Hiparco

(ca.180-ca.126 a.C.). Astrónomo, matemático y geógrafo de Nicea (Bitinia), que vivió y trabajó en Rodas. Fue un pensador original, un científico práctico y el inventor de la trigonometría. Estuvo estrechamente familiarizado con la astronomía babilonia y sus escritos astronómicos, parece que estudió durante un cierto tiempo en Babilonia. Aunque no aceptó la teoría heliocéntrica del sistema solar de Aristarco, sus logros lo sitúan entre los primeros astrónomos de la antigüedad. Una de sus obras ha llegado completa hasta nosotros: Comentario a los Fenómenos de Eudoxo y Arato, escrita en tres libros, en los que pone a prueba la exactitud de las observaciones de estos acerca de las estrellas y las constelaciones, y ofrece una lista de salidas y puestas simultáneas de astros. De esta obra ha sido posible extraer mucha información sobre su propio sistema de coordenadas estelares. Su principal logro en astronomía es conocido por nosotros, sobre todo, gracias a la obra Colección matemática (Almagesto) de Ptolomeo. Hiparco fue, por encima de todo, un observador práctico de los cielos, y para establecer sus predicciones se sirvió de modelos geométricos y patrones numéricos procedentes de la observación. Reunió un catálogo de más de 850 estrellas fijas y fue el primero en asignar sus magnitudes estelares: existen seis clases de luminosidad de las estrellas, a las cuales clasifica desde la primera magnitud que comprende a las más brillantes, hasta la sexta que comprende las más débiles. Hoy en día sigue usándose la misma escala, si bien ha sufrido con el tiempo algunas modificaciones. Descubrió la sucesión de los equinoccios, calculó la duración del año con una precisión de seis minutos y medio, y explicó la duración del mes lunar con una diferencia de un segundo respecto a la cifra actual. Desarrolló una teoría de paralaje (diferencia entre las posiciones aparentes que en la bóveda celeste tiene un astro, según el punto de vista del observador), por lo que estuvo en condiciones de predecir con precisión los eclipses solares y lunares, y de estimar con más corrección los tamaños y distancias del Sol y la Luna, en el caso de esta última, con un alto grado de exactitud. Se sirvió de la ayuda de los documentos babilonios que había adquirido, así como de instrumentos mejorados por él mismo (probablemente inventó el astrolabio plano). Su honestidad científica hizo que fuera escéptico a la hora de formular una teoría de los planetas, pues consideró que los datos que tenía eran insuficientes. Sin embargo, fue el promotor del abandono de la teoría heliocentrista imperante hasta ese momento. Fue un buen matemático, interesado en la aplicación de las matemáticas a la astronomía y la geografía; su Tabla de cuerdas en el interior de un círculo era equivalente a la tabla de senos en trigonometría. Conocemos su trabajo en geografía por Estrabón. Escribió una obra crítica a la Geografía de Eratóstenes, mostrando ciertas inconsistencias y errores de detalle en los datos geográficos, así como errores matemáticos. Escribió también sobre óptica, mecánica (Objetos aplastados por su propio peso, o un calendario astronómico) y astrología. Publicó un catálogo de sus propios trabajos. Las observaciones que registra abarcan el período comprendido entre el 147 y el 127.
 
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