Hebe

o Iuventas. Por su nombre, Hebe aparece como la personificación de la juventud. Es hija de Zeus y Hera y, por tanto, hermana de Ares e Ilitía. En la "familia divina" desempeña el papel de criada o de la "hija de la casa". Antes del rapto de Ganimedes, Hebe sirve el néctar; prepara el baño a Ares, y ayuda a Hera a enganchar su carro. Danza con las Musas y las Horas al son de la lira de Apolo. Cuando la apoteosis de Heracles y la reconciliación del héroe con Hera, los dioses celebran su casamiento con Hebe, símbolo de su entrada en la juventud eterna de las divinidades. Tradiciones posteriores contaban que había sido madre con él de dos hijos, Alexiares y Aniceto, y que era una divinidad con el poder de rejuvenecer a los ancianos, como hizo en una ocasión con Yolao por un día cuando éste iba a luchar con Euristeo. En el arte solía ser representada llevando un vestido sin mangas. Fue adorada en Atenas, donde tenía un altar en el Cinosargo, cerca del de Heracles. Bajo el nombre de Ganimeda (femenino de Ganimedes) o Día fue también adorada en una arboleda sagrada en Sición. Su equivalente en la mitología romana era Juventas, siendo tradición que los muchachos le ofrecieran una moneda cuando vestían por primera vez la toga de los adultos. Tuvo varios templos en Grecia y después en Roma, en donde se la identificó con la diosa Juventas. En Roma fue adorada desde época muy temprana, pues su capilla en el Capitolio existía antes de que se construyese el templo de Júpiter. Otro templo de Juventas, situado en el Circo Máximo, fue jurado por el cónsul Marco Livio tras la derrota de Asdrúbal, en el 207 a.C., y consagrado 16 años después. Iconográficamente aparece como una bella joven coronada de flores y con una copa en la mano.
 
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