Sapor II el Grande

(310-379). Rey de Persia, hijo de Hormisdas II. El rey Shapur II fue un gobernante brillante, hábil politico, militar consumado, suficientemente orgulloso para enfrentarse de igual a igual con el emperador romano, gran administrador; el único de los sasánidas que puede alardear de haber reconquistado durante su gobierno Nisibis, Mesopotamia, Armenia y el Cáucaso. El impacto de su personalidad y de su largo reinado fue muy grande, no sólo en sus contemporáneos (incluidos romanos como Amiano), sino también en los historiadores de los reyes de Persia posteriores. Shapur II fue fundador de ciudades, que repoblaba con prisioneros de guerra, capturados en las fortalezas romanas conquistadas. Los historiadores romanos lo llaman astutum y reconocen en él un excelente estratega que dirige en persona las acciones de sus ejércitos. Su alta figura, que sobresale sobre todos los demás, impresiona a Amiano Marcelino (que lo conoció), quien señala cómo el Gran Rey se distinguía entre todos sus súbditos por la imagen dorada de un ciervo que portaba en lugar de diadema. Ostentaba el título de Rex Regum, particeps siderum, frater Solis et Lunae (Rey de Reyes, partícipe de las estrellas, hermano del Sol y de la Luna). Era supersticioso y religioso: hacía sacrificios en la mitad del puente de Anzaba antes de pasar el río. Usaba la diplomacia cuando le convenía y era intransigente en sus reivindicaciones. Los iranios le daban el sobrenombre de "el que arranca las espaldas", ya que en sus guerras contra las tribus árabes tenía la costumbre de romper la articulación escapular de los prisioneros de guerra beduinos (Al-Tabari). No es posible saber el número de tropas a disposición de Shapur. En cada oportunidad cambiaba. Pero sabemos que disponía de dos tipos de soldados: los reclutados en sus propios territorios y los contingentes locales a las órdenes de los funcionarios militares de la frontera, que podían ser armenios o árabes, usados como mercenarios, o enemigos vencidos y convertidos momentáneamente en aliados. En el sitio de la fortaleza de Amida, por ejemplo, en 359, el rey de los sasánidas disponía de tropas de chionitas al mando de su propio rey, Grumbates, y sabemos que el rey de los albani estaba igualmente a su servicio. Su caballería estaba formada por los peligrosos y ágiles arqueros y los formidables cataphractarii, o caballería pesada, con cota de malla, además de los elefantes. La superioridad numérica de su ejército frente al romano era absoluta: 20.000 persas atacaron a 700 soldados ilirios al servicio de Roma en Zeugma. Pero la táctica militar de Shapur era esencialmente la de no presentar batalla directamente: era la táctica de la incursión y del ataque por sorpresa. Sin embargo, su impresionante ejército tenía también sus puntos débiles. Los persas no sabían combatir por la noche: por ello la famosa batalla de Singara, en el 344, excepcional porque tuvo lugar durante la noche, fue, a pesar de las numerosas pérdidas, favorable a los ejércitos romanos de Constancio II. Era tradicional en el ejército persa su incapacidad de combatir en línea y su preferencia por la ofensiva corta y rápida. Y cuando se producía el ataque, se hacía en la mitad del día, cuando el fuerte calor podía incapacitar más al enemigo. La lluvia constituía un grave inconveniente para los persas en combate: todavía el Strategikon del bizantino Mauricio recomienda que el mejor momento para atacar a los persas es un día de lluvia: y fue, efectivamente, una lluvia torrencial la que salvó a Nisibis, enclave romano en Mesopotamia, de ser capturada por los sasánidas en 350. Los ejércitos de Shapur II se vieron obligados a la guerra de sitios de ciudades en la frontera occidental contra Roma, impuesta sabiamente por los romanos. En estos casos desplegaban todos sus efectivos. Pero no fueron expertos en el arte de la poliorcética. Por ello los asedios duraban meses. No obstante, con la ayuda de los tránsfugas romanos, los sasánidas aprendieron progresivamente a utilizar los métodos y técnicas del asedio. Así, algunas fortalezas romanas fronterizas no pudieron ser nunca conquistadas. Otras, en cambio, sucumbieron (Amida, Singara, Bezabde). Este gran estadista y guerrero, además de tener a raya a los romanos y de sus empresas hostiles (la expedición del emperador Juliano tuvo lugar en el 363 y terminó en directo enfrentamiento con Shapur), consiguió sofocar igualmente, como sus predecesores, las invasiones de kushanitas y otros pueblos del norte, a quienes trató como confederados aliados para utilizarlos luego en sus campañas contra los romanos. Y el resultado de sus victorias tuvo como consecuencia que Armenia fuera sometida al domimo sasánida y gobernada por un marzban o comandante en jefe de las tropas fronterizas.
 
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