Graco

Gayo Sempronio (Caius Sempronius Gracchus) (154-121 a.C.). Político y reformista social, hermano menor de Graco, Tiberio Sempronio. Su madre, Cornelia, era hija de Escipión el Africano. Con tan solo veintiún años participó en la comisión agraria establecida por las medidas legislativas de su hermano. Dotado de una gran elocuencia, quiso resolver la crisis económica y social de la República mediante una expansión de su comercio y una consolidación de su presencia en las orillas del Mediterráneo. En el 134 estuvo en Hispania sirviendo bajo las órdenes de su primo Escipión Emiliano en la campaña de Numancia. En el 126 se opuso inútilmente a la propuesta del tribuno Junio Penno de librarse en Roma de los colonos que no tuvieran la ciudadanía, y fue enviado a Cerdeña como cuestor. Gayo Graco abandonó este puesto en el 124, antes del fin del período ampliado de su cargo de gobierno, y tuvo que responder ante los censores por este acto. Fue elegido tribuno de la plebe para el 123 y de nuevo para el año siguiente; durante este período llevó a cabo un fuerte programa legislativo cuyo orden no conocemos del todo. A instigación de su madre hizo una propuesta que prohibía que los magistrados que habían sido depuestos por la Asamblea del pueblo optaran a cualquier otra magistratura posterior. Gayo Graco hizo aprobar una medida retrospectiva que declaraba ilegales los tribunales que dictaban penas capitales sin la autorización de la Asamblea del pueblo; Popilio Lenas, que había ejecutado a los seguidores de Tiberio Graco tras juzgarlos en un tribunal constituido por el Senado, fue procesado y desterrado. Gayo Graco restableció la legislación agraria de su hermano, retirando las limitaciones impuestas a la comisión por Escipión Emiliano. Aprobó también una ley para fundar nuevas colonias de ciudadanos romanos en Italia para permitir así, tanto a un mayor número de pobres urbanos como a las personas más ricas, empezar una nueva vida más productiva. Sensibilizado por la escasez de cereales importados, decretó precios subvencionados para el suministro de grano. Por su ley, el Estado compraría grandes cantidades de grano y lo almacenaría en graneros estatales para venderlo al público a un precio fijo y accesible. Esta annona fue una novedad en Roma, pero ya estaba instaurada en el mundo griego. Gayo Graco aprobó leyes para mejorar el servicio militar (fijando la edad mínima en los diecisiete años y proporcionando a los soldados ropa gratuitamente) y para construir carreteras en Italia. Estas medidas fueron sin ninguna duda muy populares entre el pueblo. Un intento de cambiar radicalmente el derecho al voto y de conceder a los latinos la ciudadanía fracasó, y Gayo se propuso aumentar sus apoyos, ganándose el favor del orden ecuestre, que estaba compuesto por muchos miembros ricos, pero no políticos, de la sociedad. Por ello transfirió los jurados de los tribunales que juzgaban los cargos de extorsión del Senado a los caballeros, arrebatándoles de este modo a los senadores una fuente de corrupción y de partidismos. Gayo Graco concedió a los caballeros el control de los impuestos de la nueva y rica provincia de Asia, decretando que el censor debería subastar los contratos para la recaudación de las cargas de esa provincia. De este modo se incrementó el poder de los caballeros sobre los gobernadores provinciales y se frenó la libertad de los senadores para abusar de sus poderes. Gayo tuvo un fácil primer año como tribuno, pero en el 122, aunque contaba con el apoyo del ex cónsul M. Fulvio Flaco, otro tribuno del entorno de la aristocracia, M. Livio Druso, ayudado por un antiguo amigo de Gayo, Fannio, intentó minar la influencia de Gayo en el pueblo proponiendo medidas incluso más populares que las suyas. Druso propuso que se fundaran doce nuevas colonias, que los lotes de tierra otorgados por la comisión agraria estuvieran libres de renta y que fuera ilegal azotar a los hombres con derechos latinos, incluso en el ejército. Fueron Druso y Fannio quienes hicieron fracasar el plan de Gayo Graco de extender el derecho de voto a los latinos. La comisión creada para llevar a cabo las proposiciones de Druso hizo muy poco, pero la popularidad de Gayo Graco comenzó a decaer. En su segundo año como tribuno, Gayo Graco abandonó Roma un par de meses para supervisar la fundación de Junonia, una colonia de Cartago, y durante su ausencia, sus enemigos hicieron todo lo posible para desacreditar su política. A consecuencia de ello, Gayo Graco fracasó en ser reelegido para el tribunado del 121. Cuando al año siguiente se atacó la ley para la fundación de Junonia, Gayo Graco apareció en el foro con guardaespaldas para oponerse a los cambios; en el disturbio resultante, un servidor del cónsul Opimio fue asesinado. El cónsul, enfurecido, persuadió al Senado para que se aprobara la resolución "para que el cónsul vigilara que el Estado no sufriera daño" (más tarde llamada decreto último, senatus consultum ultimum). Los reformistas ocuparon el monte Aventino, donde los seguidores de Opimio, fortalecidos por el apoyo del Senado, los vencieron y asesinaron. Opimio procedió entonces a acorralar y asesinar, sin juicio previo, a más de 3.000 seguidores de las reformas graquianas.
 
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