Sapor I

(siglo III). Rey sasánida de Persia (241-272), hijo de Ardashir (Artajerjes I). Dedicó su atención a los problemas fronterizos. Su primer objetivo fue el Kushan, cuyo imperio constituía una amenaza por el oriente, tanto desde el punto de vista económico como político, debido a sus posibles alianzas con Armenia o con Roma. La epigrafía grabada en la roca recuerda sus éxitos: conquista de la capital de invierno del rey de Kushan, Peshawar; ocupación de Bactriana y conquista de Samarcanda y Taslikent. Esta acción militar fue seguida por la instauración en el reino de Kushan de una dinastía que reconociese el poderío persa. Como su antecesor Ardashir, Shapur I era agresivo con Roma, su vecina por el oeste, aprovechando al máximo la debilidad de esta con sus incursiones oportunistas. Sapor tomó el título de "Rey de reyes de Persia y no Persia" y reclamó la posesión de las tierras perdidas por Persia ante griegos y romanos. Se lanzó a tres grandes campañas contra Roma: 242-244, cuando invadió Mesopotamia, culminando en la batalla de Misiche (244), en la que Gordiano III fue derrotado y asesinado. Los romanos intentaron a continuación comprarlo, pero ca.252 Sapor se apoderó de Armenia y expulsó a su último rey. Seguidamente atacó Siria, conquistando Antioquía (en Siria) y a capturar más de 60.000 legionarios. En el 259 comenzó una nueva campaña contra Asia Menor que tuvo como resultado la captura del emperador Valeriano en el 260 cerca de Edessa. Sapor conquistó Siria, se apoderó de los pasos de los montes Tauros, destruyó Tarso y conquistó Cesarea, en Capadocia. P. Septimio Odenato, rey de Palmira, dirigió una gran contraofensiva entre el 262 y el 266 en la que expulsó a Sapor de los territorios romanos. Este mandó grabar una inscripción sobre sus hazañas titulada, a imitación de la del emperador Augusto, Las hazañas del divino Sapor (Res Gestae Divi Saporis), con una talla que muestra a Valeriano arrodillado ante él, y que hizo colocar en Naqsh-i-Rustam. Sapor apoyó el movimiento religioso de su contemporáneo Mani y realizó abundantes construcciones utilizando como mano de obra a los prisioneros romanos. Dejó el trono a su hijo Hormisdas I.
 
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