Gedeón

o Gidon o Gedeon (finales del siglo XII a.C.). Quinto juez de Israel, hijo de Joás, de la estirpe de Abiezer en Ofrá (tribu de Manasés). Inmune, según la Biblia, a la venganza de Baal, tras haber roto un altar dedicado a dicha divinidad y que le valdría el nombre de Yerubaal "Baal se salvaguarde", Gedeón pronto se convirtió en el campeón de los israelitas, quienes sufrían endémicos ataques de los madianitas, amalacitas y nómadas. Los madianitas se habían infiltrado por el norte, a lo largo de uno de los extremos más distantes del Mar Muerto, cruzando posteriormente el Jordán. Eran una verdadera pesadilla para los pueblos asentados en la zona, caso de los israelitas, especialmente cuando la sequía les empujaba a desplazarse hacia el oeste en busca de pastos. Penetraron en Galilea y en el valle de Yizreel, obligando a muchos israelitas a pasar varios años ocultos en guaridas y cavernas. Gedeón se encontraba trillando trigo y escondiéndolo de los madianitas, cuando se le apareció un ángel que, tras sentarse bajo una encina del padre de Gedeón, le dijo que había sido elegido para derrotar a los madianitas y liberar Israel. Gedeón le pidió que le mostrara una señal, y el ángel hizo brotar fuego de una roca. Siguiendo las instrucciones de Dios, Gedeón, aprovechando la oscuridad de la noche, derribó un altar dedicado a Baal, cortó la arboleda sagrada de la divinidad y, con la madera cortada, levantó un altar a Dios e inmoló en él un novillo. Cuando las gentes de la ciudad se presentaron ante Joás y le exigieron que les entregara a su hijo para ejecutarlo por ese acto de rebeldía, Joás volvió sus propios argumentos contra ellos al decirles que dejaran que Baal se cuidara de sí mismo. Gedeón, tras hacer sonar su cuerno y enviar mensajeros en todas direcciones, consiguió reunir una poderosa hueste, pero seguía queriendo que Dios le diera señales de que contaba con su apoyo. Dios accedió a realizar dos milagros, ambos con un vellón. Una noche, un vellón quedó empapado de rocío, mientras la tierra a su alrededor permanecía seca y, a la noche siguiente, ocurrió justo lo contrario. A partir de ese momento, Gedeón ya no volvió a hacer más preguntas. Dios no quería que la victoria sobre los madianitas fuera consecuencia de la ventaja numérica, de modo que se permitió a los más apocados que abandonaran el ejército; cosa que hicieron 22.000 de los 32.000 hombres que lo formaban. Con todo, los 10.000 restantes seguían siendo un número demasiado elevado, por lo que se les dividió en dos grupos para someterlos a una prueba junto a un arroyo. Aquellos que se arrodillaron y lamieron el agua (un acto bastante estúpido ante la eventualidad de que el enemigo estuviera al acecho) fueron descartados, admitiéndose tan sólo a los que se habían llevado el agua a la boca con las manos. Éstos, los más despiertos y agudos entre los israelitas, no pasaban de 300, y habían de enfrentarse a los madianitas y amalecitas, que eran numerosos como langostas. Pero Gedeón realizó un ataque nocturno por sorpresa y, tras hacer sonar sus cuernos y gritar "espada por Yahveh y por Gedeón", el enemigo, aterrorizado, emprendió la fuga. Oreb y Zeeb, príncipes de Madián, murieron en el combate, mientras que sus reyes Sukkot y Penuel huyeron, perseguidos de cerca por Gedeón y sus trescientos. Tras capturar a los reyes y matarlos con sus propias manos, Gedeón volvió sobre sus pasos para vengarse de todos aquellos hombres de Sukkot y Penuel que se habían negado a proporcionarle alimentos durante la persecución. En una segunda ocasión, ocurrida en la Transjordania, dio muerte a Zebah y Salmunne. Los israelitas le propusieron que se convirtiera en su monarca hereditario, pero Gedeón se negó, respondiéndoles: "Yahveh será vuestro rey". Con una parte del botín tomado a los madianitas (anillas de oro) confeccionó Gedeón un efod, probablemente un instrumento de adivinación, que luego fue venerado idolátricamente. Gedeón dispuso de un harén, teniendo de sus esposas y concubinas hasta 70 hijos, siendo el más importante Abimelek.
 
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