Bakenjonsu I

(ca.1.310-1.225 a.C.). Sumo sacerdote de Amón, en el reinado de Ramsés II. Fue nombrado a los 60 años de edad y se mantuvo en el cargo durante 26 años. En el año 39, después del retiro o de la muerte del brillante Paser (año 38), Ramsés procedió a su nominación. Excepcional funcionario sacerdotal cuya carrera se desarrolló enteramente al servicio del templo. Hijo del Segundo Profeta, Roma, pasó su primera infancia, de uno a cuatro años, a su lado. Luego, durante doce años, después de haber seguido la escuela del templo de Mut en Karnak, fue destinado al puesto de jefe de la caballeriza de entrenamiento de Seti I. Después, de los diecisiete a los veinte años, se convirtió en simple sacerdote-uab (puro). A partir de los veintiún años hasta los treinta y dos, es decir, durante once años, se le llamó Padre Divino. Entonces recibió el cargo de Tercer Profeta durante quince años, entre los treinta y tres y los cuarenta ocho. A continuación, hasta los cincuenta y nueve, fue durante once Segundo Profeta. Y era justo que ocupara el lugar de Primer Profeta de Amón durante sus veintiséis años de sacerdocio, entre los sesenta y los ochenta y seis. Contemporáneo del faraón, sin duda un poco más joven que él en apenas unos años, llevó probablemente a su morada de eternidad aquel al que manifestó una fidelidad sin falla. Alentado por Ramsés y deseoso de consagrar cada día más su tiempo a las obras piadosas, Bakenjonsu reservó toda su actividad a su sacerdocio, y al enriquecimiento arquitectónico del Templo de los Templos: en su época Karnak fue embellecido muchas veces. Supo rodearse de arquitectos y artesanos muy eficaces, como el nieto del general Urhiya y el jefe de los gendarmes, Hatiay que, entre otros, erigió los grandes mástiles de oriflamas en el templo de Amón, y finalmente Najtdyehuty, superintendente de los carpinteros y jefe de los orfebres. Este último será famoso por haber chapado con hojas de oro y de electro varias puertas en los santuarios y, al parecer, hasta veintiséis barcas sagradas portátiles. Bakenjonsu dejó una gran inscripción, en una bella estatua cubo esculpida en piedra dura, en la que irradia una imagen juvenil a la vez que de seguridad en sí mismo, donde se describe el curso de su carrera, desde sus comienzos relativamente modestos hasta llegar a obtener uno de los cargos más venerables del país. Enfatiza que fue amable con sus subordinados y enumera los proyectos que llevó a cabo con ellos para mayor gloria del rey al que servían. Su reputación pervivió mucho tiempo y las puertas del templo que construyó siguieron identificándose con él tras su muerte. Con anterioridad a su muerte, Ramsés nombró Sumo sacerdote en su lugar a su hijo Roma-Roy. Bakenkhonsu I fue enterrado en Dra Abu el-Naga. De su tumba se conserva el sarcófago de granito, atesorado en Liverpool. Nos han llegado dos estatuas suyas, una en el Museo de Munich, con una inscripción notable en su pilar dorsal, en la que se relatan las etapas de su carrera, y otra en el Museo de El Cairo. El obelisco de la Plaza de la Concordia de Paris, es obra suya.
 
Volver