Prisciliano
(Priscillianus) (¿-385). Heresiarca español del siglo IV. Nacido en una familia noble de Hispania y educado según convenía a su posición y riqueza, Prisciliano, aún seglar, comenzó a predicar (ca.375) una doctrina mística y ascética difícil de definir a pesar de que en el siglo pasado se encontraron algunos manuscritos escritos por priscilianistas; según parece, Prisciliano abogaba por el extremo ascetismo y por una suerte de creencia panteísta que, junto con el secreto iniciático de las doctrinas y el empleo de evangelios apócrifos, sugieren un rebrote gnóstico. La predicación de Prisciliano en Hispania provocó tensiones y conflictos, porque los obispos se dividieron entre los que le apoyaban y los que le consideraban hereje. En el 380, el concilio provincial reunido en Zaragoza terminó sin la condena que pretendían los oponentes de Prisciliano. Algo después, sus amigos le consagraron obispo de Ávila, mientras la intervención del emperador Graciano motivó que Prisciliano y sus partidarios fueran depuestos de sus cargos episcopales y desterrados a Aquitania. Mientras que el Papa Dámaso no quiso intervenir en favor de los desterrados, éstos consiguieron que un alto funcionario de Graciano permiso para regresar a sus diócesis, lo que agravó la situación eclesiástica en Galia e Hispania. Muerto Graciano (383), su asesino y sucesor, Magno Máximo, convocó un concilio en Burdeos (384) que resolviese el conflicto y que acabó con la condena de las doctrinas de Prisciliano y la declaración de herejes de éste y sus principales seguidores. La apelación al emperador agravó la suerte de los condenados, porque se les acusó también de prácticas mágicas. A pesar de la intervención de san Martín de Tours, fue condenado a muerte, siendo decapitado (Tréveris, 385) con varios de sus seguidores, siendo otros muchos desterrados. La condena de unos clérigos por un tribunal civil resultó escandalosa y bastantes de los oponentes de Prisciliano fueron depuestos de sus sedes por presión popular, mientras que el priscilianismo se convirtió en un movimiento con importantes connotaciones de rebeldía social en Hispania. Prisciliano es recordado por ser el primer cristiano condenado a muerte por hereje. En el 400, un concilio en Toledo acató algunas proposiciones moderadas de Prisciliano, pero hasta dos siglos después, los priscilianos más estrictos tuvieron mucha fuerza en Galicia. Ver, Priscilianismo.

