Tukulti-Ninurta II

"el dios Ninurta es objeto de mi confianza" (ss. X-IX a.C.). Rey (890-884) del Imperio Nuevo asirio. La política expansionista iniciada por Asur-Dan II y continuada por Adad-Nirari II será seguida también por el sucesor de este último, Tukulti-Ninurta II. Debido el empuje que su padre había logrado dar al Estado de Asiria, Tukulti-Ninurta II, que ostentó el título de "Rey de la totalidad", se limitó a mantener estabilizadas las fronteras de su Imperio. Para ello efectuó una expedición al País de Nairi, en cuyo transcurso sometió Bit Zamani, dominando sus centros neurálgicos: Amedi (hoy, Diyarkabir) y Tidu (hoy, Merdin). En la primera sometió a su rey Ammebali, a quien comisionó como su representante, después de haber rebido gran cantidad de variados productos como tributo (plata, hierro, bronce, paja, trigo y hombres). Desde allí, se desplazó hacia el este, consolidando los territorios de la orilla occidental del lago Urmia. Asimismo, también estuvo presente en los valles del Khabur, curso medio del Tigris, en donde atacó a los principados arameos de Laqe, Kindanu, Sukhi y Sirqu y subiendo por el río Habur, se impuso en los también principados arameos de Harran, Nisibina y Khuzirina. Llegó al curso medio del Éufrates, alcanzando aquí Dur-Kurigalzu y Sippar, sin oposición alguna del rey de Babilonia Nabu-apla-iddina. Luego, tras anexionarse el Estado arameo de Kharrán, regresó a su capital Assur, ciudad que había reforzado militarmente, reparando en su totalidad sus potentes murallas. Las riquezas procedentes de los saqueos y de los correspondientes tributos sobre las zonas sometidas afloraban en Asiria, cuyo esplendor económico vendrá simbolizado por la restauración del palacio real. En la actual Tell Barri, Tukulti-Ninurta II edificó una residencia palaciega (Kakhat). Su actividad militar, reunida en detallados Anales en los que hizo consignar el nombre de los lugares en que pernoctó y los tributos recibidos, le hizo granjearse el respeto de los arameos y mantener la importancia que Asiria tenía como potencia. A su muerte pudo entregar a su hijo Asur-nasirpal II, una Asiria perfectamente estabilizada.
 
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