Virginidad de María

Desde las primeras formulaciones de la fe, la Iglesia ha confesado que Jesús fue concebido en el seno de la Virgen María únicamente por el poder del Espíritu Santo, afirmando también el aspecto corporal de este suceso: Jesús fue concebido sin elemento humano. Los Padres de la Iglesia ven en la concepción virginal como una obra divina que sobrepasa toda comprensión y toda posibilidad humanas. La Iglesia ve en ello el cumplimiento de la promesa divina hecha por el profeta Isaías: "He aquí que la virgen concebirá y dará a un Hijo". La profundización de la fe en la maternidad virginal ha llevado a la Iglesia a confesar la virginidad real y perpetua de María incluso en el parto del Hijo de Dios hecho hombre. La liturgia de la Iglesia celebra a María como la "Aiparthenos", la "siempre-virgen".
 
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