Osiris
(egipcio, Asar o Usir). Una de las grandes divinidades de los egipcios y la más generalmente honrada. En la mitología egipcia, posiblemente el origen de Osiris habría que buscarlo en una divinidad más antigua del área de Busiris, llamada Andyeti. Según algunos autores, Andyeti tendría un origen sirio y habría sido introducido en Egipto, y más concretamente en el Delta a través de gentes de aquel país establecidas en tierras egipcias. Otros piensan que podría tratarse de un rey divinizado, al que más tarde se funde Osiris. De cualquier modo, en los comienzos fue un dios de la vegetación, jefe del mundo ctónico, y soberano del Más Allá. Desde el Imperio Antiguo, se funde con Ra en los textos funerarios, siendo la cuarta forma del dios solar, aunque conservando no obstante su propia individualidad, en un complejo juego mitológico, ya que Osiris y Ra son dos deidades completamente distintas en muchos aspectos. Esta fusión queda bastante clara en el capítulo 17 del Libro de los Muertos, donde al igual que en Heracleópolis Magna, Osiris es el sol difunto y se le denomina "Osiris Naref". Por otro lado esta sincretización entre los dos dioses más importantes del panteón también se recoge en la famosa Estela de Abidos del rey Ramsés IV. Osiris es el dios de la Duat (del Mundo Subterráneo) y aparece en el panteón egipcio desde muy antiguo. Sin embargo su iconografía queda establecida definitivamente en la Dinastía V (reinado de Isesi) cuando los reyes, al morir pasan a formar parte de la divinidad. Las creencias funerarias del Imperio Antiguo, con todas sus gracias y prerrogativas, se circunscribían tan solo al monarca. Tras el Primer Período Intermedio, estas creencias se "democratizan" y el pueblo al monr, siempre que pueda cumplir los ritos precisos, también se convertirá en un dios, en un Osiris y alcanzará la inmortalidad en la Duat. Osiris junto a su esposa Isis, protagoniza una leyenda esencialmente humana recogida en los Textos de las Pirámides. Más tarde, esta tradición será recopilada por Plutarco en su libro "De Iside et Osiride". Es poseedora de numerosas variantes locales. El mito de Osiris refleja el fenómeno natural el nacimiento, desarrollo y muerte de las plantas. Las tierras quedaban cubiertas por la inundación del Nilo y sobrevenía el "caos" en Egipto. De este modo, se entendía que Seth, dios caótico del desierto, había desestabilizado el orden y había vencido al valle, cuyo representante era el fértil Osiris. La zona fecunda, quedaría inmersa en las aguas, para renacer más tarde cuando la inundación se retiraba. Por esto, con el nacimiento de las cosechas, se interpretaba que era el momento en el que Isis había resucitado a su esposo haciendo retomar el "orden" establecido. Es representativo de estos hechos, la figura de los llamados "Osiris Vegetantes", cuyas figurillas se introducían en las tumbas. Se trataba de recipientes huecos con la silueta del dios en los que se plantaba grano (trigo) y que mágicamente, al parecer de los egipcios, aún en la oscuridad del enterrarniento, germinaban como símbolo del renacimiento. Integrado al mito solar, forma parte de la Enéada Heliopolitana donde se conjugan el mito solar y el osiríaco. La importancia de este dios, como soberano del SubMundo hizo que presidiera la escena del juicio del fallecido (Psicostasis), donde se determinaba si no había causado ningún mal en la tierra y si era merecedor de alcanzar una vida inmortal. En este jucio se pesaba simbólicamente el corazón (sede de sus actos según las creencias egipcias) en una balanza, cuyo contrapeso era la diosa de la justicia y de la verdad, Maat. En el acto intervenían: 42 jueces ante los cuales el fallecido habría de recitar la llamada "Confesión Negativa". Horus, que conduce al difunto en presencia de Osiris, Anubis, que vigila el fiel de la balanza, Thot, que con sus útiles de escritura, registra el resultado del juicio, Ammit "La Devoradora de los Muertos", deidad híbrida que espera el resultado de la balanza para, en el caso de que el juzgado fuera condenado, devorar su corazón y que desapareciera para siempre, "Los Cuatro Hijos de Horus" sobre una flor de loto abierta y ante Osiris y, con frecuencia, Isis y Neftis tras el dios del Más Allá, configuran el resto del cuadro. Osiris es junto a su esposa Isis, la personificación del principio histórico y del orden político, es por excelencia el legitimador del reino de Egipto y representa todos los aspectos beneficiosos del amor familiar. De igual modo es, no sólo un dios de la vegetación, sino la personificación del valle fértil del Nilo y de las buenas crecidas. La fuerza del bien que ha de luchar contra el mal para que el mundo funcione correctamente. Diodoro de Sicilia, nos refiere que hay tres dioses egipcios del mismo nombre. El primero es el Sol, una de las divinidades eternas. El segundo un Dios terrestre, hijo de Saturno. Este segundo Osiris habíase casado con su hermana Isis, de la cual tuvo cinco hijos, dioses terrestres como su padre, y entre otros un Osiris, tercero del mismo nombre, y que se había casado con su hermana Isis. La vanidad griega ha reclamado este Osiris y le ha hecho hijo de Foroneo, rey de Argos. "Habiendo, dicen los historiadores griegos, dejado el reino a Egialeo, su hermano, pasó a establecerse en Egipto, donde reinó con Isis en la más perfecta unión, aplicándose ambos en ilustrar a sus súbditos, enseñándoles la agricultura y otras varias artes necesarias para la vida. Después de esto se propuso conquistar el universo, menos por la fuerza, que por la suavidad y la persuasión, a cuyo fin salió en campaña con un ejército compuesto de hombres y mujeres. Habiendo confiado la regencia del reino a su esposa Isis, asistida por Mercurio y Hércules, el primero en calidad de consejero y el otro, en la de intendente de las provincias. recorrió primero Etiopía, donde hizo levantar diques para precaver las inundaciones del Nilo. De allí atravesó Arabia, las Indias, vino a Europa, recorrió la Tracia y las comarcas vecinas, dejando en todos los pueblos continuas pruebas de sus beneficios. Condujo a los hombres, entonces enteramente salvajes, a las dulzuras de la sociedad civil, les enseñó la agricultura, el modo de edificar las ciudades y los pueblos, y regresó a su reino, lleno de gloria, después de haber hecho levantar por todas partes columnas y monumentos en los cuales mandó grabar sus hazañas. Los egipcios, para conservar la memoria de los beneficios que habían recibido de este príncipe, le tributaron los honores divinos bajo el nombre de Serapis, su gran divinidad, y como Osiris les había enseñado la agricultura, le dieron el buey por símbolo. Representábanle llevando la cabeza cubierta de una mitra de la que salen dos cuernos. Tiene en la mano izquierda un bastón encorvado en figura de báculo y en la derecha una especie de látigo con tres zurriagos, así es que Osiris fue tomado por el Sol, al cual daban un látigo, para animar a los caballos uncidos en el carro de que se sirve para hacer su curso. Osiris es también representado con cabeza de gavilán, porque, como dice Plutarco, esta ave tiene la vista perspicaz y el vuelo rápido, lo que conviene precisamente al sol. Se le da igualmente el bastón, y el mismo autor añade que durante el equinoccio de otoño, Egipto celebraba la fiesta del Bastón de Osiris, o del Sol, como si este astro tuviese necesidad de ser sostenido en su curso. Según Diodoro, Osiris significa "el que tiene muchos ojos"; en efecto los rayos del sol pueden considerarse como otros tantos ojos que miran a la tierra y a la mar. Algunos han dado a Osiris un vestido de piel de cervatillo manchado, para designar la multitud de estrellas. Añádese que Isis y Osiris eran los dos principales dioses, sobre quienes versa toda la teología egipcia, y todos los dioses del paganismo, todas las divinidades particulares de ambos sexos, no eran más que atributos de Osiris y de Isis. La ciudad de Busiris, patria y sepulcro de Osiris, había recibido su nombre, tal vez porque el Nilo desemboca al mar en aquel paraje. El descubrimiento del cuerpo de Osiris fue representado en los misterios de Sais en Busiris, en Menfis y en Felea. Estos misterios se extendieron después por Fenicia, por Italia, y principalmente en Biblos, en Corinto, en Titórea, en Fócida y en Roma. Osiris fue reemplazado después por Serapis. Era considerado como el símbolo del principio húmedo. Se creía que encerraba en sí mismo el germen de todas las cosas y que poseía particularmente la fuerza generatriz. Se le confundía frecuentemente con Baco, Esculapio y Adonis. Le atribuían el descubrimiento de la viña, el cultivo de las tierras, la invención de la flauta y la trompeta. Le estaba consagrada la hiedra. Los músicos, los tocadores de flauta y de otros instrumentos no eran admitidos en los sacrificios tributados a Osiris, así como lo eran en las fiestas de los demás dioses. Lo representaban con frecuencia llevando un bastón encorvado en una mano y una pátera en la otra. Fue el dios cuya muerte y resurrección se celebraba anualmente con duelos y alegrías alternativas fue Osiris, el más popular de todos los dioses egipcios. Existen buenos fundamentos para clasificarle en uno de los aspectos, como personificación del gran cambio anual de la naturaleza y, especialmente, dios de los cereales. Pero el inmenso favor que obtuvo durante mucho tiempo indujo a sus adoradores entusiastas a acumular en él los atributos y poderes de otros muchos dioses, por lo que no es fácil despojarle, de sus atributos prestados, dejándole solamente los propios. La leyenda de Osiris está contada en forma conexa solamente por Plutarco, cuya narración ha sido confirmada y en algún modo amplificada en época moderna por el testimonio de los monumentos. Osiris fue el vástago nacido de una intriga amorosa entre un dios terrenal llamado Seb (Keb o Geb), según las diversas transliteraciones) y la diosa celeste Nut. Los griegos identificaron a estos dioses, padres de Osiris, con los suyos Cronos v Rhea. Cuando Ra, el dios del Sol, se enteró de la infidelidad de su esposa Nut, decretó como maldición que no podría parir a la criatura en ningún mes del año. Pero la diosa tenía otro amante, el dios Thot o Hermes, como le denominaban los griegos; jugando una partida de damas con la Luna, consiguió de ésta una 72ª parte de cada día del año, con la que compuso cinco días completos que añadió al año egipcio de 360 días. Esto fue el origen mítico de los cinco días suplementarios que los egipcios colocaban a final del año con objeto de establecer una armonía entre los tiempos lunar y solar. En estos cinco días, considerados fuera del año de doce meses, la maldición del dios del SoI no tenía efecto, y por esta razón Osiris nació en el primero de ellos. A su nacimiento sonó una voz proclamando que el Señor de Todo había llegado al mundo. Algunos dicen que un tal Pamyles oyó una voz en el templo de Tebas, ordenándole que anunciase a gritos el nacimiento de un gran rey, Osiris el Benéfico. Osiris no fue la única criatura que parió su madre; en el segundo día suplementario dió a luz a Horus el Mayor; en el tercero, al dios Set, que los griegos llamaban Tifón; en el cuarto, a la diosa Isis, y en el quinto, a la diosa Neftys. Más tarde, Set desposó a su hermana Neftys y Osiris a su hermana Isis. Rigiendo Osiris como un rey terrenal, redimió a los egipcios del salvajismo, les promulgó leyes y les enseñó el culto de los dioses. Antes de él los egipcios eran caníbales, pero Isis, hermana y esposa de Osiris, descubrió el trigo y la cebada, que crecían silvestres, y Osiris introdujo el cultivo de estos cereales entre las gentes, que pronto se aficionaron a comerlos, abandonando el canibalismo inmediatamente. Por otra parte, se cuenta que Osiris fue el primero en recolectar los frutos de los árboles, emparrar las vides y pisar la uva. Deseando comunicar estos descubrimientos beneficiosos a toda la humanidad, entregó el gobierno de Egipto por entero a su mujer Isis y marchó por el mundo difundiendo los beneficios de la agricultura y de la civilización por dondequiera que pasaba. En los países donde, por ser el clima riguroso o el suelo muy pobre, se imposibilitaba el cultivo de la vid, ideó consolar a sus habitantes del deseo del vino, elaborando cerveza de la cebada. Colmado de riquezas regaladas por las naciones agradecidas, volvió a Egipto y en consideración a los beneficios que había otorgado a la humanidad fue exaltado y adorado como una deidad. Mas su hermano Set (el que los griegos llaman Tifón), con otros setenta y dos, conspiró contra él y tomando con astucia el mal hermano Tifón las medidas del cuerpo de su buen hermano, construyeron un cofre lujoso y de su tamaño exacto. En cierta ocasión en que se encontraban divirtiéndose y bebiendo, trajo el cofre y bromeando prometió dárselo al que encajase exactamente en él. Todos uno tras otro ensayaron, mas a ninguno cumplía. Por fin Osiris se tumbó en su interior y los conspiradores cerraron prestamente la tapa, la clavaron, la soldaron con plomo derretido y arrojaron el cofre al Nilo. Esto sucedió el día 17 del mes Athyr, cuando el sol está en el signo de Escorpión, durante el vigésimo octavo año del reinado o de la vida de Osiris. Cuando Isis se enteró de lo sucedido, se cortó un mechón de pelo, y vistiéndose luto, erró afligida por todos lados buscando el cadaver. Por aviso del dios de la sabiduría, buscó refugio entre los papiros de las lagunas del Delta. Siete escorpiones la acompañaron en su fuga. Una tarde que, estando fatigada, llegó a la casa de una mujer, ésta se asustó de los escorpiones y cerró de golpe la puerta. Entonces uno de los escorpiones, deslizándose por debajo de la puerta, picó al niño de la mujer y le mató. Mas cuando Isis oyó las lamentaciones de la madre, se compadeció y, tendiendo sus manos sobre la criatura, pronunció sus poderosos conjuros; de esta manera el veneno salió del niño, que resucitó. Tiempo después, Isis dio a luz un hijo en las lagunas. Le había concebido mientras anduvo revoloteando en forma de halcón sobre el cadáver de su marido. El infante fue Horus el Joven, que en su niñez llevó el nombre de Harpócrates, esto es, Horus Niño. La diosa del norte, Buto, ocultó al niño de la rabia de su malvado tío, Set, pero no pudo guardarle de todas las desdichas. Un día que Isis vino a ver a su pequeñuelo en el escondrijo, le encontró tirado en el suelo, rígido y sin vida, por haberle picado un escorpión. Isis imploró la ayuda de Ra, dios del Sol, que, atendiéndola, paró su barca en el cielo y envió a Thot para que la enseñase el conjuro con que podría devolver la vida a su hijo. Pronunció las palabras mágicas y el veneno inmediatamente fluyó del cuerpo de Horus, el aire entró en su pecho y revivió. Entonces Thot ascendió a los cielos, ocupó otra vez su puesto en la barca del sol y la brillante procesión siguió jubilosa camino adelante. Entretanto el cofre que contenía el cuerpo de Osiris fue flotando río abajo hasta internarse en el mar, quedando al fin encallado en Biblos, costa de Siria, donde brotó súbitamente un árbol "erica" que en su crecimiento incluyó la caja dentro del tronco. El rey del país, admirado de aquel gran árbol, lo mandó cortar para que sirviera de columna en su casa, ignorando que tuviera dentro el cofre que contenía a Osiris muerto. La noticia de ello alcanzó a Isis, que viajó hasta Biblos, donde se sentó junto a un pozo en humilde guisa y derramando lágrimas; a nadie habló hasta que llegaron las sirvientas del rey, que saludó amablemente, trenzó sus cabellos y exhaló sobre ellas el perfume maravilloso de su propio cuerpo divino. Cuando la reina contempló las trenzas de pelo de sus doncellas y olió el suave aroma que de ellas emanaba, envió a buscar a la extranjera y la recibió en su casa, haciéndola nodriza de su criatura. Pero Isis dio al niño el dedo a mamar en lugar de su pecho y por la noche incendió todo lo que en el niño era mortal, mientras ella misma, en figura de golondrina, revoloteaba alrededor del pilar que contenía a su hermano muerto, piando lastimeramente. La reina, que espiaba sus acciones, empezó a dar gritos al ver a su hijo entre las llamas, impidiendo así que éste llegase a alcanzar la inmortalidad. La diosa entonces se manifestó como quien era y pidió la columna que sostenía el techo. Se la dieron y abriéndola sacó el cofre de su interior y se arrojó abrazándose sobre él y lamentándose en forma tal que el menor de los hijos del rey murió del susto allí mismo. Envolvió el tronco del árbol en un lienzo fino y lo ungió, devolviendo el leño a los reyes, que lo colocaron en un templo de Isis, y fue adorado por el pueblo de Biblos hasta el día. Isis puso el cofre en una embarcación y acompañándose del mayor de los hijos de los reyes, se alejó navegando. En cuanto estuvieron solos, abrió el arcón, y tendiendo su cara sobre la de su hermano, le besó y lloró. El niño, cautelosamente, se acercó por detrás y vio lo que estaba haciendo; cuando ella se volvió de repente y le miró, el niño no pudo soportar su encolerizada mirada y murió. Alguien cree que esto no sucedió así, sino que cayó al mar, ahogándose. Tal es lo que los egipcios cantaban en sus banquetes bajo el nombre de Maneros. Cuando Isis dejó el cofre para ir a ver a su hijo Horus en la ciudad de Buto, Tifón lo encontró cuando cazaba un jabalí en noche de luna llena. Reconocido el cadáver, acto seguido lo descuartizó en catorce pedazos, que esparció por distintos sitios. Isis, después, embarcada en una chalupa hecha de papiros, buscó por todos lados los pedazos en la laguna. Ésta es la razón por la que, cuando las gentes navegan en chalupas de papiros, no temen a los cocodrilos, pues éstos respetan a la diosa. Y, además, también lo es de haber tantas tumbas de Osiris en Egipto, pues ella iba sepultando los trozos en los mismos sitios donde los encontraba. Otros mantienen la idea de que ella enterró una imagen de él en cada ciudad fingiendo que era el cuerpo, con el objeto de que pudiese ser adorado Osiris en muchos lugares y de que si Tifón buscaba la verdadera tumba, no pudiese encontrarla. Sin embargo, como el miembro genital de Osiris había sido devorado por los peces, Isis modeló una imagen de él en su lugar y esta imagen es usada por los egipcios en sus funerales hasta el día. "Isis, escribe el historiador Diodoro Sículo, recobró todas las partes del cuerpo excepto las genitales, y como ella deseaba que la tumba de su marido fuese desconocida y reverenciada por todos los moradores de la tierra egipcia, recurrió al siguiente artificio: moldeó con cera y especias aromáticas unas imágenes humanas de la hechura de Osiris y colocó dentro de cada una de ellas uno de los pedazos del cadáver de éste. Después fue llamando a los sacerdotes de los distintos grupos tomándoles juramento de que jamás revelarían a nadie la confianza que les dispensaba, y de este modo a cada uno de ellos dijo que le confiaba el enterramiento del cadáver y que lo hiciera en su propio terreno, exhortándole y recordándole los beneficios recibidos para que honrase a Osiris como un dios. También les conjuró para que dedicasen a uno cualquiera de los animales de su distrito y le venerasen en vida como lo hicieron primeramente con Osiris y que cuando muriera el animal sagrado le hiciesen exequias semejantes a las del dios. Y con el designio de estimular a los sacerdotes para que confiriesen las precitadas honras teniendo en ello un interés personal, les cedió un tercio del terreno usado en el servicio y culto de los dioses. De acuerdo con esto, se decía que los sacerdotes, atentos a los beneficios de Osiris, deseosos de agradar a la reina y movidos por la perspectiva de la ganancia, ejecutaron todas las instrucciones de Isis. Por esto, y hasta hoy, cada sacerdote imagina que Osiris está enterrado en su país y veneran a los animales que consagraron al principio y cuando mueren, renuevan los sacerdotes en el entierro de ellos el duelo por Osiris. Más aún, los bueyes sagrados, el llamado Apis y el Mnevis, fueron dedicados a Osiris y se ordenó que fuesen adorados como dioses por todos los egipcios, pues estos animales, sobre todos los demás, fueron los que ayudaron a los descubridores de las gramíneas en las siembras consiguiendo los beneficios universales de la agricultura". Tal es el mito o leyenda de Osiris que cuentan los escritores griegos y entresacado de los datos fragmentarios o alusiones de la literatura egipcia. Una gran inscripción del templo de Denderah ha conservado una lista de las tumbas del dios y otros textos mencionan las partes del cuerpo que fueron atesoradas como reliquias sagradas en cada uno de los santuarios. Así, su corazón estaba en Athribis, su columna vertebral en Busiris, el cuello en Letópolis y la cabeza en Menfis, Como suele acontecer en estos casos, algunos de sus miembros estaban multiplicados milagrosamente; su cabeza, por ejemplo, estaba en Abydos así como también en Menfis, y sus piernas, notablemente numerosas, podrían haber bastado para varios mortales corrientes. En este respecto, sin embargo, Osiris queda achicado por san Dionisio, del que existen no menos de siete cabezas todas igualmente auténticas. Según los relatos egipcios que complementan el de Plutarco, cuando Isis encontró el cadáver de su marido Osiris, ella y su hermana Neftys se sentaron junto a él y rompieron en lamentos que en épocas posteriores fueron el tipo de todas las lamentaciones egipcias por los muertos. "Vuelve a tu casa, gemían, vuelve a tu casa, tú que no tienes enemigos. ¡Oh, bello joven!, vuelve a tu casa para que puedas verme. Soy tu hermana, la que amabas; no te apartarás ya de mí, ¡oh bello muchacho! Vuelve a tu casa. No te veo y, sin embargo, mi corazón te adora y mis ojos te desean. Vuelve a la que te ama, a la que amas, Unnefer el bendito. Vuelve a tu hermana, vuelve a tu mujer, a tu mujer cuyo corazón está muerto. Vuelve a la mujer de tu casa. Soy tu hermana de la misma madre y tú no te alejarás más de mí. Los dioses y los hombres han vuelto su cara hacia tí y todos te lloran. Te llamo y lloro y mis plañidos son oídos en el cielo, pero tú no oyes mi voz; mas soy tu hermana, la que amaste en la tierra; tu no amaste a nadie sino a mi. Hermano mío, hermano mío!". Esta imploración por el bello joven, truncada su vida en lo mejor, nos recuerda las lamentaciones por Adonis. El título de Unnefer o el Bueno que se le concede acentúa la bondad que la tradición universal adscribe a Osiris; fue su título más corriente y uno de sus nombres reales. Las llorosas quejas de las dos apenadas hermanas no fueron en vano; apiadado por sus lágrimas, el dios Sol, Ra, envió desde el cielo al dios cabeza de chacal, Anubis, el que, con la ayuda de Isis y Neftys, de Thot y de Horus, reunió pedazo tras pedazo del cuerpo destrozado del dios muerto, le envolvió en vendas de lino y ejecutó todos los demás ritos que los egipcios solían cumplir en los cuerpos de los difuntos. Después, Isis abanicó la fría arcilla con sus alas, Osiris revivio y desde entonces gobernó entre los muertos como rey en el otro mundo. Allí gozaba de los títulos de Señor del Mundo Subterráneo, Señor de la Eternidad y Rey de los Muertos. Allí también, en el gran salón de Las Dos Verdades, asistido por cuarenta y dos asesores, uno por cada uno de los distritos principales de Egipto, presidía como juez en el juicio de las almas de los difuntos, que hacían su confesión solemne ante él, y cuando habían sido pesados sus corazones en la balanza de la justicia, recibían el premio de la virtud en una vida eterna o el castigo apropiado de sus pecados. En la resurrección de Osiris los egipcios vieron la promesa de una vida eterna para ellos mismos más allá de la tumba. Creyeron que todos los hombres vivirían sempiternamente en el otro mundo si los amigos supervivientes ejecutaban en su cadáver lo que los dioses hicieron con el de Osiris. Por esto, las ceremonias funerales eran copias de lo ejecutado con el dios muerto. "En cada funeral se representaba el misterio divino efectuado de antiguo sobre Osiris, cuando su hijo, sus hermanos y amigos se congregaron alrededor de sus destrozados restos y con sus conjuros y manipulaciones consiguieron convertir su cuerpo roto primeramente en momia, reanimándola y proveyéndola después de los medios para ingresar en una nueva vida individual más allá de la muerte. La momia del que fallecía era el propio Osiris; las lloronas profesionales o plañideras eran las dos hermanas Isis y Neftys; Anubis, Horus, todos los dioses de la leyenda osiriana, estaban allí reunidos ante el cadáver." De esta guisa, todos los egipcios muertos se identificaban con Osiris y así se les denominaba. Desde el Imperio Medio en adelante fue costumbre nombrar al difunto como "Osiris fulano de tal" y le añadían el relevante título de Veraz en razón de ser característico de Osiris hablar en verdad. Los millares de tumbas esgrafiadas y pintadas que han sido abiertas en el valle del Nilo prueban que el misterio de la resurrección actuaba en beneficio de todos los egipcios que morían; como Osiris, muerto y resucitado de entre los muertos, del mismo modo esperaban todos rescatarse de la muerte a una vida eterna. Según lo que parece haber sido la tradición general nativa, Osiris fue un rey egipcio bienquisto y amado que sufrió muerte violenta, pero que se libertó de la muerte y fue así adorado como una deidad. En armonía con esta tradición, los escultores y pintores le representan en general con forma real y humana, como un rey muerto, vendado con las envolturas de una momia, llevando sobre la cabeza una corona real y agarrando con una de sus manos, libertada de las vendas, un cetro regio. Dos ciudades, sobre todas las demás, se asociaron con su mito o recuerdo. Una de ellas fue Busiris, en el Bajo Egipto, que proclamaba tener su columna vertebral; la otra ciudad, Abydos, en el Alto Egipto, se gloriaba con la posesión de su cabeza. Aureolada por la santidad del dios muerto y resucitado, la ignorada aldea de Abydos llegó a ser, hacia finales del Imperio Antiguo, el lugar más santo de Egipto; se cree que esta tumba, fue para los egipcios lo que la Iglesia del Santo Sepulcro es para los cristianos. El deseo de todos los hombres piadosos era que su cadáver descansara en la tierra santa cercana a la tumba del glorificado Osiris. Pocos en verdad fueron lo bastante ricos para gozar de este privilegio inestimable, pues aparte del costo de una tumba en la ciudad sagrada, solamente el transporte de las momias desde tan grandes distancias era difícil y costoso. Aun así, fueron muchos los ávidos de absorber ya muertos la influencia bendita que irradiaba el santo sepulcro, por lo que compelían a sus supervivientes a conducir sus restos mortales a Abydos, dejándolos permanecer algún tiempo allí para después volverlos por el río a su lugar nativo y enterrarlos en la tumba que les estaba preparada., Otros construían cenotafios o lápidas sepulcrales, erigidas anteriormente por ellos mismos cerca de la tumba de su señor muerto y resucitado, y así podían gozar en su compañía la bienaventuranza de una resurrección feliz. Recibía, entre otros, el título de "Toro del Occidente" (Ka Amentet). "Aquél cuyo corazón no se mueve" o "El Unico inerte o "El de corazón parado" eran otros de los títulos o denominaciones de Osiris. También se solían aplicar a los muertos. Dios de los muertos, representado bajo la forma de un rey momificado, envuelto en un sudario, con la cabeza adornada con alta tiara flanqueada por dos plumas, y sus carnes pintadas de color verde. La leyenda de Osiris, incorporada desde el Período Predinástico a la religión oficial y conocida por los Textos de las Pirámides, enseña que es el dios de la vegetación, que ha enseñado a los hombres la agricultura; también es el señor de la navegación y del comercio y conocido ya originariamente como rey muerto, es también el señor de ultratumba que ofrece a sus fieles su paraíso: los Campos Elíseos. Después fue incorporado a la Enéada de Heliópolis. Formó pareja con su esposa y hermana Isis, diosa de la fertilidad. El hijo de esta pareja divina era Horus, el dios halcón. Osiris fue sujeto del mito de su nombre, del cual se conocen varias versiones (incluso Plutarco le llegó a dedicar un estudio). Fue venerado más especialmente en ciertos santuarios. Así, desde las altas épocas, Abidos era lugar de peregrinación muy frecuentado. En la época tardía, la isla de Biga, río arriba de la primera catarata, estaba consagrada a Osiris, frente a la isla de Filae, dominio de su hermana y esposa Isis. En Busiris, su culto, que es uno de los más antiguos conocidos en el Delta del Nilo, se superpuso a una divinidad anterior, Andyeti y a Khentamentyu en Abidos. Venerado en Naref bajo la forma de dos halcones. Es también la principal divinidad de los muertos de la teología menfita. Señor del Más Allá. Los misterios y doctrina osiríacos tenían una notable importancia en los ritos funerarios egipcios. Era el dios de la verdad y la salvación, el dios que juzgaba ayudado por Thot y Anubis. Por ello, en su culto también intervenían los valores morales y las reglas éticas para comportarse en la vida terrena. El carácter funerario y salvífico de Isis y Osiris y su relación con la humanidad fue sin duda decisivo para la importancia, expansión y arraigo de su culto, no sólo en Egipto sino en todo el mundo antiguo. Isis y Osiris gozaban de una enorme popularidad en época romana. Osiris era seguido e invocado por aquellos que aspiraban a alcanzar otra vida más allá de la muerte. Su iconografía es la de un hombre envuelto en un sudario del que sólo salen las manos que sujetan los cetros de poder (el trillo y el cayado). Sobre la cabeza lleva una corona troncocónica franqueada por dos plumas de cuya base salen dos cuernos de carnero retorcidos (corona Atef). Tiene la piel pintada de verde o negro como símbolo de renacimiento. El aspecto animal de Osiris es poco frecuente, no obstante, puede aparecer bajo la forma de un gran pez. Bajo este aspecto, lo encontramos sobre una cama en el momento de ser momificado por Anubis. El pez, es usado en este caso, como símbolo de la inmortalidad y de la metamorfosis, encarnado en los peces Abdyu e Inet, que sobrevivían bajo las aguas como Osiris cuando su hermano Seth lo lanza al río para intentar que se ahogue. Tiene por objeto sagrado, el "pilar Dyed", objeto que no ha podido ser identificado con certeza, y el estandarte cónico que se representa en el templo de Abidos, donde algunos textos mencionan que se guardaba la cabeza del dios. Su origen oscuro hace que los distintos autores lo localicen en lugares diferentes. Sus principales centros de culto se establecieron en Busiris, Abidos, Abukir, etc.. Relacionado con el brezo y el sauce. Ver, Osiréion.

