Jonás

o lonas o Yonah (siglo VIII a.C.). Uno de los profetas menores del Antiguo Testamento. Natural de Gatha-Hefer (hoy, Khirbet el-Zurra), de la tribu de Zabulón e hijo de Amittay, predicó durante el gobierno de Jeroboam II. Se le atribuyó la redacción de un libro, conocido con su nombre. Tal libro, que data en realidad del siglo V a.C., de claro carácter didáctico, recoge el episodio del cetáceo que engulló al profeta al eludir éste la misión de ir a predicar a Nínive, capital del Imperio asirio. Arrojado del vientre del animal, sano y salvo, cumplió la orden recibida de Dios, predicando en dicha ciudad a la que amenazó con la destrucción total si no se convertía en un plazo de 40 días. La tradición sitúa en Nínive, en el tell de Nebi Yunus, la tumba de tal profeta. )o( NOTA.- Fue el protagonista del que quizá sea el primer relato corto que merece ser calificado de inolvidable. Tras recibir el mandato divino de marchar a Nínive para condenarla por sus vicios, Jonás, embargado de un muy comprensible temor ante la posible reacción de sus habitantes, se embarca hacia Tarsis, una ciudad que se hallaba justo en la dirección contraria. Dios, que no se deja burlar tan fácilmente, desencadena entonces una tormenta. Mientras arrecia el temporal, Jonás duerme, pero sus camaradas de a bordo, francamente asustados, deciden echar suertes para saber quién es el culpable de su infortunio; la responsabilidad de lo que está ocurriendo recae en Jonás. Acto seguido le arrojan por la borda, se calma la tormenta y un pez enorme se traga a Jonás. Tras pasar tres días y tres noches en el vientre del pez, Jonás es vomitado a tierra, sin que parezca haber sufrido daño alguno después de tan singular aventura. Dios repite otra vez sus órdenes y, en esta ocasión, Jonás las lleva a cabo. Los habitantes de Nínive se arrepienten y Dios los perdona. No obstante, Jonás se muestra contrariado por el perdón de Dios, pues se había construido una choza justo a las afueras de la ciudad con la intención de asistir desde allí al espectáculo de la venganza divina. Dios hace crecer una planta de ricino para que proteja a Jonás del sol y del viento, pero, al día siguiente, envía a un gusano que acaba con el ricino, dejando a Jonás expuesto de tal forma a los elementos que éste ruega a Dios que ponga también fin a su vida. Jonás reflexiona sobre lo ocurrido, y la pena que siente por el ricino seco le lleva a compadecerse también de las gentes de Nínive y a aceptar que Dios haya revocado la maldición que había de caer sobre ellos. Esta fábula moral, donde se mezclan los elementos fantásticos con otros propios de una parábola, es ante todo un excelente relato.
 
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