Sarcófago
"el que consume la carne". El término original, según Plinio, designa una piedra calcárea proveniente de la Tróade que tenía la propiedad de engullir rápidamente el cuerpo. En su acepción actual, sarcófago se extiende a todas las produciones realizadas para albergar un difunto y custodiar sus restos. La expresión alcanzó el máximo apogeo en época romana, designando un féretro largo; hoy en día, se utiliza como un término arqueológico. Los sarcófagos pueden ser de madera, de terracota, de piedra, de mármol y de metal. La diferencia fundamental entre un sarcófago y una urna es que aquel conserva los restos inhumados del cadáver, mientras que la urna tiene por objeto conservar las cenizas y los restos óseos propios de la incineración de los difuntos. Estas inhumaciones pueden ser también secundarias, cuando en el sarcófago se depositan, no el cuerpo entero después de la muerte, sino los restos óseos del difunto transcurrido un cierto tiempo; en estos casos, los sarcófagos son de dimensiones más pequeñas y el término más apropiado sería el de arca, aunque prácticamente esta distinción no se contempla rigurosamente en la terminología arqueológica.
)o()o( Egipto )o(
En el Egipto predinástico, la única protección de los cadáveres dentro de la fosa consistía en un envoltorio de tela o de piel. Con el inicio de la época histórica, aparecieron las primeras formas de sarcófagos de madera, como simples cajas, en las que cupiera el cuerpo en posición retraída, propia de los tiempos más antiguos de la civilización egipcia. Sin embargo, pronto fueron elaborados dos tipos de sarcófagos en Egipto, uno que imitaba formas arquitectónicas y otro antropoide. Ambos tipos ejercieron una fuerte influencia en las culturas mediterráneas. En la base hay que buscar la creencia de los epipcios en la vida de ultratumba, para la cual era necesaria la preservación del cadáver. El tipo de caja es el más antiguo. Los ejemplos más bellos datan de las Dinastías III a la V, e imitan las construcciones funerarias del Bajo Egipto, reproduciendo falsas puertas. Es utilizado tanto para sarcófagos internos como externos, y su profusión puede seguirse a través de ejemplos del Imperio Medio y Nuevo, hasta época tardía. Con el tiempo, la madera se convierte en el material más usado, con decoración pintada de dioses; además presentan inscripciones con el nombre del difunto y pregarias. Sobre una de las falsas puertas del costado largo se suelen representar dos ojos que corresponden a los del difunto, dispuesto en el sarcófago sobre su lado izquierdo. Las paredes internas estaban pintadas con textos fúnebres y representando objetos que pertenecieron al fallecido. El tipo antropoide o de forma de momia se desarrolló a partir de los vendajes con que se envolvía el cadáver momificado para introducirlo en el sarcófago. Los primeros ejemplos están representados por máscaras doradas, de lino, o de lino pintado o incluso de escayola, que se colocaban sobre el rostro de los difuntos. Estas máscaras evolucionaron en la VI dinastía hasta reproducir parte del busto. En el Imperio Medio este tipo de sarcófagos se realizaba en madera; a partir del Imperio Nuevo, se utilizaba la piedra y se empleaba como sarcófago externo, modelando el cuerpo entero del difunto. Encontramos piezas más sencillas y otras mucho más elaboradas: algunas lo representan con un gran realismo, y, en otros casos, sólo se apuntan la cabeza, los brazos o las piernas. Un ejemplo son las tres cajas contenidas en el sarcófago de granito de Tutankhamon, colocadas unas dentro de las otras, el cual, a su vez, estaba encerrado en tres arcas de madera; de ellas, las dos más externas eran de madera, y la interna que encerraba la momia era de oro. Por lo menos los pies son esbozados de forma simple. En el interior, las cajas de madera estaban ricamente pintadas con figuraciones y jeroglíficos. Los sarcófagos más sencillos de granito de época tardía mantienen sólo la forma redondeada de la cabeza, renunciando a veces a representar los pies e incluso el rostro.
)o()o( Mesopotamia )o(
En Mesopotamia las primeras sepulturas dentro de sarcófagos corresponden a la Dinastía I sumeria, hacia mediados del III milenio, y se realizan generalmente de madera, con una gran sencillez. También se conocen sarcófagos de terracota que suelen presentar formas ovales. La utilización de la terracota perdura hasta época sasánida; aunque se escogen diferentes formas, sobre todo en Babilonia y en Assur. Fueron hallados sarcófagos de una gran monumentalidad en el palacio antiguo de Assur, entre los que cabe destacar el del rey Assurnasirpal II (siglo IX a.C.) y el de Shamshi-Adad V (siglo IX a.C.).
)o()o( Creta y el Egeo )o(
En Creta, el sarcófago se utiliza a partir del período minoico antiguo. Al principio constituye un tipo bañera con los lados cortos redondeados y cubierta plana (larnax), que no son muy largos ya que el difunto se deponía con las piernas dobladas. Este tipo de larnakès se perpetúa hasta el perídodo minoico medio III, de cuyo momento han de fecharse las necrópolis cerca de Knossos y Messara, aunque estos sarcófagos presentan mayor altura que los precedentes y algunos de ellos son de madera. Entre el minoico medio III hasta el minoico tardío II apenas han sido hallados sarcófagos en Creta, e excepción de la impresionante pieza de Haghia Triada, realizada en piedra. En este sarcófago son fácilmente reconocibles las influencias egipcias, por su cobertura arquitectónica; su decoración se asemeja al tipo de pintura de la cerámica contemporánea. La presencia de un sarcófago de madera en Dendra (Argólida) ha llevado a reconsiderar la hipótesis de la posibilidad de que se realizara el rito de la inhumación dentro de sarcófagos en los círculos funerarios micénicos. Los especialistas aún no se han puesto de acuerdo, pero sí conviene subrayar la influencia egipcia en el uso de las máscaras de oro que reproducen los bustos del difunto.
)o()o( Grecia )o(
La civilización griega utiliza el ritual de la incineración, y, por este motivo, nos han llegado pocos ejemplares y aun en forma de arqueta. En el período arcaico han sido halladas algunas tumbas en la isla de Egina, con sarcófagos simples datados en el siglo VII a.C.. También se encuentran pequeñas arcas en terracota, utilizadas como urnas, en el período protogeométrico y que después se usan también como sarcófagos. Algunos de estos ejemplares provienen de Clazomene y están datados en el período arcaico tardío; presentan forma trapezoidal y están ricamente pintados, representando figuras en blanco o en negro: los mismos motivos ornamentales que presenta la cerámica de Grecia oriental. Los sarcófagos con relieves de la época clásica provienen de Fenicia, de Chipre y de Licia, como obras de arte griego para dinastías de reyes bárbaros. El estilo de las figuraciones y de la ornamentación es del tipo griego oriental, datable entre el 430 y el 420 a.C.. Cabe destacar, por su excepcionalidad el llamado Sarcófago de Alejandro (Museo Arqueológico de Estambul), cuyos relieves representan una batalla contra los persas, donde aparece Alejandro con las insignias de Heracles; se le considera perteneciente a Abdolominos y fue encargado en el 332 a.C. por Alejandro, sátrapa de Fenicia.
)o()o( Etruria )o(
A fines del siglo VI o inicios del V a.C., empieza una producción de sarcófagos en Etruria, en Chiusi y Perugia, que toman como modelos un tipo de arquetas utilizadas como urnas. El retorno al uso de la inhumación se fecha hacia el siglo IV a.C.; hay que destacar las necrópolis de Vulci, Tarquinia, Tuscania y Chiusi. La característica principal de los sarcófagos etruscos es la representación del difunto yacente sobre la cobertura del sarcófago, representado como si estuviera recostado en una kliné, como si participara del banquete funerario. La parte esculpida estaba también pintada. Este tipo de representaciones tendrá una influencia extraordinaria para el desarrollo de la retratística romana.
)o()o( Roma )o(
En Roma, a principios del Imperio, la forma predominante de sepultura era la incineración. El uso de la inhumación en Roma empieza a generalizarse a partir del siglo II. Son poquísimos los sarcófagos con relieves, datados en el siglo I, pero se detecta una profusión a partir de la centuria siguiente. Suelen ser casi siempre de mármol y cubiertos con pintura, aunque no siempre se conserva. El mayor número de hallazgos corresponde a Roma y a Italia, y le siguen las provincias de Grecia, Asia Menor, Siria, las Galias, Hispania y Africa. Los sarcófagos romanos constituyen una fuente inagotable de documentación gráfica para el estudio de la vida pública y privada, la economía, la religión, el simbolismo funerario, la literatura y el arte. A partir de los relieves puede seguirse con gran exactitud la evolución de la plástica desde las formas imperiales hasta la antigüedad Tardía. Muchas veces la datación de estos modelos plásticos se ha sistematizado a partir de la comparación de los bustos representados en las monedas, de las cuales se conoce la fecha de emisión. Los relieves de tipo narrativo se consideran característicos de los talleres de Roma y de Italia. Se suelen decorar por tres de sus costados, porque se colocaban contra la pared de la sala mortuoria. En cambio, los sarcófagos de talleres griegos u orientales se esculpen por los cuatro lados, ya que su disposición correspondía al centro de un heroon. La plástica de los sarcófagos esculturados reúne, sin embargo, las aportaciones orientales y las latinas: romana se considera la disposición centralizada y la aparición de nichos arquitectónicos; oriental son los modelos figurativos y el sentido del espacio.
)o()o( Sarcófagos cristianos )o(
Como en la pintura de las catacumbas, los relieves de los sarcófagos de tema cristiano se insieren en la misma plástica de los modelos contemporáneos de tema pagano. La disposición de los temas y la decoración es muy semejante en los sarcófagos cristianos y en los paganos, porque se trata, en ocasiones, de los mismos talleres. Un ejemplo de ello es el esquema tripartito, consistente en un relieve central y dos en los extremos, separados por estrígilos o acanaladuras onduladas, muy utilizado por los escultores de sarcófagos cristianos.En ocasiones fue conservada parte de la imaginería pagana, como la representación de las Estaciones o de los Vientos en los extremos del sarcófago, las escenas bucólicas o de cacerías -tema muy representado en la iconografía funeraria romana-, cristianizándose y otorgándosele un simbolismo alusivo a la eternidad a la que había llegado el difunto. La imago clipeata, que contenía el retrato del fallecido, fue un préstamo tomado también de la plástica funeraria contemporánea. Los sarcófagos cristianos presentan problemas de datación, puesto que, al tratarse de piezas ejemplares, realizadas generalmente de mármol, fueron reiteradamente reutilizados. Al igual que en el estudio de la escultura romana, la comparación con las series monetales ha sido determinante en la evolución diacrónica de estos relieves. Este método de datación, sin embargo, es aplicable únicamente a los talleres oficiales de Roma, porque la plástica de las provincias sigue unas pautas a menudo muy distantes de los cánones del arte oficial. Durante todo el siglo IV Roma es el centro productor por excelencia de los sarcófagos cristianos. Su producción llegó a ser tan ingente que no sólo cubria las necesidades de la Urbe y de la propia Italia, sino que se conocen también numerosas exportaciones de estos sarcófagos a otras provincias del Imperio, entre las que cabe destacar Hispania como uno de los principales centros receptores. La evolución plástica de estos talleres romanos ha sido sitematizada por F. Gerke a partir de la representación de Cristo. El lenguaje iconográfico de estos sarcófagos sigue las pautas del empleado en las catacumbas: escenas vetero y neotestamentarias alusivas a los sacramentos, que, a través de las catequesis, conservadas en numerosos escritos de los Padres de la Iglesia, constituían un mensaje de vida y resurrección para los creyentes. A inicios del siglo V, Roma deja de fabricar sarcófagos, rompiéndose el círculo de consumo que había cubierto con sus exportaciones. La aparición de talleres en las provincias la relacionan los especialistas con el hundimiento de los talleres romanos. En el mediodía de las Galias surgen talleres en Provenza y Aquitania, cuyo inicio de la producción se fecha en el siglo V y perdura hasta finales del siglo VI, aunque se desconoce el volumen de su producción; de ellos cabe resaltar las colecciones del Museo Lapidario de Arlés y otros existentes en Marsella y Toulouse. Otros talleres empiezan también su producción en el siglo V en Tarragona y Cartago, que presentan una gran similitud, hasta el punto que se ha llegado a pensar que se tratara de un único taller; se caracterizan porque los relieves están interrumpidos por campos de estrígilos, como el sarcófago de los Apóstoles de Tarragona. )o(
Ver, Sarcófago egipcio, Sepultura, Tipos de tumbas.

