambio y una alteración de precios, que perjudicó a los productos agrarios. Las primeras monedas se acuñaron en una sola de las caras y más tarde por las dos. Las primeras marcas, en hueco, reciben el nombre de "incusas", a lo que siguió la acuñación en relieve. La porción de metal, de un peso determinado, pero de una forma poco regular, era acuñada en caliente, a mano, entre dos cuños grabados en hueco. Uno de los cuños estaba fijado en un yunque, el otro era la parte inferior de un punzón móvil que tenía en la mano el obrero que golpeaba en la otra extremidad del punzón con un martillo. Los cuños podían ser de hierro o de bronce. El cuño inferior correspondía a lo que se llama el derecho (o el anverso) de la pieza, el cuño superior al reverso. En la práctica se los reconoce en que los bordes de la pieza forman con frecuencia un ligero resalte en torno del motivo del reverso, la moneda habiendo desbordado un poco en torno al cuño móvil, lo que no es posible en torno del cuño fijo, mantenido por el yunque. Los cuños se desgastaban muy pronto. El cuño móvil, dos o tres veces más rápidamente que el cuño fijo. Batir moneda es un privilegio de las ciudades autónomas, de donde la multitud de emisiones a través del mundo helénico y la extrema variedad de tipos, tomados sea de las tradiciones religiosas, sea de los productos del territorio, sea incluso de juegos de palabras etimológicos o del emblema de las ciudades; la rosa, de Rodas; el celerio o selinon, de Selinunte; la manzana o melon, de Milo; la tortuga de Egina; la abeja de Éfeso; los de Delfos representaban un delfín; los atenienses el ave de Atenea, un mochuelo, símbolo de la vigilancia aun durante la noche; los beocios un Baco con un racimo de uvas y una gran capa, para indicar la fertilidad de su terreno; los macedonios un escudo, símbolo de la fuerza y valor de su milicia; los rodios el disco del sol, a quien habían dedicado su inmortal coloso. Entre los romanos el tipo de un as era la cabeza de Jano, y la proa de una nave en el reverso; reverso que se ve igualmente en todas las partes del as. El medio as o semisis estaba marcado con una cabeza de Júpiter coronada de laurel, y a Baco la letra S. El tercio o triens traía una cabeza de mujer que ya se toma por Roma, ya por Minerva. Al lado se veían cuatro grandes o globulillos, que indicaban las cuatro onzas. El cuarto o cuadrans, tenía por cuño la cabeza de Hércules, cubierta de una piel de león, y al lado los tres puntos o globulillos, que denotaban las tres onzas. El sextans o demi-triens, presentaba la cabeza de Mercurio con su gorro alado y los dos puntos, para indicar dos onzas. En las medallas romanas, se ve representada la moneda por tres figuras, cada una de las cuales tenia un hornillo al pie, relativo al oro, plata y cobre que se empleaban para fabricarlas. En lugar de los hornillos, se veían a veces tres montones de moneda. Dichas figuras traen, por lo regular, una balanza en una mano y un cuerno de la abundancia en la otra. Muchas de estas monedas son de una alta calidad artística. Ver, Moneta.

