Heraclides

(siglo IV a.C.). Filósofo griego de la escuela platónica, nacido en Heraclea del Ponto (mar Negro). Era de noble cuna y lo suficientemente rico como para ir a Atenas a unirse a la Academia y estudiar allí bajo la dirección de Espeusipo. Durante un tiempo, en el 361, fue director temporal de la Academia, en la tercera visita de Platón a Sicilia. Cuando Espeusipo murió, en el 338, Heraclides no logró ser elegido sucesor, siendo desplazado por poco por Jenócrates. Trabajó en la Academia junto con Aristóteles, antes de que este último fundara el Liceo. Regresó a Heraclea en el 338 y vivió allí al menos hasta el 322. Escribió sobre una gran variedad de temas. Nos han llegado solo fragmentos de sus obras. Al igual que Platón, prefirió componer en forma de diálogo. Se conserva una lista incompleta de sus obras en la obra de Diógenes Laercio, Vidas de filósofos, 5, 86 y ss.. Parece que sostuvo una teoría original acerca de la naturaleza del sistema solar: la Tierra, en el centro del sistema, se mueve sobre su propio eje una vez al día de oeste a este; el Sol se movería en torno a la Tierra anualmente de este a oeste, y los dos planetas interiores, Venus y Mercurio, girarían en torno al Sol. También parece que sostuvo que el universo es infinito y que las estrellas son mundos separados. En física fue partidario de la teoría, quizá basada en el Timeo de Platón, de que la materia está compuesta de partículas elementales que, al contrario que los átomos, pueden dividirse o combinarse para formar sustancias nuevas o diferentes. También estaba interesado en una de las principales cuestiones de la época, la escatología, y se sirvió en sus diálogos de personajes de carácter chamánico, como Pitágoras y Empédocles, así como de otros probablemente inventados por él, como Empedótimo y Abaris. Tenemos fragmentos del relato de un sueño de Empedótimo que sitúa el origen del alma en la Vía Láctea y proclama que consiste en luz. No sabemos nada sobre su trabajo en ética, metafísica, música o poesía. Su estilo posee aparentemente algo del encanto de Platón, y llamó la atención de Cicerón y de Plutarco.
 
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