Anaitis

o Anitis. Divinidad adorada por los lidios, los armenios y los persas, que parece corresponder entre los primeros a Ártemis, y entre los otros a Venus. Nada importante se emprendía que no fuese bajo sus auspicios. Se celebraban en su templo las asambleas más importantes y le estaban consagradas las jóvenes más hermosas, que abandonaban su honor a los que iban a ofrecerle sacrificios, prostitución que no obstaba para casarse después ventajosamente. En su fiesta se reunían los hombres y las mujeres y bebían hasta embriagarse. He aquí como se cuenta el origen de esta costumbre: "Habiendo sido derrotado Ciro en una expedición que emprendió contra los sacios, así que pudo reponer algún tanto su ejército, aparentó huir. Persiguiéronle los sacios, y hallando su campo lleno de vinos y de provisiones, bebieron y comieron hasta no poder más. Arrojóse entonces Ciro sobre ellos, hizo una terrible carnicería y consagró este día a la diosa Anaitis". Concuerda muy poco esto que cuenta Estrabón, con el carácter de Ártemis, ni con lo que refiere Plutarco de Artajerjes Memnón, que hizo que su favorita, Aspasia, se consagrara sacerdotisa de Anaitis, a fin, decía él, de que pasara sus días en el retiro en la continencia. En la expedición que hizo Antonio contra la Armenia, fue saqueado el templo de Anaitis, y dividida en pedazos su estatua de oro, con los cuales se enriquecieron muchos soldados. Uno de ellos, establecido en Bolonia, en Italia, recibió cierto día en su casa a Augusto, y le dio de cenar: ¿Es verdad, preguntó el emperador durante la cena, que aquel que dio los primeros golpes a la diosa perdió inmediatamente la vista, quedó tullido y murió pocas horas después?. Si así hubiese sucedido, respondió el veterano, no tendría yo el honor de haber recibido hoy a Augusto: presente tenéis al que dio el primer golpe, y de una de sus piernas ha salido lo que habeis cenado esta noche". Ver, Ártemis Pérsica, Anahid.
 
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