Guerras Médicas

La confrontación final entre griegos y persas a comienzos del siglo V en el área egea, lo que se conoce tradicionalmente con el nombre de "Guerras Médicas", fue tan sólo el final de un largo proceso de aproximaciones y tensiones entre dos pueblos que participaban del mismo origen etnolingüístico, como elementos milenarios del grupo indoeuropeo. Pero mientras que los precursores griegos (aqueos) se dirigieron hacia el oeste estableciéndose en los Balcanes, sus contemporáneos persas, en dirección opuesta, alcanzaron el valle del Indo y bajando hacia el sur se establecieron entre el Cáucaso y los Zagros, al norte de la llanura irania. Su proximidad a la región mesopotámica permitió a los persas una rápida asimilación de las culturas próximo-orientales de elamitas, asirios y babilonios de tal modo que hacia el siglo IX a.C. aparecen en los registros asirios en colaboración con los medos, un pueblo guerrero ubicado al noroeste de la llanura irania, que poco después constituyó un reino con capital en Ecbatana. A finales del siglo VII los medos habían adquirido tal poder que establecieron alianza con el Imperio Neobabilónico de Nabopolasar contra los asirios. Destruyeron Assur y Nínive, y medos y persas dirigieron su atención hacia el oeste, con el fin de controlar los reinos y ciudades de Asia Menor. Hacia el 585 el rey medo Ciaxares se enfrentó a Aliates, el rey de Lidia, aunque finalmente se concertó la fusión de medos y lidios sellada mediante el matrimonio de Astiages, hijo de Ciaxares, con la hija del rey lidio. Pero Astiages fue el último rey medo, propiamente dicho, porque el persa Ciro se enfrentó contra él y en 549 acabó con este reino, cuyos territorios unió para crear el Imperio medo-lidio-persa, que fue el origen de uno de los "imperios" más poderosos y duraderos de toda la antigüedad. Anexionada Lidia en 547 a.C. tras el enfrentamiento entre Ciro y Creso, el nuevo rey lidio, el persa ordenó a su general Harpago el ataque de las ciudades jónicas de Asia Menor, desoyendo las propuestas de Creso como la decisión del Panjonión de enviar una embajada a Ciro para que éste no atacara ninguna ciudad griega. No obstante, todas las ciudades excepto Mileto, la única respetada por Ciro, quedaron bajo el control del sátrapa de Sardes. Concluida la campaña lidio-griega, Ciro dirigió sus pasos hacia el Imperio Neobabilónico. Ya en 555, cuatro años después de la constitución formal del reino persa, Ciro había establecido una alianza con Nabónides, que le dejaba las manos libres para enfrentarse contra Astiages. Pero ahora el Imperio Neobabilónico dominaba también Asiria, Siria y Palestina, por lo que su control era imprescindible para dirigirse a Egipto, el otro gran estado que pervivía de la época milenaria. En 538 Ciro conquistó Babilonia y se anexionó su gran Imperio. La conquista de Egipto fue sin embargo obra de su hijo y sucesor, Cambises, en 525, que se impuso sobre Amasis. Pero Darío, hijo de un alto oficial del Imperio Persa, le sucedió en 522, y emprendió la reconquista del Quersoneso, Tracia y las ciudades griegas de Asia Menor. En estas campañas Darío ordenó a su general Megabazo el control de las colonias atenienses de Sigeo y Quersoneso, fundamentales para el abastecimiento de la metrópoli, y la ocupación de las islas septentrionales de Lemnos e Imbros, que fueron integradas en la "provincia persa" gobernada por el sátrapa de Sardes, Artafernes. La presión persa sobre las ciudades griegas de Asia, donde se habían instaurado regímenes tiránicos proclives a las satrapías. Según Heródoto, el responsable de la revuelta jonia del 499 fue Aristágoras, el "tirano" de Mileto, tras el intento fallido de apoderarse de Naxos con el apoyo de Artafernes. El fracaso de Aristágoras implicaba un seguro castigo por parte del sátrapa, por lo que aquél se habría visto obligado a la rebelión renunciando a la tiranía e incitando a los griegos de Jonia a luchar por su libertad frente a la subyugación persa. Aristágoras pidió primero ayuda militar a Esparta sin éxito, por lo que solicitó después el apoyo de la flota ateniense. Atenas envió 20 barcos en ayuda de Mileto que se reforzaron con 5 naves más enviadas por la ciudad eubea de Eretria. Con esta ayuda los griegos realizaron un ataque a Sardes, pero no lograron tomar la ciudadela. Entretanto la revuelta se había extendido a todas las ciudades de Asia Menor, Chipre y Tracia. El ateniense Milcíades, tirano del Quersoneso, que hasta entonces había colaborado en los planes de Darío, se levantó también y arrebató a los persas el control de las islas de Lemnos e Imbros, de indudable importancia estratégica. Pero con el refuerzo de la tropa y el apoyo fenicio a la flota los persas se impusieron a los griegos en dos batallas decisivas: una, por tierra, en Éfeso; la otra, por mar, en Lade, cerca de Mileto, en la que las naves fenicias, muy superiores en número, acabarían imponiéndose tras la deserción de los samios; la ciudad de Mileto fue saqueada y su población trasvasada al interior. Hasta aquí el relato de Heródoto, pero es obvio que existían razones políticas y económicas que incitaban a la rebelión. Entre las primeras destaca el decisivo avance democrático en Atenas tras la implantación de las reformas de Clístenes; entre las segundas, la incidencia del tributo persa sobre las economías comerciales de las ciudades jonias, que vieron cerrados sus mercados tradicionales por el control de una potencia extranjera. De todos modos la rebelión fue sofocada en 493. Persia se vio obligada a aceptar gobiernos "democráticos" en algunas ciudades, pero la participación de Atenas y Eretria en el conflicto le proporcionaba el necesario casus belli para preparar una expedición punitiva contra la Grecia continental. La "primera" guerra médica comenzó con el desastre del general persa Mardonio, en Athos (492), con la destrucción de parte de su flota por una tempestad. En Maratón (490), el ateniense Milcíades derrotó a Darío I, a pesar de la superioridad numérica de los persas. En la segunda guerra, Jerjes pasó el Helesponto sobre un puente de barcas e invadió Grecia (480) con más de un millón de hombres. Los griegos intentaron detenerle en el desfiladero de las Termópilas, donde Leónidas y sus 300 espartanos se sacrificaron heróicamente. Atenas fue tomada por asalto e incendiada, pero, gracias a Temístocles, la escuadra persa fue destruida ante la isla de Salamina el mismo año. Por su parte, el espartano Pausanias, deshizo en Platea el ejército persa en retirada (479), mientras que por mar la flota griega obtuvo la victoria de Micale. Formada la Liga de Delos, el ateniense Cimón llevó la guerra a las mismas costas de Asia y derrotó por tierra y mar a los persas a orillas del Eurimedonte (468). Después de una tregua y de un período de nuevas hostilidades, se firmó la Paz negociada por Cimón (449), por la cual los persas se comprometían a no acercarse a las costas de Asia Menor ni a las del mar Egeo. Grecia gozó de casi cincuenta años de paz (Pentecontecia).
 
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