Marcial

Marco Valerio (Marcus Valerius Martialis) (ca.40-ca.104). Poeta latino maestro del epigrama. Marcial nació y creció en Bílbilis (Calatayud), en el norte de la Hispania central, y se trasladó en el 64 a Roma, donde es posible que estudiara derecho. Marcial vivió brevemente bajo el patronazgo de otros hispanos, el joven Séneca y Lucano, además de otros patronos como Pisón, Vivio Crispo y Memmio Régulo. Pero en la primavera del 65, tras el descubrimiento de la conspiración de Pisón contra Nerón, Pisón, Séneca y Lucano perecieron. Marcial adquirió, quizá gracias a la generosidad de Séneca, una pequeña propiedad en el campo, en Nomentum. Después de pasar quince años en Roma, Marcial comenzó a publicar su obra en un pequeño Libro de epigramas (su título moderno es Libro de los espectáculos) para celebrar la inauguración del anfiteatro Flavio (el Coliseo) en el 80. Desde ese momento, Marcial buscó el favor de los emperadores flavios Tito y Domiciano, de este último por medio de la adulación servil: su recompensa fue "el privilegio de los tres hijos", una exención de impuestos concedida habitualmente a los padres, lo que Marcial nunca fue. También se le recompensó con un tribunado militar honorario que le proporcionó el rango ecuestre. Marcial debía de haberse hecho ya un nombre poniendo en circulación y leyendo en público sus poemas antes de ese momento, y en los pocos años siguientes publicó dos obras prácticas. Se trata de dos libros de poemas breves sobre regalos (con la forma de descripciones divertidas de los regalos para escribir en sus etiquetas), titulados Xenia (Regalos para los huéspedes) y Apophoreta (Regalos para llevarse), para los banquetes que se celebraban durante el festival de las Saturnalia, a mediados del invierno. Entre el 86 y el 102, Marcial publicó doce largos libros de epigramas con una gran variedad de temas y de versos; el tercero fue compuesto durante una larga estancia en Ímola, y el último, tras su retiro a Bílbilis en el 98. Todas sus obras se han conservado. El modelo de Marcial para componer sus epigramas fue Catulo, cuya obra conocía bien y a quien menciona, y al igual que Catulo, Marcial adoptó los metros elegíacos, endecasílabos y escazontes como vehículos principales para escribir sus versos realistas y humorísticos. En sus poemas elegíacos está presente también la influencia de Ovidio. La obra de Marcial no tiene intención moralizadora, pero sí una gran variedad de temas y objetivos, desde la sátira hasta la lisonja, desde el sentimentalismo hasta la procacidad. Marcial desarrolló la técnica de finalizar sus epigramas con un punto o un giro que sorprende al lector y añade una calidad memorable al poema. Pocos de sus poemas exceden los trece o catorce versos. Marcial ofrecía lo mejor de sí componiendo una escena con rápidas pinceladas o citando un diálogo con brevedad escueta. Escribió también poemas en la tradición del epigrama griego: dedicatorias, epitafios y celebración de personas, lugares o acontecimientos. Marcial tenía una fértil imaginación, un veloz ingenio, habilidad para encontrar las palabras adecuadas y un afecto genuino hacia sus amigos; pero también era capaz de vulgaridades y obscenidades. Sus poemas arrojan una valiosísima luz sobre la vida social de su época. Hay pruebas de que su poesía se hizo muy popular y fue leída con deleite a lo ancho de todo el imperio. Aunque Marcial daba mucha importancia a su pobreza, tuvo un gran número de amigos influyentes, incluidos muchos de los escritores del momento, entre ellos Plinio el Joven (que pagó su viaje de vuelta a Hispania), Quintiliano, Juvenal (a quien dedicó un epigrama), Frontino y Silio Itálico. Marcial cambió su actitud tras la caída de Domiciano, abandonando la adulación y obscenidad de su obra anterior. No pudo ganar mucho dinero con sus obras, debido a la naturaleza de la publicación, por lo que dependía de la buena voluntad de otros; incluso tras su regreso a Hispana, vivió en un alojamiento suministrado por una patrona, Marcela. Desde su retiro, Marcial añoraba profundamente Roma y su vida, dándose cuenta de hasta qué punto esta había alimentado a su musa con su variedad y vigor: Marcial observó que él mismo se había aislado de su fuente de inspiración.
 
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