Trofeo
En la civilización griega, la idea religiosa iba siempre unida al concepto del trofeo. Originariamente, los trofeos consistían en la armadura del enemigo colocada sobre una estaca en el lugar del campo de batalla en el que se le había hecho huir (trópaion "trofeo" es de la raíz de tropé "acción de dar la vuelta", "huida"). Posteriormente se convirtieron ya en monumentos de madera, bronce, mármol, etc. También se podía dedicar un trofeo en el santuario del dios considerado el responsable de la victoria. En Grecia, era a la vez el signo y la prenda de la victoria. La gloria de un caudillo se medía por el número de trofeos. Esta costumbre, típicamente griega, pasó al mundo romano. En Roma, el más antiguo parece ser el de Pablo Emilio, cuyas monedas representando un trofeo se refieren a la victoria de Pidna. Desde esa época se multiplicaron y se ven los trofeos por todas partes, que al vulgarizarse se transforman en simple motivo decorativo. Desde el siglo IV a.C. los trofeos adoptaron una forma permanente más monumental, como una torre coronada por un trofeo esculpido. Los emperadores romanos continuaron con esta práctica, como atestigua, por ejemplo, el trofeo de Trajano levantado cerca de Adamclisi para conmemorar sus victorias dacias. Ver, Arco de Triunfo.

