Sacerdotes griegos
No había en Grecia casta sacerdotal. Los sacerdotes y sacerdotisas se nombraban para el servicio de un dios o una diosa sin una autoridad o conocimiento especiales. Además, la presencia de un sacerdote no era necesaria para cumplir un acto cultual: el general celebraba sacrificios en nombre de su ejército, el magistrado en nombre de su ciudad. El sacerdote era el servidor de un dios honrado en un santuario: siempre se era sacerdote de una divinidad determinada. El papel del sacerdote era presidir en su santuario los sacrificios y los banquetes que les seguían: como indica su nombre de hiereus, era, ante todo, un sacrificador. Debe hacer de modo que los ritos sean observados y el buen orden (eukosmía) respetado. Debe velar porque el santuario esté limpio, las aras adornadas, el templo barrido y decorado, la estatua cultual alimentada; un neócoro le asiste frecuentemente en su tarea. El sacerdote debía administrar los bienes del santuario, si no existían hieropes, neopes o tesoreros para descargarle de ese cuidado. Para ser sacerdote no se necesitaba vocación especial. No era tampoco necesario ser un "doctor": el sacerdote griego debía informarse sólo de los ritos a observar. Sin embargo, se exigían ciertas condiciones: ciudadanía, edad y sexo (los dioses tienen frecuentemente sacerdotes y las diosas sacerdotisas). Algunos sacerdocios (hierosyne) eran propiedad de un genos, incluso aunque el culto del genos se hubiese convertido en culto de la ciudad: el hierofante de Eleusis pertenecía al genos de los Eumólpidas; los sacerdocios (kata genos) eran, por regla general, sacerdocios vitalicios (dia biou), las reglas de transmisión eran propias del genos y la ciudad no intervenía en la nueva elección. Sin embargo, en la mayoría de los casos, el sacerdote, en la época clásica, era elegido, como el magistrado, por el cuerpo cívico o designado por sorteo. Hacia 450 a.C., todas las atenienses podían presentarse al sorteo para designar a la sacerdotisa de Atenea Nike. La duración del cargo variaba mucho según el santuario, pero lo más frecuente era que el sacerdote designado por la ciudad ejerciese su oficio durante un año. Materialmente, recibía una porción de las víctimas sacrificadas (piel, trozos selectos: colacretos). En ciertos casos, la ciudad le daba incluso una dieta: la sacerdotisa de Atenea Nike recibía 50 dracmas al año. En la época helenística, las ciudades estaban obligadas frecuentemente al sistema primitivo: entregaba el sacerdocio a una familia de evérgetas que subvendrían a los gastos del culto; el sacerdocio no aportaba solamente un beneficio, entrañaba también gastos. Frecuentemente incluso la ciudad ponía en venta los sacerdocios para aumentar sus recursos. El sacerdote tenía, sin embargo, derecho a ciertos honores como la proedría (phroedros). En algunas ciudades, el epónimo era el sacerdote de la divinidad principal: el sacerdote de Apolo era epónimo en Cirene. Algunos sacerdotes tenían un título especial, hierofante, estefanóforo, etc. Ver, Sacerdotes.

