Saduceos
Secta judía del período del Segundo Templo. La palabra secta no tiene contenido peyorativo, ni el significado moderno de este término. Su contenido es similar al de "escuela" en el ámbito helenístico. Formado, sobre todo, por miembros del sacerdocio del Templo de Jerusalén y las familias aristocráticas. Durante algún tiempo disputaron la supremacía religiosa y política al grupo de los fariseos, al mismo tiempo que convivieron con distintos grupos, como los esenios, los celotas y otras sectas apocalípticas. Creían únicamente en la "Ley escrita", esto es, en el texto de la Biblia y no aceptaban que tuviera autoridad comparable a ella la "Ley oral" o tradición transmitida verbalmente, defendida por los fariseos. Rechazaban el Destino y apartaban de Dios, no sólo la comisión sino la misma visión del mal. Mantenían que el hombre cuenta con una voluntad libre para elegir entre el bien y el mal y que depende de la voluntad del hombre si sigue uno u otro. No aceptaban la resurrección, ni la vida después de la muerte, por tanto, tampoco premios ni castigos ni las esperanzas mesiánicas tal como las formulaban los fariseos. Discrepaban también de estos últimos por su rechazo de la angeleología y por insistir en la libre elección del bien y del mal por parte del hombre. Como no reconocían ni penas ni recompensas, según se ha dicho, eran inexorables en el castigo de los malvados. Observaban y hacían observar las leyes con la mayor severidad. Su nombre parece aludir al Sumo Sacerdote Sadoq, de los tiempos de Salomón, de quien se consideran descendientes. Es muy posible que el nombre de fariseos fuera creado por los saduceos, que los calificaban de parsim (persas). De ser así, los saduceos se habrían considerado los verdaderos garantes de la fe de Israel, frente a un grupo que, según ellos, la había contaminado con ideas supuestamente persas, como las de la inmortalidad del alma o la creencia en la resurrección. Sin embargo, coincidían con los fariseos en la existencia de un libre albedrío y de una responsabilidad del hombre por lo que le aconteciera. Se les menciona frecuentemente en el Nuevo Testamento. A ellos, como dirigentes de los sacerdotes, se les atribuyen las maniobras que culminan en la entrega de Jesús a las autoridades romanas para que sea ajusticiado. Su importancia decrece notablemente en el momento de la destrucción del Templo, el año 70, cuando prácticamente desaparecen. Sólo los fariseos serán capaces de reorganizar el judaísmo y de darle vida para los ss. siguientes. Hay alguna semejanza de planteamiento entre los principios religiosos de los saduceos y los de los caraítas medievales. Aunque no puede hablarse de una continuación, las coincidencias son bastante notables. Ver, Haireseis.

