Homero
(siglo VIII a.C.?). El más antiguo y más grande de los poetas griegos. Sin embargo, "Homero" es poco más que un nombre para nosotros, al que tradicionalmente se atribuye la composición de los dos grandes poemas épicos que los griegos heredaron de tiempos anteriores a la etapa clásica, la Ilíada y la Odisea. Los griegos del período clásico no tenían idea de cuándo o dónde vivió y compuso sus poemas Homero, pero pocos dudaban de que se trataba del trabajo de una única persona. Distintas autoridades lo hacían remontar a un período cualquiera entre el final de la Guerra de Troya y quinientos años después de ella. Desde la época clásica, sin embargo, ha existido un vivo debate sobre la autoría de los dos poemas épicos. Ciertos eruditos alejandrinos estaban ya preparados para cuestionarse la unidad de autor, asignando los dos poemas a autores diferentes: a estos eruditos se les dio el nombre de chorizontes "los que dividen". La ciencia moderna, desde el siglo XVIII, reabrió la cuestión, y hasta mediados del siglo XX ha habido muchos "analistas" que han argumentado en favor de una composición múltiple y estratificada por parte de numerosos bardos de diferentes épocas. Propiciaron este enfoque el desarrollo en los estudios de filología comparada y la identificación de la variedad de estratos lingüísticos que hay en los poemas. El conjunto del debate acerca de los poemas es conocido como la "cuestión homérica". Más recientemente se ha vuelto a la creencia de que cada poema es en gran medida, si no completamente, una unidad de composición, y muchos eruditos atribuyen cada una de las obras, básicamente, a un único autor; algunos, incluso, atribuyen las dos al mismo poeta. Hay varias razones para este cambio de orientación: el reconocimiento de que los poemas se compusieron por medio de tramas cuidadosamente construidas, cada una de las cuales es claramente fruto de una misma mente; la unidad de naturaleza y la coherencia en la puesta en escena de hechos sociales, económicos y tecnológicos, coherencia que ha quedado confirmada por recientes descubrimientos arqueológicos y por la investigación que estos han originado. Sin embargo, y a pesar de estos rasgos comunes, hay algunos contrastes significativos entre los mundos de la Ilíada y de la Odisea, sobre todo en la forma en la que se presenta a los dioses y en el carácter menos arcaico de la lengua de la Odisea; esta es la razón por la que muchos eruditos modernos aceptan que se trata del trabajo de dos autores diferentes o, al menos, que las dos obras fueron compuestas en dos períodos significativamente distintos. La tradición sobre Homero nos cuenta que era un bardo ciego, como Demódoco, su personaje de la Odisea. Siete localidades se lo disputaban como hijo, pero solo las candidaturas de las ciudades jonias de Quíos y Esmirna, apoyadas respectivamente por Semónides y Píndaro, tienen peso. Que era jonio de nacimiento es un hecho que apoya la lengua de los poemas, que es predominantemente dialecto jonio con un estrato de formas eolias (los pobladores eolios de Lesbos y la costa misia eran vecinos cercanos de los jonios). La fecha más comúnmente aceptada para la composición de los poemas es hacia el 750 a.C., en el caso de la Ilíada, y hacia el 725 a.C., en el de la Odisea. El siglo VIII es la época de la colonización griega, y los poemas muestran un interés por la geografía del noreste, hacia el mar Negro, y del oeste, hacia Sicilia e Italia. También es la época en la que la cultura escrita vuelve al mundo griego, gracias a lo cual se han conservado para la posteridad unos poemas que muestran todavía evidencia de las técnicas de la composición y transmisión orales; lo que explica las inconsistencias ocasionales de los poemas ("cuando Homero duerme"). Es dudoso que los poemas fueran fijados por escrito mucho antes de la época
de Pisístrato, aunque muchos eruditos modernos consideran que para aquella época realmente ya lo estaban. Mientras fue tirano en Atenas, hacia el 540, Pisístrato fijó definitivamente por escrito ambos poemas, preservándolos y haciendo que se recitaran regularmente en los Festivales Panatenaicos. La Ilíada, titulada también La cólera de Aquiles, un poema de unos 16.000 hexámetros, es la historia de unos pocos días de acción hacia el final de la Guerra de Troya, cuando el ejército griego, al mando de Agamenón, estaba acampado en la llanura situada entre el mar y las murallas de la ciudad de Troya. El poema fue dividido en veinticuatro libros, que se adaptan hábilmente a los episodios de la trama; pero, por lo general, no se considera que esta división pertenezca a la mano del autor. La obra es un conjunto dramático unificado: solo el libro 10 parece una interpolación introducida en época posterior. El último libro vuelve a los importantes asuntos que se plantearon en el primero. La acción de los libros centrales (11 a 18) se desarrolla solo en un día; la de los libros 2 a 22 abarca cuatro, y el lapso de tiempo de la acción en su conjunto, desde que comienza hasta que acaba, es de poco más o menos un mes. Sin embargo, el poema apunta tanto hacia atrás, a lo largo de los diez años que venía durando la guerra, como hacia delante, hacia un futuro sobre el que sobrevuela el presagio de la muerte de Aquiles y la destrucción de Troya. La Odisea supone un contraste. Aunque en muchos sentidos es una continuación de la Ilíada, es más breve, ya que consta de unos 12.000 versos, y está ambientada en un mundo diferente. Geográficamente se extiende sobre un vasto territorio, que incluye buena parte del Mediterráneo y distintas regiones de Grecia, aunque el poeta ignora la geografía occidental de Grecia; además, nos adentramos en territorios completamente desconocidos, como Ogigia, la isla de Calipso o la Tierra de los Muertos. La construcción de la trama, con su prolongada mirada hacia atrás, a las andanzas del héroe, es sutil e inteligente. La Odisea rellena el hueco de nuestro conocimiento de los hechos que se produjeron desde el final de la Ilíada, de forma que hay referencia a acontecimientos ocurridos en el intervalo antes de que Odiseo abandonara Troya rumbo al hogar. La Odisea está dividida también en veinticuatro libros, que, según el tema tratado, se subdividen en grupos de cuatro. Muchos consideran inferior la calidad del último libro y de parte del libro 23 y piensan que es poco probable que sean obra de Homero. Esta parte narra el final de la historia: la llegada al Mundo Subterráneo de las almas de los pretendientes a la mano de Penélope, el encuentro de Odiseo con su padre, Laertes, y la confrontación final del héroe y sus partidarios con las familias de los pretendientes muertos. El período de tiempo que abarca la narración de la Odisea es bastante mayor que el de la Ilíada, y su marco geográfico es también más amplio. Pero en muchos sentidos, las técnicas de composición de los dos poemas tienen mucho en común: la forma en la que la acción se sugiere, pero es pospuesta hasta más adelante; la brusquedad de la transición entre episodio y episodio; la rapidez con la que se plantea una crisis y la reducción en la tensión, una vez que la crisis ha pasado; la forma en que se perfila el carácter de un personaje por lo que dice y hace, en lugar de por una descripción y exceptuando el uso esporádico de epítetos "formulares" (los calificativos tradicionales, en parte vacíos de contenido, que se utilizaban únicamente para rellenar sílabas en un verso y cuadrar la métrica); el uso de fórmulas repetidas para delinear la acción y proporcionar orientación a la narración, y el empleo de amplios y elaborados símiles, que alivian la tensión alejando a la audiencia del escenario de la acción. No hay otro poeta temprano, cuyas obras hayan sobrevivido, que emplee estas técnicas con semejante uniformidad o que haya compuesto obras con la atmósfera que poseen los dos poemas homéricos. Esta consideración nos lleva a la conclusión de que el mismo hombre compuso ambos, aunque quizá con un intervalo de tiempo. Como resultado de la fama de Homero, otras obras de fecha posterior fueron erróneamente atribuidas a él. Aunque también estaban compuestas en hexámetros, como los dos grandes poemas épicos, eran considerablemente más cortas y una de ellas, la Batracomiomaquia (combate entre ranas y ratones), ofrece una parodia del estilo de la Ilíada. Se conservan también 33 Himnos homéricos, dirigidos a distintos dioses y diosas, y todo un Ciclo épico, compuesto por relatos en verso de las míticas guerras de Tebas y Troya. Del ciclo tebano no conservamos prácticamente nada, pero del troyano tenemos resúmenes de Los cantos ciprios, la Etiópida, la Ilíada menor, la Iliupersis (el saqueo de Troya), los Nostoi (regreso de los héroes) y la Telegonía. Los datos sobre estas obras se conservan gracias al autor bizantino Proclo. Podemos vislumbrar en estos retazos del ciclo épico un cuerpo de material tradicional que existió mucho antes de la época de Romero y que, sin duda, fue empleado por innumerables bardos antes que él. Después de su época, este material era todavía empleado por los rapsodos, o poetas que actuaban en público, que continuaron sirviéndose de él mucho después de la desaparición de la tradición oral.

