Pirro I
(ca.315-272 a.C.). Rey de Epiro, hijo de Eácidas y de Pthia, y primo de Alejandro Magno. Fue el más famoso rey de los molosos del Epiro. Su padre, fiel colaborador de Alejandro Magno, se vio envuelto a la muerte de éste en las luchas entre sus sucesores, en las que pereció (312), perdiendo su reino. Conflictos dinásticos le obligaron a abandonar el país a la caída de su padre, refugiándose junto al rey ilirio Glaucias, quien le adoptó y le repuso en el trono tras expulsar a Neoptolemo II (306). Para reforzar su posición, Pirro se acercó a Demetrio Poliorcetes, quien casó con su hermana Deidamia, Sin embargo, en el año 302, Pirro fue a su vez destronado y repuesto Neoptolemo, quedando el Epiro bajo la influencia de Casandro. Pirro se unió entonces a los Antigónidas, junto a los cuales combatió en Ipsos (301). Enviado a Egipto como rehén (299) y hasta cierto punto abandonado por Demetrio, Pirro se aproximó a los Lágidas y se casó con Antígona, hija de Ptolomeo I. Cuando Demetrio ocupó Macedonia, Ptolomeo I trató de impedir su afán expansionista y ayudó a Pirro (297) a recuperar su reino, con ayuda de Agatocles de Siracusa. Gobernó conjuntamente con su pariente Neoptólemo, a quien pronto eliminó (295). Desde el inicio de su reinado intentó por todos los medios ampliar sus posesiones y hacer del Epiro una de las grandes potencias: conquistó el sur de Iliria, probablemente hasta Epidamno; intervino en los conflictos dinásticos de Macedonia y se apropió de Paranea, Tinfea, Ambracia, Anfiloquía y Acarnania. Tras la muerte de Antígona, Pirro se casó con Lanasa, una hija de Agatocles, recibiendo Corcira y Léucade como dote. Finalmente se alió con el jefe dardanio Bardilis, con cuya hija también se casó tras divorciarse de Lanasa. En el 291 estalló la guerra entre Pirro y Demetrio, y en el 287, este último fue forzado a huir. Pirro se declaró a sí mismo rey de Macedonia y ocupó la mitad de esta y Tesalia, pero tres años más tarde, en el 284, Lisímaco, el gobernante de Tracia, libre ya de la amenaza que suponía Demetrio en Asia Menor, lo expulsó de Macedonia y se estableció él como rey. Viendo frustradas sus esperanzas en Grecia, Pirro puso sus miras en Italia, donde acudió a la llamada de Tarento en contra de Roma, lo que entraba en los planes de Pirro, que intentaba conquistar toda la Magna Grecia y el África costera. En el año 281 desembarcó en Italia con una fuerza de veinticinco mil hombres, tres mil a caballo, y veinte elefantes. Gracias a la sorpresa que causaron sus elefantes a los romanos, venció en Heraclea (280) al cónsul Levino. Impuso su mando en Tarento, fraccionada en dos bandos (prorromano y antirromano), dándole el trato de ciudad conquistada y se dispuso a atacar a los romanos. Pirro marchó sobre Roma con un gran ejército de itálicos y griegos del sur de Italia, y tras fracasar en las negociaciones de paz, obtuvo una nueva victoria en Ausculum, Piceno, a orillas del Ofanto (279), sufriendo grandes pérdidas. Tan caro le costó este último triunfo, que contestó ingeniosamente a las felicitaciones de sus generales: "con otra victoria como ésta estoy perdido". Por eso se denomina "victoria pírrica" la obtenida después de haber sufrido excesivas pérdidas. Enfrentados en diversas batallas, ninguno de los contendientes fue vencido por completo por el otro. Entonces recibió la noticia de la muerte de Ptolomeo Cerauno y que el trono de Macedonia estaba vacante, pero prefirió dirigirse a Sicilia en ayuda de algunos tiranos amenazados por los cartagineses. Al poco de su desembarco, en el 278, toda la Sicilia griega estaba ya en sus manos y en el 277 los cartagineses se encontraban prácticamente relegados a Lilibeo. Estos le ofrecieron la paz, pero Pirro la rechazó. Su control de Tarento y Siracusa provocó la alianza de Roma y Cartago (278). En Siracusa, las prácticas de gobierno de Pirro, propias del Egipto ptolemaico, pusieron en su contra a los ciudadanos, no sólo de esta ciudad sino de toda la isla, que Pirro había dominado rápidamente, hasta el punto de volver los sicilianos a ponerse de acuerdo con los púnicos. Urgido por la situación de Italia, salió de Sicilia (275), que le abandonó totalmente. De nuevo, el rey epirota enfrentó su potente máquina militar contra Roma. En el país samnita, cerca de Malventum, nombre que los romanos cambiaron por el de Beneventum, el ejército romano y su cónsul Dentado, Manio Curio resistió con éxito, y Pirro comprendió las dificultades que le esperaban si continuaba la guerra. Pirro se retiró finalmente al Epiro, aunque dejó en Tarento una guarnición, que capituló ante los romanos en el 272. Sin recursos y sin tener respuesta a su petición de ayuda hecha a Macedonia y a Grecia, tuvo que volver a su tierra de origen, con tan solo un tercio de las fuerzas que había llevado, donde recuperó rápidamente las posesiones que le habían usurpado. Atacó Macedonia con éxito en el 273, expulsando a Antígono II Gonatas, quien tuvo que abandonar Tesalia y una parte de Macedonia (274). Retomó su reinado, pero se volvió impopular cuando saqueó las tumbas reales en Egas. Otra vez más Pirro cambió de dirección y atraído por las querellas dinásticas espartanas entre Areo I y Cleónimo, pensó en la posibilidad de extender su influencia por el Peloponeso. Pirro invadió el Peloponeso y atacó infructuosamente Esparta, dando lugar a que mientras tanto Antígono recuperase sus posesiones y retomase la ofensiva. Murió en unos disturbios en Argos a consecuencia de una teja arrojada por una mujer (272). A pesar de sus aventuras en el extranjero, Pirro hizo mucho por el Epiro, completando su helenización y construyendo, entre otros edificios, un gran teatro en Dodona. Además de la mencionada Antígona, casó con Lanasa, de la que nació Alejandro II de Epiro y las princesas Bircena y Bardilis de Iliria, además de haber tenido relaciones con otras mujeres. Le sucedió su hijo Alejandro II.

