Olerdola

El conjunto histórico de Olerdola se halla estratégicamente situado sobre un cerro desde el cual se divisa un amplio panorama de la llanura del Penedés y del macizo del Garraf. El singular enclave ha sido ocupado periódicamente por el hombre en los últimos cuatro milenios, muchas veces en función de la situación política, económica y/o social de cada momento histórico y de la repercusión de estos hechos en su entorno inmediato. La montaña de San Miguel de Olèrdola está a unos 50 km al sur de Barcelona, en los límites meridionales del Garraf, macizo perteneciente a la sierra litoral catalana. La singularidad de Olérdola reside en su dilatada ocupación humana y en la relevancia de la mayoría de sus asentamientos. Así, al todavía poco conocido establecimiento al inicio de la Edad del Bronce, que probablemente se alterna con otras ocupaciones a lo largo de ese período, le siguen un primer poblado amurallado a inicios de la Edad del Hierro, el oppidum ibero, la fortificación romano-republicana, una probable ocupación durante la tardo-antigüedad y la ciudad/castro altomedieval. Las ruinas de Olérdola despertaron un vivo interés entre los eruditos de los siglos XVIII y XIX. La identificación de los restos olerdolanos con una ciudad clásica mantuvo ocupados a los eruditos hasta mediados del siglo XIX. Carthago Vetus, citada por el geógrafo alejandrino Ptolomeo, fue la ciudad que más claramente se identificó con Olèrdola, aunque no era la única que pretendía ser la Carthago Vetus de las fuentes. Otras ciudades, como Vilafranca del Penedés, requerían para sí tal honor. El alto valor geo-estratégico (control del territorio y de las vías de comunicación), se complementa con otras características físicas de la montaña, que favorecieron y posibilitaron la ocupación humana. Entre ellas cabe destacar los acantilados que rodean el cerro, a excepción de un tramo, punto donde se levantaron las distintas murallas. Sin duda, los recursos hídricos disponibles en torno al promontorio y en especial en el pequeño valle que lo limita por el noroeste jugaron un determinante papel. A ello hay que añadir los recursos forestales (bosques mixtos de encinas y pinos con arbustos como el acebuche y el lentisco) y el rápido acceso a la fértil llanura del Penedés. Olérdola ha actuado, especialmente en época prerromana y medieval, como núcleo principal y vertebrador de un extenso territorio. Su influencia y dominio desaparecieron en el momento en que en este mismo territorio se dieron las circunstancias adecuadas para una más cómoda habitabilidad en las zonas llanas. Los primeros pobladores se establecieron en Olérdola en el período inicial de la Edad del Bronce. Esta primera ocupación ha dejado escasos testigos: un fondo de cabaña, un depósito excavado en la roca, vasos cerámicos e industria lítica. No es prudente en estos momentos formular hipótesis verosímiles referentes a la caracterización de esta etapa, puesto que se desconoce la complejidad del asentamiento, el número y la distribución de las cabañas y el modo de vida. Tampoco se puede establecer una clara periodización cronológica, puesto que los distintos materiales recogidos abarcan desde la etapa inicial de la Edad del Bronce (a destacar un vaso campaniforme (1.800-1.500 a.C.) al período final. En los acantilados que se levantan frente a Olérdola por el noroeste, sobre el fondo de la Seguera y en la Vall, se localizan diversos abrigos que contienen pictogramas rupestres. A destacar, la cada vez más habitual presencia de materiales cerámicos fenicios, tanto en Olérdola como en los pequeños asentamientos rurales situados en el llano. Así, se configura ya en estos momentos como un núcleo destacado, dentro de su territorio, papel que sin duda seguirá ejerciendo en adelante. Por el momento, no se puede definir claramente la continuidad o la ruptura entre el poblado de inicios de la Edad del Hierro y el oppidum ibérico, ya que no han sido localizados todavía materiales pertenecientes al siglo VI a.C. y los del siglo V a.C. son escasísimos. El poblado cesetano perdura a lo largo de unos cuatro siglos, (entre mediados del siglo V/inicio del siglo IV, hasta mediados del siglo I a.C.). La muralla de la etapa precedente es reutilizada y la estructura urbana se concentra igualmente en la parte interior del cerro. Se conoce un poco mejor la urbanística y las características de algunas unidades de habitación. Tanto en el área de entrada a la muralla, como al pie de la cantera, se han excavado diversas casas y espacios de circulación que han proporcionado los datos imprescindibles para que Olérdola sea considerada, efectivamente, como.un poblado ibérico, condición que "perdió" a mediados de siglo al ser identificada como romana la única muralla visible en aquel momento y, por extensión, los otros restos conservados. El urbanismo del poblado se adaptó perfectamente a la orografía del terreno, resultando así una estructura en terrazas a las que se adaptaban las viviendas, parcialmente recortadas en la roca. Los romanos se instalaron en la montaña de San Miguel de Olérdola cuando aún estaba ocupada por los cesetanos. A priori no parece que esto significara el desalojo o el abandono de los iberos. Sin duda, Olérdola fue escogida por los estrategas militares como el punto más adecuado para el control del territorio situado al norte de la ciudad de Tarraco, que presumiblemente finalizaba en Ad Fines, la actual Martorell. A finales del siglo II a.C. o inicios de la centuria siguiente, los romanos levantan una impresionante muralla con grandes sillares regulares (opus poligonal), por delante del ya viejo muro defensivo ibérico, así como una gran cisterna y una atalaya en el punto culminante de la elevación. La cisterna, situada en la mitad inferior de la plataforma rocosa, está excavada completamente en la roca madre, y su capacidad es de alrededor de 350 m3. El agua era recogida mediante dos canales que la conducían hasta una balsa de decantación que filtraba las impurezas antes de llegar al aljibe. La tercera obra edilicia con la que los romanos dejaron su perdurable y monumental huella, es la torre de vigilancia situada en la cima. De grandes sillares cuadrangulares (opus quadratum) hoy sólo es visible su interior, vaciado de antiguo, mientras que el exterior está cubierto por su propio derrumbe y el del castillo medieval a ella adosado. El poblado y la fortificación se abandonan en la segunda mitad del siglo I a.C., con el territorio totalmente romanizado y en pleno funcionamiento de las ciudades y las villas fundadas por los romanos. En este momento ya no tiene sentido el mantenimiento de una base militar alejada físicamente de la vía heraclea/augusta que discurría por el Penedés y en un entorno totalmente pacificado. Entre los siglos I al III no hay rastro de ocupación de la montaña. A partir del siglo IV tenemos leves indicios de la presencia humana, monedas bajo-imperiales, cerámicas estampilIadas, un capitel de mármol, aunque sin poder establecer por el momento las características más elementales de esta presencia ni dejar de considerar que dichos elementos sean aportaciones de etapas posteriores. No parece descartable la utilización del enclave durante el Bajo Imperio y la tardo-antigüedad, ocupación que enlazaría y facilitaría la conversión en Castrum/Civitas alto-medieval. Hoy, Olèrdola, provincia de Barcelona, comunidad autónoma de Cataluña, España. Ver, Cosetania (región de Hispania, cuyos límites no han sido aún bien determinados, que se extendía aproximadamente por las actuales ….).
 
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