Samaritanos

Secta del judaísmo que recibe su nombre de la ciudad de Samaria, capital del reino del Norte en los tiempos bíblicos, llamado también Israel. Las diferencias entre el reino del Norte y del Sur venían de antiguo y, si ya antes de que Israel tuviera una monarquía unificada con Saúl y David se daba un grupo de tribus del Norte diferenciado de las del Sur, tras la muerte de Salomón se llegó a la división y separación definitiva de los dos reinos. El reino del Norte tuvo su vida independiente hasta que cayó en poder de las tropas asirias en el año 722 a.C., y se convirtió en provincia asiria. Se deportó a buen número de israelitas y, según el texto bíblico, Sargón llevó a Samaria buen número de gentes paganas de distinta procedencia que se establecieron allá (2 Reyes, 17). Desde entonces, los del Sur les miraron con cierta reticencia, considerándoles sincretistas, alejados de la fe común. Grupos samaritanos se opusieron a la reconstrucción del Templo de Jerusalén. Al comienzo de la época helenística se construyó un Templo sobre el Monte Garizim que, a partir de entonces, fue centro espiritual de los samaritanos, distanciando cada vez más a ambas comunidades. Sin embargo, la separación de los samaritanos como secta, marginándose de la línea más difundida del judaísmo, tuvo lugar bastante más tarde, a mediados del siglo II a.C., en el momento en que uno de los sucesores de los Macabeos, Juan Hircano, destruyó el Templo levantado sobre el Garizim. En ese momento, los samaritanos se constituyeron como grupo religioso aparte. Reconocieron como libros sagrados únicamente la Torá (los cinco libros de Moisés o Pentateuco), única parte de la Biblia que por entonces estaba ya plenamente admitida como inspirada, si bien la conservaron en su propio tipo de escritura, derivada de la antigua cananea y hebrea, y con sus peculiaridades textuales, que la diferenciaban en numerosos lugares del texto seguido por los judíos. En el «Nuevo Testamento» se observan las escasas relaciones y las dificultades de convivencia que se daban entre los samaritanos y los judíos a comienzos del siglo I. Además de la particularidad del Pentateuco samaritano, caracteriza a los samaritanos la fe en un solo Dios, en Moisés y su Torá, en la santidad del Monte Garizim, y en "el día de la venganza y recompensa", aludiendo con ello a los tiempos del Mesías. Por lo demás, y como indica el nombre hebreo con el que se les conoce, se consideran "observantes" estrictos de la Ley mosáica, y admiten el mismo número de preceptos, 613, que los judíos, aunque no, como es natural, la tradición oral rabínica que tanto lugar tendría en el judaísmo posterior. No parecen aceptar tampoco la resurrección de los muertos. El Pentateuco samaritano está escrito en un dialecto hebreo algo distinto del más extendido en los últimos ss. antes de nuestra era, aunque próximo en muchos aspectos al utilizado por el grupo de Qumran. Ese dialecto se emplea solamente en la liturgia y la lectura de la Torá y para algunos poemas litúrgicos que se escriben en la Edad Media. Muy pronto es desplazado por un dialecto arameo en el que habla el pueblo y en el que se escriben diversos libros de tema religioso, incluyendo una traducción de la Biblia (Targum samaritano), hasta que, al ser conquistada la región por los árabes en el siglo VII, se imponga el árabe, lengua hablada por los miembros del grupo hasta nuestros días. En la actualidad sólo sobreviven dos pequeñas comunidades de samaritanos, una en Nablús, muy cerca del monte Garizim, y la otra junto a Tel Aviv. Conservan sus tradiciones ancestrales, sus viejos códices y su pronunciación característica del hebreo y las transmiten verbalmente a las nuevas generaciones.
 
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