Daniel

(san) (ca.610-530 a.C.). Profeta de Israel, perteneciente a una noble familia de la nobleza de Judá, de la raza de David. Muy joven fue deportado a Babilonia con ocasión de una primera campaña de Nabucodonosor II en el 604 contra Jerusalén. Dadas sus cualidades personales, fue introducido en palacio, viviendo en la Corte durante los reinados de Nabucodonosor II, Baltasar, Darío el Medo y parte del de Ciro II. Reacio a las costumbres babilónicas, permaneció fiel a su ley y religión judaicas, a pesar de haber aprendido el idioma y la escritura babilónicas, junto a otros nobles israelitas (Ananías, Misael y Azarías, entre ellos). Daniel no dudó en señalar la soberbia e idolatría de los monarcas babilónicos, a quienes interpretó diferentes sueños y apariciones. A Nabucodonosor II le interpretó el sueño de la estatua de los cuatro metales diferentes y el del árbol talado; a Baltasar le descifró las mágicas palabras enigmáticas que aparecieron escritas por una mano en la pared (Mane, Thecel, Fares) durante un banquete sacrílego. Bajo los persas, dueños de Babilonia, contó con la confianza de sus soberanos. Primeramente bajo un enigmático Darío, llamado el Medo (cuya identificación presenta serias dificultades), la envidia hizo que fuera arrojado al foso de los leones de donde salió indemne. Luego, bajo Ciro II, de quien había obtenido un puesto relevante, de nuevo fue lanzado a los leones, que tampoco le atacaron. Daniel murió en el destierro y su cuerpo fue llevado a Susa. Su figura ha dado nombre al llamado Libro de Daniel que tuvo su redacción definitiva en época de Antíoco IV Epífanes (163 a.C.). Tal relato se centra en un amplio marco histórico, en diferentes narraciones proféticas y visiones sobre el futuro del pueblo israelita. Sus profecías forman catorce capítulos, anuncian la venida del Mesías después de setenta semanas de años y las revoluciones de los cuatro grandes imperios. Los orientales le atribuyen la geomancia y un libro titulado: Los principios de la Oneirocrítica, o la explicación de los sueños.La historia del profeta inspiró a los artistas desde los primeros tiempos del cristianismo (catacumbas) tanto en pintura como en mosaico y escultura (sarcófago).
 
Volver