Asileo

Dios que presidía el refugio que Rómulo abrió en Roma. Su templo estaba abierto a todo delincuente. No se restituía el esclavo a su amo, ni el deudor a su acreedor, ni el asesino a su juez, sosteniendo que Apolo mismo había autorizado aquel lugar de asilo con un oráculo formal. Ver, Asilia.
 
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