Campana

Las campanas fueron conocidas de los persas, de los griegos, de los romanos y de los chinos. Se atribuye su origen a los egipcios, o se pretende al menos que las fiestas de Osiris fueron siempre celebradas al son de muchas campanas. En Atenas los sacerdotes de Prosérpina y de Cibeles se servían de ellas durante sus sacrificios, y estaban en uso en sus misterios El comentador de Teócrito refiere que se tocaban ciertas campanillas en los misterios de los dioses Cabiros, porque se creía que tenían la virtud de purificar. Las campanas estaban especialmente en uso en las bacanales, y se ven esculpidas en algunos sarcófagos de los iniciados en los misterios de Baco entre los varios atributos de este dios. El asno de Sileno lleva una campanilla al cuello y la misma es un símbolo característico de Príapo. El cristianismo incorporó el sonido de las campanillas y campanas a su liturgia, pero estas últimas sólo ocuparon su lugar en los campanarios cuando en su origen estos ya habían sido utilizados como torres de defensa de las iglesias, en los primeros tiempos medievales. Los moros, lo mismo que los musulmanes, no tienen campanas en sus minaretes, alminares o torres, a diferencia de los chinos que hacen mucho uso de ellas; porque según la creencia de aquellos el sonido de estos instrumentos espantaría las almas de los bienaventurados en el paraíso, donde les contemplan en el acto de chupar el nectar de las flores como las abejas. Convocan a los fieles a la oración por medio de la voz de los muecines, que llaman al pueblo desde lo alto de los minaretes. En España se encuentra uno de los más famosos minaretes o alminares de la historia del mundo islámico: la Giralda de Sevilla, único resto de la importante mezquita que en dicha ciudad andaluza construyeron el pueblo de los almohades (ss. XII y XIII).
 
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