Telepinu
(siglo XVI a.C.). Rey (1.525-1.500) hitita del Imperio Antiguo. Tras el asesinato de Mursil se observa un repliegue de la hegemonía hitita en Anatolia al ser derrotadas sus tropas en varias ocasiones al mismo tiempo que se sucedían las revueltas internas y complots y asesinatos en la corte. Telepinu fue cuñado y sucesor del rey hitita Khuzzijas I. Ante la noticia de que Khuzzijas I quería asesinar a su hermana Ishtaparijas y a él mismo, Telepinu, que gozaba de partidarios en el reino, pudo apartar del poder a su cuñado y rey y, tras degradarlo socialmente convirtiéndolo en campesino ante la nobleza, lo desterró. Desde ese momento Telepinu se preocupará por restablecer el orden en el reino, tanto en el aspecto interior, con continuos intentos de golpes de Estado, como exterior, con rebeliones secesionistas de las zonas fronterizas alentadas por los enemigos externos, especialmente los hurritas. Las primeras campañas se dirigen al Anti-Tauro con el fin de luchar contra los hurritas. Los enfrentamientos se saldan con la firma de un tratado con el rey Isputahsu de Kizzuwatna. Asimismo, emprendió diferentes campañas militares contra Khassuwa, Zizzilippa y Lawazzantija, entre otros frentes. Adoptó una política defensiva de reafirmación de fronteras, posiblemente porque era necesaria para la organización interior. Los complots para derrocar al monarca se sucedían sin éxito y Telepinu mantenía su política de clemencia, exiliando a los participantes. Quiso acabar con el problema de la sucesión al trono y para conseguirlo, impuso una ley de sucesión, estableciendo un orden dentro de la familia real, excluyendo a la nobleza de los derechos a la sucesión al trono. Hacía renunciar también a la elección efectuada hasta ahora por los soberano entre sus hijos, teniendo que someterse a un orden de sucesión estos mismos hijos, al mismo tiempo que se reducían los candidatos. Se establecieron los derechos sucesorios en el príncipe que naciera de una mujer de primera o segunda línea, continuando por el marido de una hija de primera línea. El príncipe debía ser presentado a la asamblea de ciudadanos y de altos mandatarios y proclamado por ésta, de la misma manera que había hecho Hattusil con Mursil. Al fallecer el hijo de Telepinu, Ammuna II, antes que él, su sucesor fue un tal Alluwanna, posiblemente su yerno. Otro problema era someter a la nobleza al poder de la corona. Para ello la obligó a servir al rey mediante cargos públicos y sobre todo, a abstenerse de hacer su ley y justicia propias. Para ello creó el Panku, que era una asamblea general de ciudadanos, y un tribunal supremo de justicia con poderes para establecer quién era el directo sucesor del monarca reinante, a través de la ley de sucesión ya establecida. Telepinu hizo de Panku la pieza clave de la organización estatal. Sus sucesores no respetaron del todo la institución como tal, pero llegó a ser válido por mucho tiempo el sistema de sucesión, con el cual se logró evitar muchos asesinatos y desórdenes interiores en el seno del harén real, que más tarde prosiguen en los harenes asirios. Tras su reinado, los hititas vuelven a caer en un lapso de oscuridad política, pues el control del norte de Siria estaba en manos hurritas. La muerte del rey Telipinu inaugura lo que se conoce habitualmente como Período Oscuro, pero no tenemos seguridad de ninguno de los datos de este período, ni dataciones, ni los nombres de los reyes, sobre los que hay una larga discusión. El período que sigue es el menos conocido de la historia hitita. De Telepinu se conocen algunos tratados, como el firmado con Ishpurakhkshu, Gran Rey de Kizzuwatna, cuyo contenido en acadio e hitita, sin embargo, se ignora por no haber llegado hasta nuestros días. Ver, Imperio Antiguo hitita.

