Septuaginta

Nombre latino que significa "Setenta" con el que se designa a la traducción griega de la Biblia hebrea llevada a cabo en Alejandría a partir del siglo III a.C.. El nombre se deriva de la tradición judía sobre la que sería la primera traducción de la Biblia a otra lengua: según la Carta de Aristeas, a petición del Rey de Egipto Ptolomeo II, el sumo sacerdote Eleazar habría mandado a Alejandría setenta y dos ancianos de todas las tribus de Israel para realizar esa versión que debía guardarse en la famosa biblioteca de la ciudad. Hay muchas opiniones distintas sobre si la iniciativa partió efectivamente de las autoridades no judías, o de los propios judíos, que necesitaban una versión griega de la Escritura para sus correligionarios de la diáspora, donde el hebreo apenas se entendía, o bien para instruir sobre el judaísmo a posibles prosélitos. La traducción no se realizó de una sola vez, y, aunque el Pentateuco y algunos otros libros se concluyeron en Alejandría, es posible que otras versiones se terminaran hacia el siglo II a.C. en la propia Palestina. En general, es una traducción cuidadosa, exacta y literal, aunque en algunos casos emplea una técnica de traducción algo más libre. A veces se ha podido demostrar que sus divergencias respecto al texto hebreo establecido son el resultado de traducir un texto hebreo antiguo algo diferente del que hoy conocemos. La primera impresión del texto de la Septuaginta tuvo lugar en Alcalá de Henares, dentro del marco de la Biblia Políglota Complutense (1514-17) impulsada por el Cardenal Cisneros, si bien se difundió antes la edición de Venecia llamada "Aldina" de 1518. En la actualidad, un equipo internacional de estudiosos publica desde Göttingen (Alemania) ediciones críticas de gran calidad de cada uno de los libros de esta versión. Los primeros cristianos de origen no judío utilizaron la versión griega de la Septuaginta como su propio texto bíblico. En la tradición judía posterior se encuentran dos posturas respecto a esta traducción: para unos se trata de un hecho muy positivo que debía contribuir a que el judaísmo alcanzara el lugar de prestigio que le correspondía en el mundo helenístico, mientras que para otros es un día de luto, en el que se ha traducido, y por tanto, adaptado y modificado la palabra divina, dando a los enemigos de Israel (los cristianos de los primeros siglos de nuestra era) un instrumento para combatir al propio Israel. Al mismo tiempo que los cristianos hacían suya esta traducción y leían en ella la Biblia, hacia el siglo II de nuestra era, los judíos de habla griega dejaron de utilizar la Septuaginta, sustituyéndola por nuevas versiones más conformes con el espíritu de la interpretación rabínica de la Escritura, elaboradas en la propia Palestina. Ver, Setenta (versión de los).
 
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