PERENGIL
El yacimiento ibérico del Perengil se encuentra en el término municipal de la localidad de Vinarós, sobre una colina aislada formada de calizas del Cretácico que se yergue en medio del llano litoral de esa población, a una altura de 114 m sobre el nivel medio del mar del cual dista 5,50 km en línea recta. Desde esta cima, que está entre el Puig de la Nau de Benicarló y el de la Misericordia de Vinarós, los yacimientos ibéricos más cercanos, se divisa un amplio espacio de toda la costa marítima del llano y el actual paso hacia las tierras del interior. Sin embargo, por el norte y el sur las montañas son más altas y no permiten completar una visión de 360 grados sobre el entorno. La colina se ubica junto al río Servol y al camino que, siguiendo el margen derecho de este cauce fluvial, actualmente seco, une la costa con la zona de Rosell y de Benifasar, la cual presenta interesantes explotaciones de mineral de hierro, que parece ser se aprovechan ya desde el período histórico del Hierro antiguo. El edificio del Perengil es un conjunto arquitectónico construido en la cima de la colina, con una orientación de su eje longitudinal noroeste-sudeste. El conjunto principal es un rectángulo de 18,50 m de longitud y 11,20 m de anchura. La imagen del edificio se podría resumir de la siguiente forma: una construcción de forma paralelepipédica de considerable altura, erguida en la cima de una colina en medio de un llano litoral; prácticamente estaríamos ante un punto de referencia que se vería, no sólo desde cualquier punto de la llanura, sino desde cualquier paso que dé acceso a ella, e incluso desde el mar. Debió de ser un edificio con una gran apariencia de solidez, especialmente por la anchura de sus muros y la ausencia de aberturas en ellos, aunque este detalle es difícil de corroborar debido a la conservación de las paredes. A tenor del material cerámico recuperado, se puede datar el edificio entre el 210 y el 180 a.C.. Este asentamiento se construye en un momento en el que la zona presenta un gran vacío de población, ya que a tenor de los datos de que se disponen actualmente, sólo estaba habitado entonces el poblado de la Moleta del Remei de Alcanar (Tarragona), el cual no es visible desde el Perengil. El mayor interés del yacimiento reside en dilucidar su funcionalidad, ya que nos encontramos ante una construcción singular, de la que no se tienen paralelos en la Cultura Ibérica. Por el material que se ha recuperado, poco podemos saber, pues es escaso y está muy fragmentado y no hay ningún elemento que documente una actividad concreta. Por tanto, nos tenemos que basar en la peculiaridad de la construcción para proponer algunas funciones al edificio. La existencia de una estructura paralelepipédica a modo de altar, y junto a ella un hogar de considerables dimensiones, así como la otra estructura circular, su cuidada construcción y su forma rectangular, ha llevado a pensar en una función cultual, a modo de santuario aislado en la cima de la colina, como vemos en algunos edificios religiosos ibéricos del sudeste, pertenecientes al Ibérico tardío. No obstante, la no identificación de otros elementos que nos indiquen esta funcionalidad, como podrían ser depósitos votivos, sacrificios, elementos muebles para el culto, etc., así como el corto espacio de tiempo que estuvo ocupado, nos hace dudar de esa adscripción. El hecho de tener unos gruesos muros y situarse en la cima de la colina, nos acerca también a una funcionalidad estratégica de vigilancia o de fortaleza militar. Esta hipótesis puede estar apoyada también por la entrada en codo, ya que es una forma típica, aunque no exclusiva, de entrada a edificios fortificados. Pero hay que señalar que el edificio no está en el lugar más idóneo para una vigilancia del entorno que lo circunda, ni siquiera de las poblaciones vecinas (ya se ha indicado que no tiene una relación directa de visibilidad con la Moleta del Remei, único asentamiento ocupado en esta época). La ausencia de otros elementos constructivos o indicios arqueológicos alrededor de la torre, como en la falda de la montaña, nos aleja también de la posibilidad de que sea la torre central de un campamento militar. La cronología de finales del siglo III a.C. nos obliga a hacer referencia a la contienda de la II Guerra Púnica y, al encontrarse junto a la desembocadura del Ebro, no podemos dejar de pensar en las torres en las que, según Tito Livio, Asdrúbal situó vigilantes para controlar la costa antes de la batalla que sostuvo con Cneo Escipión en esta zona del Mediterráneo. No obstante, la imagen de prestigio que parece quiere dar el edificio, debido a lo cuidado del aparejo, nos aleja de una construcción hecha en un ambiente bélico, que se realiza con una mayor rapidez. Por último, indicar que, a tenor de la reconstrucción que se propone para el edificio, con un altillo en el interior, al cual se accede mediante las escaleras que se han localizado en el recinto principal, podrían indicar también una funcionalidad de almacén, en donde sobre este altillo se situaría un producto que requiere un aislamiento del suelo, o un sistema de almacenaje que precise una cierta altura para acceder a él. Recordemos por ejemplo, el sistema de grandes recipientes a modo de dolia que, para alcanzar su abertura y poder sacar el producto almacenado, se requiere algún tipo de plataforma. Hoy por hoy resulta difícil otorgar una funcionalidad concreta al edificio, pero sin duda estamos ante un nuevo tipo de construcción y de asentamiento dentro del patrón general de la estructuración del poblamiento ibérico, pero en el futuro, y tras la excavación de otros pequeños yacimientos ibéricos similares, se podrá obtener una interesante información sobre asentamientos de menor tamaño, ya sean éstos de carácter cultual, torres, lugares de habitación, de almacenaje, etc. No obstante, por el momento este edificio es una incógnita dentro de la interesante y compleja problemática de la Cultura ibérica. Hoy, en la provincia de Castellón, comunidad autónoma Valenciana, España.

