Fariseos

Secta judía del período del Segundo Templo. La palabra secta no tiene contenido peyorativo, ni el significado moderno de este término. Su contenido es similar al de "escuela" en el ámbito helenístico. Mucho más delimitada doctrinalmente que otras. Se forma en Palestina en los últimos ss. antes de la era cristiana y que se caracteriza por su estricta interpretación y observancia de la Torá o Ley judía. Insisten en el valor de la "Ley oral", transmitida verbalmente desde Moisés, junto a la "Ley escrita" de la Biblia. El estudio de la Torá y la práctica de sus preceptos religiosos constituyen para ellos el ideal de vida, mientras esperan la venida del Mesías. Los rabinos o maestros religiosos encarnan su ideal de conocimiento, acción y esperanza. Conceden especial importancia a la pureza ritual y a la "santidad", regulada por las normas del Pentateuco. El nombre significa originariamente "separados" y se debe seguramente a la importancia que atribuyen a su separación, sobre todo ritual y de prácticas religiosas, de los paganos y extranjeros. Aunque comparten al principio su influencia con otros grupos religiosos, como el de los saduceos, los esenios, los celotas y otras sectas apocalípticas, los fariseos llegan a alcanzar la preponderancia desde el siglo I a.C. y se convierten en la rama más representativa del judaísmo, continuada por las escuelas de Hillel y Sammay, y en general por los rabinos de los primeros ss. de nuestra era, que se consideran sus herederos legítimos. En el momento de la destrucción del Templo y tras las dos guerras con los romanos, los fariseos son el único grupo religioso judío capaz de adaptarse a la nueva situación y de dar nueva forma al judaísmo, en la línea de sus principales prácticas y enseñanzas, para que sobreviva en los ss. siguientes. Son así los que dan forma al judaísmo de nuestros días. Se les menciona con frecuencia en el Nuevo Testamento, aunque la imagen que se da de ellos es claramente unilateral: representan al judaísmo que sigue fiel a sus tradiciones seculares, que se aferra al cumplimiento estricto de la Ley y no acepta las nuevas enseñanzas cristianas. Esto lleva a que sean presentados como excesivamente literalistas y hasta hipócritas, aunque no hay que olvidar el tono polémico y apologético de estas fuentes rivales. De las obras de Flavio Josefo pueden desprenderse conclusiones relevantes acerca de los fariseos: )o( 1º Creían en la libertad humana, en el libre albedrío. Aceptaban la influencia del Destino, pero podían decidir qué hacer con su vida. )o( 2º Creían en la inmortalidad del alma. Consecuencia de ello, afirmaban la existencia de un castigo y una recompensa eternos. )o( 3º Creían en la resurrección. Las almas buenas recibían un nuevo cuerpo, no un nuevo cuerpo mortal, sino un cuerpo para toda la eternidad. )o( A todo ello habría que añadir la creencia en el Dios único y en su Torah, la aceptación del sistema de sacrificios sagrados del Templo (no común a todas las sectas) y la creencia en la venida del Mesías (que tampoco sustentaban todas). El Nuevo Testamento, a diferencia de Flavio Josefo, ofrece un retrato de los fariseos que no arranca de una mentalidad favorable a los mismos, cuestionándose muchos aspectos de su interpretación específica de la Ley de Moisés. El Talmud habla de siete clases de fariseos, de las cuales sólo dos eran buenas, mientras que las otras cinco estaban constituídas por hipócritas. Los fariseos eran una secta laica (ninguna importancia a los sacerdotes), su calendario era lunar y creían en el libre albedrío. Ver, Haireseis.
 
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