Nave sagrada
Los egipcios, los griegos y los romanos daban este nombre a las naves dedicadas a los dioses. Tales eran ente los egipcios: 1º) la nave que dedicaban todos los años a Isis; 2º) aquella en la cual alimentaban por espacio de cuarenta días el buey Apis, antes de llevarlo al valle del Nilo, en Menfis, en el templo de Vulcano; 3º) la navecilla llamada vulgarmente la barca de Caronte, que se empleaba en pasar los muertos por el lago Aqueronte. De esta costumbre de los egipcios tomó Orfeo la idea del paso de las almas a los infiernos en la de Aqueronte. Los griegos llamaban a sus naves sagradas, Teógides, o Ieragogol. Pero entre las embarcaciones sagradas que se veían en las diferentes ciudades de Grecia, los autores hablan especialmente de dos galeras de Atenas, destinadas en particular a ceremonias religiosas, o a llevar las noticias en las necesidades del Estado. La una se llamaba la Parale y la otra la Galera paraliena. Llevaba su nombre, del héroe Paralo, de que habla Eurípides, quien juntamente con Teseo se distinguió contra los tebanos. Los que iban en esta nave se llamaban paralios y eran mejor pagados que todas las demás tropas de la marina. Cuando Lisandro hubo batido en el Helesponto a la flota ateniense, se despachó la galera paraliena, con orden de llevar al pueblo esta triste noticia. La otra nave, llamada la Salaminia, o la galera Salaminia, tomó, según unos, su nombre de la batalla de Salamina, y según otros de Nausiteo, su primer piloto, natural de Salamina. Esta célebre galera, en la cual se embarcó Teseo para pasar a la isla de Creta, de donde regresó triunfante, era de treinta remos, y se llamó después Delíaca, porque se dedicó para ir todos los años a llevar a Delos las ofrendas de los atenienses, y lo adquirió del voto que Teseo había hecho a Apolo Delio para el buen éxito de su expedición de Creta. Pausanias asegura que esta nave era la más grande que hubiese visto. Cuando los atenienses llamaron de Sicilia a Alcibíades para que se justificase de las impiedades de que se le acusaba, enviaron para su transporte la galera Salamina. Ambas galeras sagradas servían para llevar a los generales depuestos, y en este sentido Pitolao llamaba a la galera paraliada, la Clava del pueblo. Los atenienses conservaron por más de mil años la galera salamina, esto es desde Teseo hasta el reinado de Ptolomeo Filadelfo. Tenían gran cuidado en reponer las tablas viejas sustituyéndolas por otras nuevas, de donde viene la disputa de los filósofos de aquel tiempo, que refiere Plutarco, a saber si esta nave, de la cual no quedaba ya ninguna de las primeras piezas, era la misma de que Teseo se había servido; cuestión que duraba aún en el siglo XIX con respeto al Bucentauro, especie de galera sagrada de los venecianos. Además de estas dos naves sagradas, tenían los atenienses muchas otras, a saber: Antígona, el Demetrio, el Ammón y la Minerva. Esta última nave era de diferente especie, pues estaba destinada no a ir por el agua sino por tierra. Se conservaba muy religiosamente cerca del Areópago, como dice Pausanias, y no aparecía sino en la fiesta de los panateneas. Ver, Embarcaciones.

