Judá

Judá era uno de los doce hijos de Jacob, el cuarto de los hijos que le había dado Lía, y el que obtuvo más éxito de todos ellos. En los anales de la historia israelita su importancia supera con mucho a la del resto de sus hermanos carnales: Rubén, Simeón, Leví, Isacar y Zebulón. El linaje real que engendró se remonta a la seducción de su nuera Tamar, una cananea, cuyo hijo, Peres, sería uno de los antepasados de David. El territorio tribal de Judá se encontraba al oeste del Mar Muerto y comprendía la cueva de Makpelá, en Hebrón (el lugar donde se hallaban enterrados Abraham, Isaac y Jacob) así como la ciudad de Jerusalén, que más tarde sería reconstruida por David. Gracias a la absorción de elementos cananeos, esta tribu llegó a ser muy importante. La historia y la estirpe de David están muy unidas a esta tribu y su territorio. La zona pasaría de ser uno de los doce territorios tribales a convertirse en uno de los dos reinos que se crearon cuando, muerto Salomón, su reino se dividió en Israel y Judá.
 
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