Miasma
Mancha de carácter físico y moral que era preciso eliminar para entrar en contacto con los dioses, según la concepción religiosa griega. Esta condición de impureza se adquiría mediante el contacto con los dominios de la muerte y el nacimiento, a través de las relaciones sexuales y sobre todo tras el derramamiento de sangre, lo que obligaba a quienes se hallaban relacionados con dichos ámbitos a realizar las consiguientes purificaciones rituales. La mancha contraída por un individuo o su familia podía contaminar a la ciudad entera, por lo que las ciudades reglamentaban mediante leyes las purificaciones que debían realizarse en estos casos. Los rituales de purificación más frecuentes eran la aspersión de agua lustral, los baños de mar, el chorreo de la sangre de un lechón o la combustión de incienso y azufre. A finales del siglo V a.C. se produjo una creciente moralización del concepto de purificación ritual que culminó en Platón.

