Naves de Eneas
Cuando Eneas, preparándose para atravesar los mares, hacía construir sus naves en el monte Ida, consagrado a Cibeles, esta diosa obtuvo de Júpiter el que éstas naves, fuesen transformadas en diosas inmortales del mar, apenas hubiesen tocado las playas de Italia. Viendo Turno la armada de Eneas anclada en el canal del Tiber, se propuso quemarla. Arden ya las teas y las antorchas inflamadas; elévase hasta los astros un humo espeso, cuando se deja oir una voz espantosa: "troyanos, dice, no os arméis para defender mis naves: Turno abrasará antes los mares que esta flota sagrada. Galeras nadad y transformaros en diosas del mar; os lo manda la madre de los dioses". Al instante cada nave rompe sus cables y sumergiéndose en el mar como delfines, vuelven a aparecer al momento y ofrecen a los ojos otras tantas ninfas. Estas nuevas diosas, recordando los peligros a que el mar las había expuesto tantas veces, alargan una mano propicia a las naves que se ven amenazadas de un naufragio, mientras que no sean naves griegas.

