Juan de Giscala

(siglo I). Judío natural de Giscala, Galilea superior. Fue uno de los jefes que defendieron a Jerusalén contra Tito. Para librarse del hambre se hizo bandolero, y tras reunir una partida de cuatrocientos hombres ofreció sus servicios al historiador Josefo, que le encargó fortificar Giscala. Quiso luego asesinar a Josefo, para reemplazarle en el gobierno de Galilea. Sitiado en Giscala por Tito, se refugió en la capital judía huyendo de la tropa romana, ya que en una ocasión Vespasiano, cuando era comandante del Ejército romano en Judea y antes de ser elevado a la púrpura, ordenó a su hijo Tito, al frente de un grupo de caballería (mil hombres), dirigirse contra la población de la que era originario el rebelde judío. Éste decidió huir a Jerusalén y refugiarse tras sus muros. Una vez en la capital y en connivencia con zelotes e idumeos, estos últimos habían sido llamados a Jerusalén en apoyo de los primeros para aplastar al sector moderado del sumo sacerdote Anano (Anán, Hanan), que estaba a punto de controlar la situación en la capital, Juan de Giscala junto con Simón Bar Giora, el "hijo del prosélito" (Bargioras en Tácito), se convirtió en líder de la milicia judía que Luchó contra las legiones de Tito, hijo de Vespasiano. Este acontecimiento es para Josefo una desgracia, ya que con desesperación el narrador contempla cómo la capital judía queda a merced de los más extremistas. Entre abril y septiembre del año 70 los judíos refugiados tras los muros de Jerusalén, unos 20.000, hacen frente a las tres legiones de Tito: V Macedonica, X Fretensis y XV Apollinaris. A ellas se sumó un total de 23 cohortes y seis alas de caballería auxiliar, A este contingente se añadieron tropas de príncipes clientes (Agripa, rey judío, Antíoco de Comagene, Soaemo de Emesa y Malco II de Nabatea) hasta integrar una poderosa fuerza de unos 65.000 hombres. En el momento en el que las tropas de Tito se aproximaban a Jerusalén la capital judía estaba desde hacía tiempo en manos de tres facciones: 1ª) La más numerosa era la de Simón Bar Giora con 50 oficiales y unos 10.000 combatientes, a los que se añadían unos 5.000 idumeos (y diez oficiales) que permanecían aún dentro de la ciudad; 2ª) Los partidarios de Juan de Giscala con 20 oficiales y unos 6.000 hombres. Simón controlaba la Ciudad Alta y la mayor parte de la Baja, mientras que Juan de Giscala controlaba una parte de la Ciudad Baja y la zona exterior al Templo; 3ª) Eleazar, hijo de Simón, quien con el apoyo de algunos colaboradores, unos tales Judas, Simón y Exequias, y rivalizando con Juan de Giscala conseguirá hacerse con el interior del Templo. Esta era la facción menos numerosa (2.400 hombres) que, no obstante, será posteriormente absorbida por la de Juan, cuandoTito se sitúe ante las puertas de Jerusalén. Así, Simón y Juan de Giscala, un tándem que rivaliza entre sí, son los que controlan Jerusalén en el momento en el que aparecen Tito, sus legiones, auxiliares y tropas aliadas. De las legiones romanas anteriormente citadas, la X Fretensis era la que contaba con las máquinas de artillería mejores y más potentes y había asentado su campamento en el Monte de los Olivos, junto al barranco Cedrón. Simón Bar Giora había colocado sobre las murallas (o en alguna parte de las mismas) las máquinas de guerra que los judíos habían arrebatado a Cestio Galo, gobernador de Siria, en la desastrosa campaña del 66. Los ingenios pertenecían a la XII Fulminata, legión que aunque no fue disuelta su prestigio quedó muy mermado tras la derrota. Al parecer, además, el caudillo judío se habría servido también de otras máquinas que los rebeldes arrebataron a la guarnición romana de la Torre Antonia antes de ser masacrada su guarnición. Tito había iniciado el ataque a la capital por la parte de la muralla donde ésta presentaba menor altura, posiblemente al nordeste del antiguo palacio de Herodes el Grande, donde se encontraba el monumento a Juan Hircano. Los judíos, al principio, adiestrados en el manejo de las máquinas de guerra, no hicieron buen uso de las mismas por falta de pericia. Los seguidores de Simón se habían distribuido por la muralla desde el sepulcro del mencionado Juan Hircano hasta la actual puerta de Jafa, mientras que los de Juan de Giscala se habían colocado en las cercanía a la Torre Antonia, junto al pórtico norte del Templo y la tumba de Alejandro Janeo (no localizada). Los romanos encuentran serias dificultades a la hora de avanzar en la Ciudad Nueva, donde la masa de los sitiados, apareciendo en cantidad cada vez mayor, obliga a replegarse a los atacantes. Tito había penetrado con un grupo de soldados escogidos (seleccionados de diferentes cohortes y centurias), pero muy a su pesar tuvo que dar la orden de retirada ante el acoso masivo de los judíos en un entramado urbano de casas apelmazadas. Grupos de arqueros, estratégicamente situados en las esquinas de las callejuelas con su nube de proyectiles, posibilitaron la retirada del grupo de avance. Durante tres días los judíos sostienen la presión romana en esta zona de la ciudad. Cuando la tropa romana inicia la construcción de los primeros terraplenes, sobre los que ascenderán las torres de asedio, tanto frente a la Antonia (V Macedoníca) como frente al monumento de Juan Hircano (XV Apollinaris), los milicianos de Juan de Giscala y de Simón Bar Giora tratan de impedírselo disparando con sus máquinas de guerra desde posiciones elevadas. Josefo dice que los rebeldes tenían en su poder un número considerable de máquinas de guerra, cuyo manejo además habían perfeccionado debido a la práctica diaria. Los hombres de Juan de Giscala destruyen el terraplén levantado frente a la Torre Antonia y los de Simón Bar Giora hacen lo propio con los terraplenes de las otras dos legiones (V Macedonica y XV Apollinaris). En salidas temerarias, grupos de judíos consiguen quemar máquinas romanas de asedio. Acto seguido este revés obliga a Tito a decidir en consejo de Guerra aislar a los sitiados mediante un muro de bloqueo de 39 estadios (unos 6,5 Km). Los legionarios lo levantan en tres días. Elevado el muro y tras los acontecimientos posteriores (ataques nocturnos en la Antonia, control de los pórticos del Templo e incendio del mismo), provocan el quebranto y la progresiva desmoralización de los sitiados, quienes ven cada vez más próximo su fin. Juan de Giscala será capturado en las galerías subterráneas, donde se había refugiado junto con otros compañeros cuando ya no podían hacer frente al enemigo en el exterior. Capturado por los romanos, fue condenado a cadena perpetua. Simón Bar Giora, refugiado también en otra galería, se entregó a un grupo de soldados, Fue reservado para el triunfo de Tito en Roma, y al concluir el mismo, ejecutado probablemente en el Tullianum, estancia inferior de la cárcel Mamertina, al noroeste del Foro.
 
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