Galos
o Celtas o Gálatas. Naturales de la Galia, antigua región de Europa, o de Galacia, Anatolia. Se dio el nombre de galos a una rama de los indo-europeos que se dispersaron en el mar Negro, hacia el norte, siguiendo el Danubio, se extendieron sobre el Rhin, y sojuzgaron la Galia y Britannia. Diversos pueblos de la Europa occidental fueron llamados celtas, a veces confundidos con colonos e invasores ligures o pelásgicos, pero el nombre de galos fue dado por los romanos a los que invadieron la parte superior de Italia y Francia a partir del siglo VII a.C. y dominaban aquellas comarcas, firmemente establecidos, en el siglo VI a.C.. En forma específica se denominó galos a los celtas que ocuparon las zonas de la Galia. Hoy día, los historiadores y arqueólogos han convenido que las Galias eran múltiples, es decir, que no todas las regiones se correspondían con un mismo grado de "celtitud". Los romanos ya lo habían advertido, por lo que hacían una diferencia entre la Galia Cisalpina y la Transalpina. A su vez, la Transalpina era dividida en cuatro que, según la época de Roma, llamaron Galia Belgique, de celtas menos ortodoxos, la Galia Comata, la netamente celta o tradicional, la Galia Aquitana, con celtas de características diversas o poco definidas y la Galia Luguria o celtoligur, la primera en ser anexada a Roma como provincia. Los galos (o celtas) se extendieron por toda Europa desde siglos antes de la llegada de los romanos. Eran gentes en continua migración a quien los griegos llamaron keltoi (celtas), aunque se piensa que con este nombre no estaban señalando a un único pueblo sino a unas gentes que se movían y se situaban en determinados territorios, identificándoles realmente con los hiperbóreos. Por eso los historiadores y geógrafos griegos, al observar las migraciones y escribir sobre los keltoi decían: "la Céltica está más allá de los Alpes", "la Céltica está cerca de los Ligures, en Italia", "la Céltica está en Asia Menor [Turquía]", "la Céltica está más allá de las Columnas de Hércules". Estos celtas asentados en eI territorio que actualmente ocupa toda Francia, fueron llamados en la antigüedad por los romanos, galos, y el territorio, Galia Transalpina. Así mismo otros grupos de galos se habían asentado en el norte y centro de Italia, siendo llamados por los romanos galos de la Galia Cisalpina. Otros grupos celtas habían seguido su camino cruzando los Pirineos hasta Hispania, donde se mezclaron con los pueblos indígenas y cuya fusión dio lugar a lo que los historiadores llamaron celtíberos. Más tarde, en el siglo III a.C., hubo una gran migración de galos hacia Oriente, recorriendo toda Grecia y llegando hasta Asia Menor donde, después de grandes enfrentamientos con Eumenes I y Átalo I de Pérgamo, fueron rechazados por éstos y se dirigieron a la zona central de Capadocia donde se asentaron formando una región que pasó a llamarse Galacia y por tanto sus habitantes pasaron a llamarse gálatas o galateos. Son aquellos pobladores a los que se dirigió el apóstol Pablo en su famosa Epístola a los Gálatas. La antigua ciudad de Ankara que fue sometida antaño por Alejandro Magno pasó a ser la capital de esta región, con el nombre de Ancyra. La dinastía turca de los selyúcidas la rebautizaron más tarde como Angora. El nombre de Ankara fue restablecido en 1930. Al principio invadieron el mundo griego, que terminó con la destrucción y pillaje del santuario de Delfos; todos los hechos posteriores los conocemos por los escritores griegos y romanos. César, el conquistador de las Galias, describe a los galos como individuos inteligentes, muy activos e impulsivos, caracterizados por el gusto por todo lo inestable, cambios de territorio, predilección por las aventuras y las guerras con las siguientes palabras: "codicia por todo lo nuevo". El sentimiento de libertad les proporcionó grandes triunfos, pero el poder militar de Roma bajo el genio de Julio César impuso en ellos un sentimiento de unidad que jamás habían logrado anteriormente. Julio César derrotó a las tribus celtas de las Galias entre el 58 y el 51 a.C, y escribió sus experiencias en De bello gallico "Sobre la guerra de las Galias". La región que entonces conquistaría César era la Galia Transalpina donde se hallaba incluida la Galia Comata. El entonces cónsul romano acudió al territorio de la Galia Comata para socorrer al pueblo eduo, el cual creía que los helvecios, establecidos en lo que hoy es Suiza, sintiéndose amenazados por los germanos, deseaban invadir sus tierras, cuando en realidad, sólo la pensaban atravesar en su paso hacia el pago de los santones, al norte de la Aquitania. Más tarde los mismos eduos que estaban en lucha contra los celtas de la Galia Belgique, volvieron a pedir su ayuda. Como la paz duraba poco en esos territorios, las continuas disputas entre las dos grandes confederaciones de eduos y arvernos, y la amistad con que Roma había distinguido a los primeros, fue para Julio César la excusa perfecta para instalarse en el lugar. Siempre con el pretexto de pacificar la región, llevó a cabo diversas acciones en contra de los varias tribus galas, y en 56 a.C. libró una batalla naval contra los vénetos en su paso hacia Britannia. En el año 55 a.C, pueblos celtas a los que Julio César confunde con germanos, se hallaban muy cerca de las Galias, en la otra orilla del Rhin. César mando a su legión construir un puente de madera sobre el río y lo cruzó para luchar contra ese pueblo. De esta forma, evitó una nueva invasión. Fueron dos campañas brillantes y temerarias contra Ariovisto, el jefe "germano", que a pesar de ser su ejército mucho más numeroso fue aniquilado por los romanos cerca de Ostheim, Alemania. La conquista romana peligró por el levantamiento del jefe galo Vercingétorix, el único que consiguió unir a los celtas del continente y ser proclamado generalísimo del ejército, en el año 53. Pero su condición de hombre ignorante e irreflexivo lo situaba en lamentable inferioridad respecto de los inteligentes generales romanos, cultos y estudiosos de las teorías estratégicas y cuyas legiones, aunque inferiores en número, eran disciplinadas y leales. Tras someter César toda Galia central, el caudillo galo fue sitiado en Alesia, donde se le obligó a la rendición y fue hecho y trasladado a Roma, donde fue ejecutado en el año 46. Los galos, a la caída del Imperio romano, fueron una vez más víctimas de su propio espíritu pendenciero y localista, que les impidió la unión ante la amenaza germánica que los invadía. Finalmente, los galos del continente fueron reducidos a la esclavitud o diezmados por los francos, burgundos, alanos sajones, vándalos, godos y otros pueblos advenedizos. Al poco tiempo de retirarse las legiones romanas de Britannia, la actual Inglaterra, los galos isleños enviaron una carta al último gobernador romano, el general Aecius (el mismo que, con los últimos restos de las legiones logró vencer a Atila), en la que suplicaban que volviese con las legiones a la isla de Reino Unido, pues los salvajes sajones los estaban exterminando y masacraban a sus mujeres y niños. Pero ya era demasiado tarde. Las fuerzas de Roma estaban quebrantadas por la agresión simultánea que recibía en la totalidad de sus fronteras. Diez naciones germanas por el norte, en Asia avanzaban los mongoles, los árabes, los númidas y en el Danubio presionaban los invasores godos. Las sombras medievales y el cristianismo iban a destruir la cultura clásica de la antigüedad, y comenzaba a plasmarse la civilización judeo-cristiana-sajona que caracterizó los últimos 1500 años de historia. Ver, Celtas, Galacia.
)o( MITOLOGÍA.- Los dioses que los galos procuraban hacerse propicios eran Eso, Teutates o Tutatis, y Taranis. César dice que bajo otros nombres adoraban a Mercurio, Apolo, Marte, Júpiter y Minerva, es decir, a unos dioses que correspondían a estas divinidades, pero tenían una particular veneración por Mercurio. Le consideraban como al inventor de todas las artes. Creían que presidía los caminos, a los negocios; que Apolo alejaba las enfermedades; que Minerva había dado principio a las manufacturas y a las artes; que Júpiter tenía el imperio del cielo; y que Marte dirigía la guerra: así le atribuían todo lo que tomaban en la guerra, y después de la victoria se le inmolaban todos los animales cogidos al enemigo. Se vanagloriaban de descender de Plutón; y por esto contaban el tiempo no por los días, sino por las noches. Hércules puede considerarse también como dios de los galos. Ver, Ogmion. Se sabe que inmolaban víctimas humanas a sus dioses, persuadidos que no puede rescatarse la vida de un hombre sin la de otro hombre. Lo que estaba más en uso, para hacer estos sacrificios era una estatua de mimbre, de un tamaño enorme, que llenaban de hombres vivos a la cual prendían fuego. Ver, Druidas, Flath-inis.

