Casa de Domiciano

Domiciano, inspirándose en el ejemplo de Nerón (Domus Aurea), quiso dotar a Roma de una nueva residencia imperial, digna de la monarquía de derecho divino que intentaba crear. Le bastó para ello ocupar los terrenos ya en parte anexionados por Nerón en el mismo Palatino. Las antiguas residencias de Tiberio y de Calígula no fueron destruidas; continuaron siendo utilizadas, pero la casa de Domiciano, elevada junto a ellas, las sobrepasó en amplitud y magnificencía. El plano de este palacio es bastante complejo. Comprendía muchos conjuntos diferentes, formados de peristilos yuxtapuestos y montados sobre terrazas de niveles diferentes. Desde ciertos puntos de vista, la casa de Domiciano se puede comparar a las villas suburbanas que los senadores construían por todas partes en Italia, pero da mayor importancia a los patios cerrados y menor al desarrollo de las fachadas. Este deliberado propósito se explica indudablemente por razones de seguridad y también de etiqueta. Pero si se dejan aparte las salas de ceremonia y la del trono, donde el emperador daba sus audiencias o donde administraba justicia rodeado de sus consejeros, no es ciertamente más que una villa de recreo lo que Domiciano quiso edificar en el corazón mismo de Roma. Los departamentos que miraban al valle del Circo Máximo, situados a un nivel inferior de los anteriores, se abrían sobre jardines más extensos y mas ornamentados que los contemporáneos de Pompeya, pero de un estilo semejante, con sus juegos de agua, sus estanques de formas complicadas, sus jardineras de albañilería y sus pórticos. Había incluso, como en las villas de Plinio, un hipódromo, es decir, un pórtico doble, alargado, cuya forma recordaba la de los estadios griegos. Era un lugar destinado al paseo, un jardín secreto plantado de bosquecillos y refrescado por fuentes. Con Domiciano, el Palatino es prácticamente un solo palacio. No queda casi espacio para casas particulares. Los sucesores de Domiciano continuarán habitando la colina, añadiendo cada uno un nuevo monumento, pero sin cambiar nada de la disposición general del conjunto. Es notable que Domiciano rompiese la tradición julio-claudia que dirigía la morada imperial a la parte del Palatino orientada hacia el Foro romano y la llevaba a dominar el centro de la ciudad. En adelante, los emperadores miran hacia el sur y el oeste y es la masa de su palacio la que a primera vista se ofrece a los que llegan de oriente por la Vía Appia.
 
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