Lisímaco

(ca.360-281 a.C.). General macedonio y uno de los sucesores de Alejandro III Magno. Hijo de Agatocles, nacido en Pella, rey de Tracia (305-281) y a partir del 286 también de Macedonia. Acompañó a Alejandro en la expedición asiática, durante la cual desempeñó varios mandos militares y fue recompensado con una corona de oro (324). En el primer reparto territorial tras la muerte de Alejandro (323), Lisímaco recibió el gobierno de Tracia de Antípatro, aunque bajo la supervisión de este. En el 322, Lisímaco participó en la coalición formada por Antígono, Antípatro, Crátero y Ptolomeo contra Pérdicas, y en el 319 se alió con Antígono, Casandro y Ptolomeo frente a Poliperconte. Ante el poder que había alcanzado Antígono, Lisímaco se unió a Casandro, Ptolomeo y Seleuco (315), pero poco pudo hacer al quedar inmovilizado por la revuelta que Antígono suscitó en sus territorios. En la paz del 311 Lisímaco conservó Tracia, pero hubo de reconocer la libertad de las ciudades griegas y desalojar las guarniciones instaladas en algunas de ellas. Los años inmediatos los dedicó Lisímaco a asentar su dominio. Tuvo que combatir contra el rey de la región, Seutes. Mediante el matrimonio con una princesa odrisia, Lisímaco extendió su poder hasta la desembocadura del Danubio, en el 309 fundó una nueva capital, Lisimaquia, en el Helesponto, y en el 305, siguiendo el ejemplo de Antígono, tomó el título de rey. La inestable paz fue rota en el año 302 cuando se renovó la antigua alianza contra Antígono, que culminó un año más tarde en Ipsos con la derrota y muerte de este último. En el reparto que siguió, Lisímaco añadió a sus posesiones toda el Asia Menor hasta el Tauro, excepto algunas plazas costeras, lo que de hecho significaba controlar las comunicaciones entre Europa y Asia. Se enriqueció en Europa consolidando su reino hasta el Danubio y más allá. En el 300 se casó con Arsínoe, hija de Ptolomeo, se unió a éste y a Casandro contra Seleuco y se apoderó de las ciudades de Asia Menor controladas por Demetrio Poliorcetes, entre ellas Éfeso, Mileto y Priene. En el 293, durante una expedición al Danubio, fue capturado por el rey de los getas Dromiquetes, que solo lo liberó con la condición de que abandonara todo el territorio al norte del Danubio. Aprovechando que Lisímaco se hallaba cautivo, Demetrio I, que poco antes había logrado coronarse como rey de Macedonia, invadió Tracia (293). Lisímaco, tras comprar su libertad se unió a Ptolomeo, Seleuco y Pirro de Epiro contra Demetrio, consiguiendo apoderarse de Macedonia (288), que dividió con Pirro. Sin embargo, una vez que Demetrio terminó prisionero de Seleuco (286), Lisímaco expulsó a Pirro del oeste de Macedonia y de Tesalia, ocupó Peonia y liberó Focidia, de forma que en el 284 sus dominios alcanzaban desde el Danubio hasta el Tauro y abrazaban el Egeo como una tenaza. Después de estas acciones, se fue haciendo poco a poco impopular por sus exagerados impuestos y su arrogancia hacia la nobleza. La ruptura del precario equilibrio del 301 en beneficio de una de las partes favoreció el entendimiento entre Ptolomeo y Seleuco contra Lisímaco, cuya situación se complicó gravemente por cuestiones dinásticas. Instigado por su esposa Arsínoe, Lisímaco hizo ejecutar a su primogénito Agatocles, habido de su anterior matrimonio, un excelente general que había librado al imperio de su padre de cualquier problema que pudiera ocasionarle Demetrio. La esposa de Agatocles, Lisandra, y sus partidarios huyeron refugiándose en la corte de Seleuco, a quien animaron a intervenir militarmente. Algunos seguidores de Agatocles, como Filetero y el gobernador de Sardes, desertaron de Lisímaco y se pasaron a Seleuco. El encuentro definitivo tuvo lugar en Curupedion, donde Lisímaco perdió ante Seleuco la batalla y la vida (281). Su reino se desmembró y Asia Menor pasó a formar parte del imperio de Seleuco; la parte europea se colapsó en medio de la anarquía.
 
Volver