Livia Drusila

(Livia Drusila) (58 a.C.-29). Segunda esposa del emperador Augusto. Livia Drusila fue hija de Livio Druso Claudiano, miembro de la familia Claudia que había sido adoptado por M. Livio Druso y que murió en la batalla de Filipos. Más o menos en esa época, Livia se casó con un pariente suyo republicano, Tiberio Claudio Nerón, con quien tuvo dos hijos: Tiberio, el futuro emperador, en el 42, y Druso Julio César en el 38. Cargando con su pequeño hijo Tiberio, Livia se reunió con su marido en su huida desde Perusia hacia Campania y Sicilia en el 40. Después, Livia lo acompañó a reunirse con Antonio en Grecia, pero después del Pacto de Miseno en el 39, ambos volvieron a Roma, y en enero del 38, estando Livia embarazada de Druso, Octavio persuadió a su marido para que se divorciara de ella y poder así casarse con Livia él mismo. Anteriormente, Octavio había estado casado con Escribonia, mucho mayor que él y que era la madre de Julia, su única hija; Octavio se había divorciado de ella en el 39 por encontrarla problemática. Parece que Octavio hizo un matrimonio por amor con Livia, pero también un matrimonio para realzar su vida y procurarse la profunda estabilidad del afecto. El colegio sacerdotal fue consultado sobre la legitimidad del acuerdo y concedió su aprobación. Livia y Octavio se casaron el 17 de enero. Livia sirvió bien a su marido, no solo como devota esposa y madre de sus hijos, que finalmente se vieron incluidos en los planes dinásticos de Augusto, sino también jugando un papel más importante que ninguna mujer romana anterior. Livia fue una mujer extremadamente inteligente y perspicaz, y el mejor y más leal consejero de Octavio en todas aquellas cuestiones en las que tenía experiencia. Apoyó también los deseos de Augusto de volver a una vieja moralidad y crió a su hijastra Julia, que lógicamente vivía en la casa de su padre, quizá con excesiva severidad. El matrimonio duró cincuenta y dos años, y en su testamento, Augusto adoptó a Livia dentro de la familia Julia Augusta, incluyéndola, por tanto, en su culto. La relación de Livia con su hijo Tiberio fue ambigua. Algunas fuentes la acusan de promover su ascenso al trono imperial por todos los medios a su alcance, incluidos los (improbables) asesinatos de algunos de los herederos propuestos por Augusto: Marcelo, el hijo de Octavia; los tres hijos de Agripa y Julia, Gayo César, Lucio César y Agripa Póstumo, e incluso de su nieto, el heredero de Tiberio, Germánico. Hay pruebas de una riña entre Livia y Tiberio tras el ascenso de este al poder, e incluso se sugiere que Tiberio se retiró a Capri en el 26 a.C. para huir de su influencia. Tras la muerte de Livia, Tiberio se negó a ejecutar su testamento y a divinizarla (estas tareas fueron llevadas a cabo posteriormente por Calígula y Claudio, respectivamente). Calígula, que había vivido con Livia durante sus años de formación, la describía como una taimada intrigante, "un Odiseo con faldas". De todas formas, Livia rogó que se tuviera clemencia con los conspiradores, Cinna y Munacia Plancina.
 
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