Gizeh

o Giza o Guiza. Parte de la necrópolis de Menfis, a 15 km al oeste de El Cairo. El sector de Gizeh es, junto al de Saqqara, el más importante de toda la necrópolis menfita. La extensa meseta desértica ya sirvió de cementerio, según demuestran los hallazgos, desde inicios de los tiempos históricos. En el lugar se encuentran las pirámides, que son las construcciones funerarias de los faraones de la Dinastía IV y que constituyen la única maravilla de la antigüedad que se conserva. Las pirámides de Gizeh, Khéope, Khefrén y Micerino, y la gran esfinge, identifican emblemáticamente a Egipto desde hace casi 4500 años. Dominan, desde un altiplano rocoso de 40 metros de altitud, las tierras del Delta del Nilo (estribación nororiental de las montañas de Libia, de caliza conquilíferas). La posición elevada, la cercanía de las canteras de granito utilizadas para la realización del núcleo del monumento funerario de Keops, así como de las canteras de granito fino, casi marmóreo, de Tura, destinado al revestimiento exterior, fueron condiciones determinantes para la elección del emplazamiento. No menos impresionantes son, sin embargo, las instalaciones adicionales, como los templos del valle, calzadas o templos funerarios (en la medida en que están conservados) o la barca solar de Khéope, descubierta en 1954, cuyo tamaño, perfección técnica y elegancia inigualable, son equiparables a la de las "maravillas del mundo". Alrededor de las pirámides se agrupan, como en una corte, las mastabas de los altos dignatarios, donde se han encontrado gran número de estatuas y estatuillas y las expresivas cabezas sustitutivas. algunas de ellas están dotadas, además, de excelentes relieves. En varios lugares, por ejemplo, al sudeste de la pirámide de Micerino, se instalaron también tumbas hipogeas, que por lo general están bastante arruinadas. Al norte del sector de Guiza se alza la Gran Pirámide, la mayor y mas antigua de las pirámides perfectas. Fue mandada erigir por Khéope, segundo faraón de la Dinastía IV y recibió el nombre de El Horizonte de Khéope. Los lados de la Gran Pirámide están perfectamente orientados a los cuatro puntos cardinales, y miden en la base 440 codos egipcios, es decir, 230 metros; su altura original era de 280 codos (146 m, de los cuales los 9 superiores se han perdido). Sus paredes, por consiguiente, están inclinadas 50º 50' 35''. La pirámide cubre una superficie de 54.000 m2 y ocupa un volumen de 2.521.000 m3. Se calcula que está integrada por más de dos millones de bloques de piedra de unas dos toneladas y media cada uno, y hubo de ser terminada enun período de veintitrés años, que es la duración que se atribuye al reinado de Khéope. La masa interior, construida de piedra local, estaba recubierta de piedra caliza procedente de las canteras de Tura. Las superficies de las pirámides de Guiza no presentaban, ni mucho menos, su aspecto actual, sino que eran perfectamente lisas y pulidas. Su revestimiento fue arrancado durante la Edad Media y sirvió para construir las casas de El Cairo. Inicialmente fue construida una cámara sepulcral subterránea, como se había hecho en todas las mastabas y pirámides anteriores, pero ulteriormente se cambió de idea, construyéndose sucesivamente dos cámaras funerarias superpuestas en el cuerpo mismo de la pirámide. De estas dos cámaras fue la superior, colocada en el centro mismo de la pirámide, la que fue definitivamente utilizada. Para acceder a ella se construyó la Gran Galería, muy espaciosa y de gran altura, que es por sí sola una maravilla arquitectónica. Khéope logró, pues, construir un monumento indestructible dedicado a su memoria, fama ésta que ha mantenido la Gran Pirámide a lo largo de la Historia, como lo prueba, por ejemplo, el siguiente texto: «No hay otra forma de arruinarla más que empezando por arriba. Reposa sobre una base demasiado firme para ser atacada por esa parte; y quienquiera que quisiera hacerlo hallaría tanta dificultad como la hubo para levantarla». (F.L. Norden, Travels in Egypt and Nubia, I,1757, citado por J. Baines y J. Málek, Atlas of Ancíent Egypt, Oxford, 1980); pero todos sus esfuerzos y precauciones para impedir la violación de su sepultura fueron, en cambio, vanos. La Gran Pirámide fue violada ya en la antigüedad, y actualmente se penetra en ella por un pasadizo abierto en la Edad Media. En la cámara funeraria sólo subsiste el vacío sarcófago de piedra del rey. Hemos de confesar nuestra ignorancia sobre cómo fueron construidas las pirámides. Los egipcios no nos han dejado la más minima indicación al respecto, y los arqueólogos y arquitectos que se ocupan del tema se ven constreñidos a hipótesis más o menos lógicas e ingeniosas. Parece seguro que usaron rampas de adobe, puesto que sabemos que era un método usual en la arquitectura egipcia de época posterior y se han encontrado rampas sin desmontar junto a monumentos inacabados; es, pues, lógico que se usasen en la época de las pirámides. También habían de disponer de máquinas elevadoras sencillas pero eficaces, del tipo del cigúeñal, que sabemos que era conocido y usado por los egipcios para otros menesteres, como elevar agua. También poseían barcos de gran envergadura para el transporte fluvial de las piedras, así como trineos, rodillos, palancas, cuerdas y un animal de tiro, el asno. En cambio, y durante todo el Imperio Antiguo, desconocieron el uso de la rueda, pero también es posible que conociesen otros instrumentos de los que no nos haya llegado la menor noticia. Por otro lado, los conocimientos matemáticos y técnicos de los arquitectos hubieron de ser excepcionales. Con todo, sigue siéndonos difícilmente comprensible que, para construir la Gran Pirámide de Khéope, se llegasen a colocar, con precisión matemática, un promedio de 285 bloques diarios durante veintitrés años de forma ininterrumpida. La precisión en la colocación de los bloques es tan ajustada que resulta del todo imposible introducir una hoja de afeitar entre dos de ellos. Todo ello, en todo caso, no puede deberse a trabajo servil. El movimiento constante de los grandes bloques de piedra, accionados por brigadas de obreros que conocen a la perfección su trabajo y que debido a su alto grado de especialización, saben perfectamente cómo actuar obteniendo el máximo de eficacia, tiene que ver en realidad con los espectaculares progresos obtenidos por los egipcios en las técnicas del trabajo de la piedra. El dominio de estas técnicas permitió desde la Dinastía III construir espectaculares monumentos y edificios, y los egipcios ya no perdieron el dominio de estas técnicas que les permitieron construir y decorar tumbas y templos perfectos hasta el extremo final del paganismo, ya en época romana. Contando con estas premisas, con la habilidad, la inteligencia y la disciplina del pueblo egipcio, ya sólo necesitaba el Estado organizarlo todo con vistas al logro de un objetivo común: las pirámides. Visto así, la organización de los medios necesarios para la construcción de una pirámide no distaba mucho de la organización de cualquier otra empresa por parte del Estado, tales como la explotación de las minas del Sinaí o la compleja organización de las expediciones comerciales a Opone. El Estado egipcio del Imperio Antiguo era una maquinaria adrninistrativa notablemente organizada y cuya autoridad no se discutía. Todo el potencial de la inteligencia y la habilidad de sus hombres estaba a su disposición, y es por ello que se ha considerado a las pirámides como auténticos monumentos al Estado, en cuanto que son la expresión materializada de su poder. Alrededor de la pirámide de Khéope existen varios pozos en los que han sido descubiertos sendos barcos funerarios de grandes dimensiones. En la cara este de la pirámide se encuentra el templo funerario, de estructura aún relativamente sencilla, que conectaba con el templo del Valle por una via cuyas paredes estaban ya decoradas con relieves. También al este de la Gran Pirámide existen tres pirámides subsidiarias, pertenecientes a las esposas de Khéope, y tanto al este como al oeste de la pirámide se extienden dos grandes campos de mastabas, destacables por su notable urbanismo inspirado sin duda en las casas de los vivos, que pertenecen a los familiares y a los altos funcionarios de época del rey. Entre estas tumbas hay que destacar la de la reina Hetepheres, madre de Khéope, que fue hallada intacta cerca del templo funerario de su hijo; esta tumba, sin embargo, no tenía ningún tipo de superestructura y ello ha hecho pensar que en realidad se trataría de un reenterramiento efectuado en vida de Khéope, tras haber constatado que la tumba de su madre había sido violada. Al suroeste de la pirámide de Khéope se encuentra la Segunda Pirámide de Guiza, perteneciente a su hijo Khefrén. Llamada originalmente La Gran Pirámide, tiene unas proporciones semejantes a la de Khéope, puesto que mide 214,5 m de lado y conserva prácticamente intacta su altura original de 143,5 m, ya que es la única de las pirámides de Guiza que ha conservado el revestimiento de piedra caliza en su parte superior. Esta pirámide no parece poseer más que una cámara funeraria, situada en la base misma. Junto a la cara este de la pirámide de Khefrén se encuentra el templo funerario, de estructura más complicada que el de Khéope, que comunica por una vía con el templo del Valle. Ambos templos, de aspecto macizo, dan la sensación de estar metidos en un enorme cubo de piedra. Junto al templo del Valle se encuentra la Esfinge de Guiza, que parece ya estar vigilando el templo funerario de Khefrén colocada al lado de su vía de acceso, tal y como en épocas posteriores sucederá con las avenidas de esfinges que dan acceso a los templos. Esta pirámide posee una pirámide subsidiaria al sur, y numerosas tumbas y mastabas se extienden a ambos lados de la vía de acceso al templo funerario. De nuevo al suroeste de la pirámide de Khefrén se encuentra la Tercera Pirámide de Guiza, perteneciente a su hijo Micerino. Con sus 105 m de lado de la base y sus 65,5 m de altura, es la menor de las tres, aunque tanto por su técnica constructiva como por el equilibrio de las pendientes de sus caras es en todo semejante a las otras dos. Fue llamada originariamente La Divina Pirámide, y posee dos cámaras funerarias, ambas subterráneas. Al sur de la pirámide de Micerino se encuentran tres pirámides subsidiarias, y al este el templo funerario, conectado por una vía o calzada con el templo del Valle. Este tuvo que ser concluido de adobe, seguramente debido a la muerte prematura del rey, y acabó siendo invadido por los habitante del núcleo de población encargado de mantener el culto funerario. Su excavación ha permitido conocer la precaria situación en que fue mantenido el culto a Micerino por sus miserables servidores en el extremo final del Imperio Antiguo. Es notable señalar que la pirámide de Micerino no sólo fue visitada en época saita, sino que también su ajuar funerario fue restaurado: habiendo constatado probablemente los saítas que la pirámide había sido violada, colocaron los restos más o menos probables de Micerino en un sarcófago nuevo de madera, el cual a su vez fue depositado en un sarcófago de piedra que podría ser el originario. Dicho sarcófago yace actualmente, por un verdadero azar, en aguas territoriales españolas, ya que el bajel que lo transportaba a Inglaterra durante la primera mitad del siglo XIX naufragó frente al puerto de Cartagena. En los alrededores del templo del Valle de Micerino, y al sur de la vía que lo une al templo funerario de la pirámide se encuentran, asimismo, numerosas tumbas, muchas de ellas excavadas en la roca. El sector más septentrional de la necrópolis menfita, inmediatamente al norte de Guiza, es el que recibe el nombre de Abu Rauash. Aquí se encuentran los restos de la pirámide inacabada de Didufri, rey de la Dinastía IV sucesor de Khéope. La pirámide tiene 105 m de lado, y junto a ella se encuentra una pirámide secundaria. En Abu Rauash se ha localizado asimismo una necrópolis privada de comienzos del Período Tinita. Gizeh perdió su significación, se contruyeron las tumbas reales an otro sitio, pero el recinto siguió siendo un lugar sagrado y centro, durante épocas, de verdaderas peregrinaciones. A pesar de que la investigación de la necrópolis empezó pronto y va unida a los grandes nombres de la egiptología (Belzoni, Perring, Lepsius Mariette, Petrie), no han concluído ni los estudios arqueológicos, ni la tendencia a la mistificación especulativa sobre las pirámides. )o( NOTA.- En la necrópolis de Gizeh, junto a Menfis, existen numerosas sepulturas faraónicas en forma de pirámide, pero sólo tres de ellas han alcanzado el mérito de ser el símbolo de la cultura egipcia. Los griegos, helenizando los nombres originarios de los faraones de la Dinastía IV, las llamaron la de Keops, Kefrén y Mikerino. La mayor de las tres, y por tanto la más importante, es la de Keops, que ocupa una superficie de 48.000 m², 230 m de longitud en cada lado de su base y 146,5 m de altura. Desde la era griega fue considerada como una de las siete maravillas del mundo antiguo. En su construcción trabajaron más de 3.000 personas durante diez años, que se renovaban cada tres meses. La de Kefrén conserva parte de sus revestimiento en placas pulidas, así como la calzada que conduce a la esfinge de Gizeh, que es el retrato del faraón Kefrén deificado; tiene 20 m de altura y se talló sobre la misma cantera de piedra caliza que había en el lugar. La obra ha sufrido numerosas transformaciones en diversas épocas (época iconoclasta de 1830), algunas de las cuales han pasado a formar parte substancial de su aspecto, dotándola de una personalidad inconfundible; por ejemplo la carencia de nariz. Las dos grandes pirámides fueron violadas desde la antigüedad, únicamente, la más pequeña, la de Mikerino, faraón que liberó al pueblo egipcio de la obligación de construir las tumbas para sus reinas, se mantuvo cerrada hasta los tiempos contemporáneos. Ello pudo permitir que se encontrara intacto el sarcófago real de pórfido, que contenía la momia. En el interior de la pirámide Keops se conserva la cámara funeraria, mientras que en las demás esta cámara está situada por debajo del nivel del suelo. El interior es un conjunto de galerías, pozos y cámaras de extraordinaria complicación, con el objeto de impedir el expolio del riquísimo ajuar funerario.
 
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