Poletas

El término significa literalmente "vendedores". Oficiales atenienses encargados de gestionar la venta o alquiler de las propiedades y bienes del Estado así como de las adjudicaciones de la explotación de las minas o la recaudación de impuestos. Realizaban su función mediante subasta pública. Aparecen atestiguados desde la época de Solón. Eran designados por sorteo y cada tribu que disponía de un poleta. Este colegio de diez magistrados estaban al cargo de todas las adjudicaciones de la ciudad. Dirigía así la salida a venta de las subastas de los bienes confiscados por la ciudad, el alquiler de las tierras públicas a los pujadores, el arriendo de las tasas aduaneras, sobre todo la pentékostè, tasa del 2 % sobre los productos importados o exportados de Atenas. Los poletas estaban encargados además de incluir en las subastas el alquiler de las concesiones mineras del Laurión, aunque era la Boulé la que finalmente validaba la venta por votación. Además, debían, en el siglo IV a.C., grabar en piedra los contratos de arrendamiento mineros concedidos, en estelas de mármol, a continuación de la adjudicación. Sobre estas estelas de mármol, ubicadas a la vista de todos en el ágora de Atenas, los poletas inscribían el nombre de la mina, inspirado en una divinidad o en un mero personaje, el demo donde se ubicaba, los límites de la concesión, eventualmente su categoría administrativa, finalmente el nombre del arrendatario y la suma pagada por este último, por ejemplo: "La mina anasaximon Eudoteion, en Laurión, con un hito (horos), en una localización cuyos límites son: al norte la tierra pedregosa de Calias, al este el camino de Hypotragôn a Laurión y el Semaquion [¿mina o santuario?], al oeste el taller de Aspetos. Concesionario: Cleónimo, hijo de Filocares de Afidnas, 150 dracmas". En Epidamno, la función del poleta era otra, según explica Plutarco "Los epidamnios, vecinos de los ilirios, se dieron cuenta que los ciudadanos que se asociaban con los poletai se corrompían. Como temían una revolución, elegían cada año a uno de sus ciudadanos más reputados para las transacciones y contratas comerciales. Este visitaba a los bárbaros y ofrecía una oportunidad de mercado a todos los ciudadanos. Por eso se le llamaba el "poleta".
 
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