Mancino

Gayo Hostilio Mancino (Caius Hostilius Mancinus) (siglo II a.C.). Luchó en Hispania como cónsul en el 137. Por el simple y falso rumor de que los cántabros y los vacceos venían en auxilio de Numancia, el ejército de Mancino evacuó sus campamentos durante la noche sin tener orden para ello, y fue a ocultarse detrás de las líneas que había construido Nobilior dieciséis años antes. Los numantinos, advertidos de esta huida, salieron en persecución de los romanos y los envolvieron. A estos no les quedaba más recurso que abrirse paso espada en mano, o hacer una paz bajo las condiciones que impusiera el enemigo. El cónsul era un hombre honrado, débil de carácter y de nombre oscuro. Afortunadamente era cuestor del ejército Tiberio Graco. Digno heredero de la influencia de su padre, el antiguo y sabio ordenador de la provincia del Ebro interpuso la influencia de los celtíberos, que persuadieron a los numantinos de que se contentasen con una paz equitativa y justa. Ésta fue jurada por todos los oficiales superiores de las legiones; pero entonces el Senado llamó al general, y después de una larga deliberación presentó al pueblo la moción de que convenía obrar del mismo modo que en tiempos del tratado de las Horcas Caudinas. Debía negarse la ratificación y echar la responsabilidad sobre los que lo habían firmado. Conforme al derecho, aquella debía recaer sobre todos los oficiales sin excepción alguna, pero, merced a sus buenas relaciones, fueron perdonados Graco y los demás. Mancino, que para su desgracia no era adicto a la alta aristocracia, fue el único designado para pagar la falta de todos. Así pues, se vio en este día a un cónsul romano ser despojado de sus insignias y conducido hasta las avanzadas enemigas, pero los numantinos no quisieron admitirlo, ya que esto hubiera sido admitir la nulidad del tratado. El general degradado permaneció todo un día desnudo y con las manos atadas por detrás, delante de las puertas de la ciudad. ¡Espectáculo lamentable para todos, amigos y enemigos! Por cruel que fuese, no por esto aprovechó la lección el sucesor de Mancino, Marco Emilio Lépido, su ex colega en el consulado.
 
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