Termópilas
Batalla de las (siglo V a.C.). Hecho histórico famosísimo por la heróica defensa que el rey espartano Leónidas, con trescientos de sus hoplitas y algunos voluntarios beocios hicieron en ese lugar hasta morir, contra el ejército persa del rey Jerjes I en agosto del año 480 a.C., en el trascurso de las Guerras Médicas. Entre Maratón y la defensa del paso de Las Termópilas transcurrieron diez años. Tanto persas como griegos dedicaron buena parte de este tiempo a montar sus propias estrategias. La muerte de Darío en 485 dejó el trono en manos de Jerjes, quien dio un nuevo impulso al expansionismo persa en el Egeo. Entretanto algunas "poleis" griegas decidieron constituir una alianza contra los persas que culminó en la "Liga Helénica", liderada finalmente por Esparta, pero con una importante aportación ateniense a la flota. En Atenas la rivalidad entre facciones políticas llevó al triunfo del plan diseñado por Temístocles basado en el refuerzo de la flota mientras que Milcíades fracasó en tomar Paros y fue condenado a una fuerte indemnización que, tras su muerte, asumiría su hijo Cimón. Por su parte los Alcmeónidas, presuntos propersas, fueron víctimas del "ostracismo" que precisamente se puso en práctica en 487/86: Hiparco, en 487; Megacles, en 486; Jantipo, en 484; en fin, Arístides, en 482. Pero en vísperas del combate, en la primavera del 480, todos ellos fueron reclamados para unirse a las fuerzas contra los persas. Por su parte Jerjes había diseñado perfectamente el plan de ataque a Grecia. Tras reconquistar Egipto regresó a Sardes e inició su marcha hacia el Helesponto con la intención de alcanzar Grecia por alguno de los pasos tesalios. Previamente había ordenado la construcción de un canal que evitara el peligroso paso por la costa del Monte Athos, donde diez años antes Mardonio había perdido muchas naves. En realidad el plan obedecía a una estrategia calculada según la cual las fuerzas de tierra y mar debían avanzar en paralelo pero sin perderse de vista con el fin de efectuar ataques simultáneos. En su notorio afán de resaltar la defensa griega Heródoto proporciona cifras fabulosas, de hasta cinco millones, del ejército de Jerjes, pero su número, aun alto, no debe haber excedido los 180.000 hombres incluidos los medos, hircanianos, bactrianos, etíopes, asirios, sagartianos y tracios, entre otros; también las naves, más de 4.000, podrían reducirse a unas 800, aportadas por fenicios, egipcios, carios, chipriotas, panfilios, cilicios y otros súbditos griegos. Aun así este ejército sin precedentes en el Egeo planteaba un grave problema de abastecimiento, de ahí que fuera preciso controlar la ruta del Egeo septentrional en dirección al Helesponto y el Mar Negro. Pero la marcha de Jerjes apenas hubiera sido posible sin haber contado con el apoyo de los tesalios primero y el de la mayor parte de Grecia central más tarde. En efecto, el acceso a Las Termópilas, cerca de la costa entre Fócide y Lócride oriental, fue imposible mediante la sumisión de Tesalia a la causa persa, puesto que los griegos no pudieron impedir su avance. En vano un ejército de unos 14.000 hombres (formado por peloponesios, con 300 espartanos, focidios, locrios, tebanos y corintios, entre otros) intentó hacerse fuerte al mando del rey espartano Leónidas, quien pereció en el combate junto con sus compatriotas. La victoria persa en Las Termópilas ponía Grecia central bajo el control de Jerjes y, en consecuencia, dejaba expedito el camino hacia Ática, por lo que la flota griega anclada frente a Artemisio, en la costa septentrional de la isla de Eubea, se replegó rápidamente para defender los accesos a El Pireo. Entretanto Temístocles había conseguido evacuar Atenas hacia Egina, Trecén y Salamina, porque era inminente la invasión de Ática por el norte sin que fuera posible oponer resistencia, ya que las fuerzas atenienses habían sido desplazadas a defender la región del Istmo bajo el mando del espartano Cleombroto, hermano de Leónidas. Como estaba previsto Jerjes llegó a Atenas, por tierra, casi al mismo tiempo que su flota alcanzaba el Falero y obligaba a la flota griega a buscar refugio en las costas de Salamina.

