Camaleón

Los antiguos atribuían a este animal varias propiedades fabulosas. Decían que la lengua del camaleón arrancada estando vivo, servía para ganar un pleito al que la poseía; hacía tronar y llover si quemaban su cabeza y su tragadero con leña de roble, o bien si se asaba su hígado en una teja roja. Añadían que arrancado el ojo derecho del animal aún vivo, y puesto en un vaso con leche de cabra, aclaraba la vista; su lengua, atada a la cintura de una mujer estando encinta, le facilitaba el parto; su quijada derecha, llevada habitualmente, alejaba todo temor; su cola detenía el curso de los ríos, con otras creencias semejantes. Plinio refiere que Démocrito escribió un libro entero de ellas.
 
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