Amazonas
Pueblo compuesto de mujeres guerreras, cuya existencia supone fabulosa Estrabón, Arriano, y otros. Descendían de Ares y de Harmonía y rendían culto a Ártemis. Cuentan los antiguos que, después de la muerte de Nino, fundador del imperio de Asiria y vencedor de los escitas, su mujer y sus hijos Ilino y Escolopitas, ambos de la sangre real escita, excluidos de la sucesión al trono, se retiraron con sus partidarios a la Sarmacia asiática, a la otra parte del Cáucaso, donde formaron una colonia y desde donde hacían varias correrías a los países vecinos del Ponto Euxino. Fatigados sus moradores de semejantes hostilidades, se reunieron y exterminaron a todos sus varones. Deseando vengar las mujeres los asesinatos cometidos contra sus maridos y proveer a su seguridad personal, establecieron una nueva forma de gobierno, eligieron una reina, formando un matriarcado guerrero, y excluyeron para siempre el matrimonio. Adaptando este principio, condenaron a muerte a todos aquellos que por casualidad se habían salvado. Sin embargo, para perpetuar esta nueva sociedad, iban todos los años a las fronteras a fin de contratar con sus vecinos uniones pasajeras; y aún para esto era preciso que cada una hubiese matado antes a tres enemigos. Las hijas que resultaban de estas alianzas eran educadas con esmero, pero los hijos varones eran condenados a muerte según Justino, o castrados siguiendo a Diodoro, o enviados a sus padres, según dice Quinto Curcio. Cuando las niñas llegaban a la edad de ocho años, sus madres les quemaban o hacían desaparecer por medio de una fuerte presión el pecho o teta derecha, de donde deriva el nombre amazona, a fin de que pudiesen manejar el arco con más destreza. Se cree que la Ártemis de Éfeso estaba toda llena de pechos, por lo que las amazonas la consagraban cuando se los cortaban, quemaban o comprimían. Sus vestidos consistían en pieles de los animales salvajes que mataban en la caza. Sujetaban la piel en la espalda izquierda y cayendo sobre la rodilla dejaba descubierta toda la parte derecha del cuerpo. Cuando salían a la guerra, la reina y las demás que mandaban llevaban un corselete formado de pequeñas escamas de hierro sujetado con un ceñidor y su cabeza estaba defendida con un capacete adornado de plumas. El resto de sus armas consistía en arcos, flechas, jabalinas y una hacha, arma inventada, según se dice, por Pentesilea, una de sus reinas. Su escudo tenía la forma de una media luna de cerca de pie y medio de ancho. En las medallas su busto va también acompañado comúnmente de una pequeña hacha de armas y de un escudo llamado pelta. Sus dos reinas más reputadas fueron Hipólita y Pentesilea. Emprendieron las amazonas varias conquistas, sometieron Crimea y Circasia, hicieron tributarias suyas Iberia, Cólquida y Albania y conservaron su poder por muchos siglos. Diversas leyendas cuentan los combates sostenidos por los héroes griegos contra estas extranjeras: por Belerofonte, cumpliendo una orden de Yóbates; por Heracles, que recibió de Euristeo la misión de ir a las márgenes del Termodonte, en Capadocia, a apoderarse del cinturón de Hipólita, reina de las Amazonas (Ver, Heracles). Hipólita habría consentido en dar su cinturón a Heracles; pero Hera, celosa del héroe, provocó una sedición entre las Amazonas, y Heracles tuvo que matar a Hipólita y retirarse luchando. A Heracles en esta expedición lo acompañaba Teseo. Éste se apoderó de una amazona, llamada Antíope. Para vengar el rapto, las amazonas se dirigieron contra Atenas, y la batalla se trabó en la misma ciudad. Las invasoras acamparon en la colina que, posteriormente, recibió el nombre de Areópago (colina de Ares). Fueron vencidas por los atenienses, acaudillados por Teseo. Durante el gobierno de Pentesilea, las amazonas lucharon en la guerra de Troya al lado de los troyanos. Pentesilea murió a manos de Aquiles, quien se enamoró de ella cuando agonizaba. Están algo discordes los autores antiguos sobre la situación del país que habitaban. Unos lo colocan en Capadocia y sobre las orillas del Termodonte, otros en las regiones vecinas al Ponto y otros sobre las costas del Ponto Euxino o del mar Negro. Estrabón las sitúa en Albania al pie de los montes Ceraunios, una de las cordilleras del Caúcaso y en las cercanías del país de los escitas llamados gargarianos. Todos los años, en la primavera, dice el mismo Estrabón, se juntaban las amazonas y los gargarianos sobre las montañas para hacer varios sacrificios que duraban muchos días, en los cuales las amazonas se unían con sus vecinos a fin de conseguir hijos. Quinto Curcio fija su morada en las fronteras de Hircania; también se las supone en África. Estas últimas eran unas mujeres guerreras obligadas a guardar virginidad hasta cierta época en que les era permitido casarse para perpetuar la especie. Desempeñaban todas las funciones del estado, mientras los hombres quedaban encargados de los cuidados domésticos. Habitaban, según cuentan algunos historiadores, una isla llamada Hesperia, situada al oeste del lago Tritón, y se hicieron célebres por los combates contra las gorgonas, otro pueblo guerrero del mismo sexo. Son representadas las amazonas con el seno algo abultado, y con poca diferencia como las cabezas ideales de las gorgonas y de las semidiosas. Los artistas antiguos las representaban de grave continente y algunas veces con una cierta expresión de dolor. La diosa a quien adoraban principalmente las Amazonas era, naturalmente, Ártemis, cuya leyenda tantos puntos comunes ofrece con el género de vida asignado a aquéllas, guerreras y cazadoras. Por eso se les atribuye a veces la fundación de Éfeso y la construcción del gran templo de Ártemis (Ver, Mirina). Ver, Andróctonas, Antianiras.

