Evergetes

Literalmente, "bienhechor". La polis otorgaba este título a toda persona que diese muestras de generosidad hacia ella. El evérgeta (euergetes) ha distribuido gratuitamente trigo, otorgado préstamos graciosos a la ciudad, ofrecido aceite para el gimnasio, asumido los gastos de un concurso o de un sacrificio y de un banquete, hecho una fundación perpetua para un santuario, para el gimnasio o para la educación de los niños, mandado reparar o construir a su costa un edificio público o religioso. Este generoso personaje era frecuentemente un ciudadano que obraba por "philotimia", por celo, es decir, a la vez por abnegación hacia su patria y por amor a la gloria: los evérgetas se reclutaban, sobre todo en la época helenística, entre una minoría de ricos notables que se esforzaban por mantener las tradiciones religiosas y asegurar el aprovisionamiento de la ciudad. El evérgeta podía también ser un soberano que manifestaba, mediante sus liberalidades, su interés por la ciudad: los reyes atálidas fueron evérgetas para Delfos en el siglo II. La ciudad recompensaba a estos bienhechores mediante honores que les concedía por decreto. En la época helenística, las estatuas honoríficas se multiplicaban sobre las ágoras (agorai), en los santuanos y en los gimnasios. En la baja época helenística, los evérgetas recibían incluso un culto: en Pérgamo, por ejemplo, había un sacerdote de los evérgetas y se celebraban sacrificios y un concurso en su honor. Varios reyes, en particular Ptolomeo III y Ptolomeo VII, llevaron el sobrenombre de Evérgeta.
 
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