Petra

La "ciudad rosa", la "rosa del desierto" o "imperio de las rocas". Ciudad de Oriente Próximo, situada en el oeste de la actual Jordania, a 80 km al sur del mar Muerto y en las orillas del Wadi Musa. Diodoro de Sicilia describió Petra ("piedra" en latín) en el siglo I a.C.. El asentamiento de este pueblo (nabateos), aún seminómada, estaba enclavado en el macizo montañoso de Umm el-Biyara: "es una ciudadela formidable que sólo tiene un camino de acceso, por el que sólo un hombre sin sus armas puede pasar. Es allí donde los nabateos guardan sus riquezas". Se accede a ella a través de un estrecho desfiladero a cuyos lados se levantan imponentes riscos de piedra caliza. Capital de los nabateos entre los siglos VI y II a.C., y se la ha identificado con la ciudad bíblica de Sela, mencionada en el Antiguo Testamento. El esplendor de la ciudad se produjo entre los ss. II a.C. y I d.C., como capital del reino independiente de los nabateos. Alcanzó gran prosperidad al ser paso obligado de las caravanas que se dirigían hacia Fenicia, Siria y Palestina procedentes del sur de Arabia. Las principales rutas que pasaban por aquel lugar eran: 1) Saliendo de Egipto y corriendo en dirección norte, paralelo a la costa, se llegaba a Gaza, un importante puerto que daba salida al comercio a través del Mediterráneo. Desde Gaza se podía seguir por la costa (Vía Maris) o bien internarse el el desierto del Negev, atravesar el Uadi Araba y llegar a Petra. Una vez allí se podía tomar el camino del norte en dirección a Damasco (Vía Regis) y continuar a Palmira y Dura Europos hasta alcanzar el Éufrates. El río marcaba ya el resto del camino de la ruta, bien por tierra o por vía fluvial, 2) En la costa egipcia del Mar Rojo había dos puertos que conectaban con ciudades situadas al sur del país: Berenice, tradicional puerto para Asuán, y Myos Hormos, puerto de Coptos. Desde cualquiera de los dos, los barcos se dirigían hasta Ezion Geber (la actual Aqaba o muy cerca), en el extremo sur de Uadi Araba. Corriendo paralelo a la cadena montañosa se llegaba, ya por tierra, hasta Petra y se enlazaba con el resto de rutas, 3) Desde la Península Arábiga llegaban también numerosas rutas cuyos lugares de procedencia eran diferentes puertos en el Golfo Pérsico y el Océano Índico. Todas, sin embargo, tenían un destino final: Petra, donde la Península Arábiga encontraba su puerta al exterior. Además, a través de una de estas rutas, la procedente del puerto de Charax, la actual Kuwait, tenía conexión con China y, posiblemente, la India. Pero, además de ser el único paso relativamente fácil, Petra ofrecía otras dos ventajas fundamentales. Por sus características físicas, era un lugar seguro donde las caravanas podían refugiarse a salvo de bandidos. Por otra parte, no menos importante, contaba con medios para proporcionar agua a una gran cantidad de personas, gracias a un manantial en el que se podían abastecer los viajeros en sus desplazamientos por el desierto. La tradición bíblica sitúa en el Uadi Musa el episodio en el que Moisés hace brotar agua de una piedra para dar de beber a los israelitas durante su camino a la Tierra Prometida. La aparición de la palabra Musa ("Moisés") en muchos topónimos de la región responde a este recuerdo. Fue conquistada por Roma en el 107 a.C.. Más tarde, bajo el yugo romano, el emperador Adriano la visitó en 130 y le concedió el título de Adriana Petra Metropolis. Se convirtió en capital de la provincia romana de Arabia y más tarde pasó a ser uno de los principales centros de la cristiandad. Cayó en poder de los musulmanes en el siglo VII y fue reconquistada por los cruzados en el XII. La ciudad entró en lento declive durante la dominios bizantino y musulmán. Las últimas noticias históricas de la ciudad datan del siglo XIII, cuando fue visitada por el sultán mameluco Baibars. Tras ello se pierde su recuerdo, sólo mantenido entre las tribus nómadas de la zona. El redescubrimiento occidental de esta ciudad escondida y enigmática se produjo en 1.812, cuando J.L. Burkhardt, con la ayuda de una tribu de Wadi Musa, visita unas ruinas y las reconoce como las de la antigua ciudad de Petra. Las primeras excavaciones arqueológicas y la consiguiente recuperación de los monumentos de esta mítica civilización comenzaron el año 1.929, siendo a partir de entonces objeto de numerosos estudios. Entre sus restos destacan un templo, un teatro y varios altares romanos, así como algunas tumbas rupestres. El principal monumento de la ciudad es el Jazna, un templo funerario con fachada compuesta por dos órdenes de columnas que, al igual que otras construcciones de la ciudad, está tallada en roca estratificada de tono rosa, lo que confiere al conjunto una singular belleza. El teatro de Petra data del reino de Aretas IV (4 a.C.-27 d.C.), el momento de mayor apogeo de la civilización nabatea, y se mantiene en uso hasta el terremoto del 363, en que comienza su ocaso. El edificio es abandonado definitivamente tras el nuevo temblor del 747, ya en época omeya. La cávea del gran teatro, como una gran mayoría de los templos y tumbas de esta metrópolis, está tallada en la ladera meridional del Monte del Sacrificio (Yabalal-Madbah), sobre la necrópolis más antigua de la ciudad. Bajo las gradas desaparecieron numerosas tumbas, aunque aún pueden verse, sobre la galería superior, algunos nichos tallados en la roca. Comprende tres niveles, separados horizontalmente por dos galerías de circulación, praecinctio, y divididas en seis conos, cunei, por cinco escaleras. Tenía una capacidad de entre 3.000 y 4.000 espectadores. De la estructura de la escena no quedan hoy más que los cimientos y cuatro columnas que flanquean una pequeña exedra abierta en el frente de ésta. A ambos lados se abren dos corredores abovedados, probablemente vomitoria. En el suelo de la orquesta, de forma semicircular y tallado en piedra arenisca, aparecieron una serie de argollas utilizadas para fijar los andamios que permitieron levantar las columnas del escenario. Asimismo, se dispuso un ingenioso sistema de drenaje de las aguas de lluvia que bajaban de las laderas, mediante tres canalizaciones que dirigían el agua hacia una enorme cisterna y hacia el valle del río. Por último, sobre el uso del teatro y la razón por la que se fundó sobre las tumbas, se han planteado varias hipótesis. Puesto que fue un rey nabateo quién lo construyó (y no fue una profanación de los romanos, como se había supuesto), se piensa que el teatro pudo ser también escenario de ceremonias religiosas, concretamente funerarias. Pero la religión, la cultura y la sociedad nabatea son poco conocidas, lo que hace difícil la comprobación. En todo caso, la construcción de un teatro (en Petra hay otro menor, incluido en el recinto propiamente urbano) era siempre una manifestación del poder político y cultural, una equiparación con las capitales del Imperio. Las ruinas de Petra, en el actual desierto jordano, muestran aún su asombrosa arquitectura monumental, sus canales de irrigación y su bella cerámica. Ver, Nabateos, Uadi Arabah, Reyes nabateos, Deir, Siq.
 
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