Tumbas

Sus formas son muy diversas en la antigüedad. Recordemos los grandes monumentos egipcios (mastabas, pirámides). La cremación (incineración) parece propia de los pueblos nómadas indoeuropeos (civilización de los campos de urnas, villanovienses) por oposición a los inhumadores mediterráneos (etruscos). Han influido tradiciones familiares o regionales, influencias culturales (creencias religiosas en la virtud purificante del fuego, por ejemplo) o preferencias personales. En la época clásica los muertos son preferentemente incinerados pero la inhumación subsiste. En Grecia, los tholos y las tumbas de fosa más antiguas permanecen a la cultura micénica. Las estelas funerarias y los lekitos son los objetos más sobresalientes del culto funerario griego en época clásica. En Roma, las más antiguas son fosas en las que se deposita la urna de las cenizas (incineración) o un sarcófago, con frecuencia un simple tronco de árbol vaciado (inhumación). Pero pronto se construyeron monumentos revestidos de inscripciones indicando la presencia del muerto, frecuentemente situados a lo largo de los caminos (Vía Apia, Alyscamps, etc.): altares, capillas, mausoleos (pirámides, túmulos de mampostería inspirados en los túmulos etruscos, torres, etc.). Con frecuencia se le suma un jardín a la tumba, con un emparrado en el que se celebran en ciertas fechas los banquetes fúnebres. El conjunto estaba protegido por reglas jurídicas muy estrictas. Los colegios funerarios aseguraban a los pobres una sepultura en un columbario (Colegia tenuiorum). Ver, Enterramientos, Tipos de tumbas.
 
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